Bob Dylan – The Bootleg Series, Vol. 1 – Another Self Portrait (1969-1971) (Columbia)

Es obvio que los mejores tiempos ya pasaron. Aunque los hubo peores: el agujero negro de los 80 y parte de los 90, en cuanto al calendario Dylanita se refiere, supera en infamia a la corrección en las formas y el contenido que demuestra el genio de Duluth en la actualidad. Hace tiempo que Totó murió siendo muy consciente de que ya no estaba en Kansas. La décima entrega de los famosos bootlegs de Bob Dylan llega 40 años después de su origen para corregir el que fue prácticamente el primer y único borrón en sus dos primeras décadas de existencia musical grabada.

El aséptico Another Self Portrait no apuntaba a gran cosa, y quizá por eso desde Columbia lo han armado y rearmado como un doble CD capaz de transformarse en un box set de lujo con cuatro unidades. Hasta han remasterizado el original Self Portrait de 1971; pura ingeniería de retoque de portadas aplicada en este cas sin mucho éxito en el sector discográfico. Los milagros no existen. Self Portrait parecía una broma a principios de los 70 del siglo pasado, y lo sigue pareciendo ahora. Una parodia autoinfligida por el propio Dylan, el enésimo intento de desprenderse de sus incondicionales más salvajes y demostrar que a Robert Zimmerman nadie le marca la agenda. La jugada se disfrazaba de incontinencia (más de una veintena de canciones) y estaba orquestada por el Dylan impostado de Nashville Skyline, cuya voz llegó a justificar hilarantemente en el abandono del hábito que compartía con el fumador de Expediente X. Si alguien se creyó todo esto habría que apuntarle al mismo viaje al sol que deberían disfrutar los que creyeron en el programa de Rajoy.

Dylan volvió a recuperarse, como resulta que lo ha hecho siempre de todo; de las crisis de personalidad, de los accidentes de moto, de las hombreras de los 80. Del propio Dylan. Remontó rápidamente, tirando de reflejos, hasta quedarse justamente con un pedazo de los 70 del punk, el glam y todo lo ajeno a él. Ahora, Another Self Portrait intenta apañar aquel desastre a la vez que confirma que aquello era impropio de ese Dylan imperial y dominador que emergía en una nueva década con los galones que se había ganado en los 60. Más de una treintena de canciones surgidas de las sesiones de grabación de Self Portrait y también de un pedazo de New Morning, la respuesta concienzuda de Dylan a las críticas del primero; 35 temas que se habían quedado acumulando polvo por otras versiones o simplemente por ser descartadas.

Resulta sorprendente, e incluso hiriente, que muchas de las canciones que se quedaron en paso previo y necesario para las versiones finales no vieran la luz por interpretaciones que 40 años después se han revelado inferiores a todas luces; de entre todas, irritan especialmente los casos de “If not for you”, “If dogs run free” y la preciosa “Time passes slowly #1” (donde se puede escuchar a George Harrison), todos cortes de New Morning; no pasa lo mismo con las de Nashville Skyline (“I threw it all away” y “Country pie”). Sin embargo, incluso las versiones que simplemente se limitan a mostrar las composiciones con mayor o menor acompañamiento sacan los colores a las decisiones que se tomaron en esa época: la interpretación de las populares “In search for Little Sadie” o “Little Sadie” (en la que se escucha a Dylan anunciar al productor, Bob Johnston, “let´s just take this one“), y “Copper Kettle”, librada de adornos, acerca al Dylan primigenio y supera las versión final, mientras que, por el contrario, la orquestación no oficial de “Sign on the window” y “New morning” habría mandado los temas mucho más alto si cabe. Incluso la demo de “Went to see the gypsy” deja en bragas a su versión oficial. Algún ejemplo de todo lo contrario también hay, claro, pero pocos; uno de ellos es “Wigwam” que, con las trompetas de mariachis y el resto de la orquestación del Self Portrait, sale vencedora frente a la espartana interpretación descartada.

En los descartes que no habían visto la luz en el excesivo Self Portrait hay también composiciones que merecían mejor suerte y que, en general, evocan a un Dylan completamente diferente al que aparece en el disco de 1970. La versión de “Pretty Saro”, un clásico popular inglés del siglo XVIII, es cristalina, a través de ella se ve al mejor Dylan post-accidente. “Railroad Bill”, “This evening so soon”, “House Carpenter” o “Working on a guru” representan también extrañas decisiones que sólo se entienden siguiendo el hilo de lo mencionado anteriormente: ese Dylan era un Dylan conocido, y eso no cuadraba con la filosofía de Self Portrait. Pero si hablamos de los temas inéditos, la perla es una primera demo de “When I paint my masterpiece”; con ligeras modificaciones en la letra (cambia la cita en el hotel con “Boticelli´s niece” por una con una “pretty little girl from Greece“), escuchar la primera versión de una canción de ese calado (y que antes de ver la luz en un grandes éxitos publicarían sus escuderos, The Band, en su disco Cahoots), es como escuchar por primera vez una caja de música que no se ha abierto desde que Hitler invadió Polonia.

Dylan estuvo escoltado en esas sesiones de forma sobresaliente por músicos de cabecera como Al Kooper, Kenny Buttrey o David Bromberg, pero Another Self Portrait también recoge una muestra del sonido de los músicos que mejor acompañaron a Dylan en vivo: el segundo CD incluye algunas canciones del concierto que dio en el Isle of Wight Festival de 1969 junto a The Band (interpretaciones en directo de “I´ll be your baby tonight” o “Highway 61 revisited”), y la edición de lujo presenta en su tercer CD el recital íntegro del 31 de agosto en la pequeña isla del sudeste británico. Técnicamente no aporta nada que no se haya publicado ya, pero su valor sentimental es terrible: se trata de una de las pocas apariciones públicas de Dylan (escarceos en el programa de Johnny Cash aparte) tras su accidente de moto en el 66. Tanto los Beatles (de hecho, Harrison escribiría “Behind that locked door” recordando esa cita) como parte de los Stones, entre muchas otras figuras públicas, acudieron a un concierto que supuso la plasmación en directo de la vertiente country-pop de Dylan, que ya por aquella época se dedicaba a versionarse a sí mismo en vivo (no hicieron mucha gracia las interpretaciones de “Maggie´s farm” o “Like a rolling stone”). Es por eso que la inclusión de este directo es algo más testimonial, e incluso totémico, que otra cosa.

En conjunto, la décima entrega de las bootlegs series de Bob Dylan resulta infinitamente más apasionante de lo que servidor había prejuzgado en un primer momento. No sólo se trata de un material muy valioso para el consumidor habitual de esta saga de publicaciones al margen de la coetaneidad dylaniana, sino que, tanto en su edición simple como en su versión de lujo, debería sustituir en trascendencia a Self Portrait. Simplemente por pura preeminencia. Es, sencillamente, un producto mejor.

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