El adiós de Elton John. Disney retransmite su último concierto en el Dodgers Stadium

“I remember when rock was young, me and Suzie had so much fun”, dice la canción. Yo, la verdad sea dicha, Elton, no me acuerdo para nada de esas movidas. Ni había nacido, vamos, pero sí me acuerdo que siendo chico tu música me encantaba. Y caray, pese a tus idas y venidas, tus horteradas, tus exceso, tu mal genio, tus “Sacrifice”, tus reyes leones, tu peluquín, a día de hoy me sigue encantando. Tanto, que ya te considero como de la familia. Tanto, que me atrevo a hablarte, así, con confianza, como si te tuviera delante en la mesa de un restaurante.

Y es que, como te vi decir el otro día, este ha sido un largo viaje. Te las has arreglado para meter tu música de una forma muy poderosa en la vida de la gente. Tienes una canción para cada persona, para cada momento. Pese a que hubo una época, coincidente, precisamente, cuando te conocí de chaval, allá por los ochenta, en que la gente -y no digamos ya “los críticos”- te perdió el respeto, algo que por otro lado te trabajaste a conciencia, también supiste levantar el vuelo como nadie. Hoy tienes fama universal y una reputación casi intachable. Hasta “los críticos” más sesudos cantan las loas al espectacular legado discográfico del que sembraste, sobretodo, tu primera época. Has vencido y convencido. Y ahora, dices que te vas.

 

Te vas, ojo, como te has ido otras veces. Porque de despedidas lacrimógenas vas servido. Cualquiera que haya leído tu autobiografía, Yo (qué título más genial, por cierto, y qué lectura más, más divertida…), publicada por aquí por Reservoir Books justo antes de la pandemia, sabe que te gusta más un escenario que a nadie. No sé, por tanto, si esto será verdad, pero el caso es que se anuncia que este Farewell Yellow Brick Road que se extenderá por el mundo hasta mayo de 2023, será tu última gira. Y el concierto del que voy a hablar ahora, el último en EEUU y Canadá.

El mastodonte Disney anunciaba no hace mucho la histórica retransmisión a través de su plataforma en vivo y en directo del último concierto que darás jamás en el Dodgers Stadium de Los Angeles. Ese recinto que vio tu momento más triunfal. Aquél concierto icónico que ofreciste allí en tu momento álgido. Era 1975 y la grandilocuencia que te proporcionaban la fama y las montañas de merca que te metías por la nariz no tenía límites. Actuaste a lo grande, actuaste bien, lo petaste a lo bestia y por eso has querido ahora, 47 años después, repetir lo que hiciste a los 28 años, nada menos que con 75. Un poco alto el listón ¿no?

Dicho y hecho: el 20 de noviembre, día tristemente señalado aquí en las Españas, tuvo lugar la retransmisión en streaming de un concierto que se preveía lleno de momentos especiales y por supuesto, de canciones inmensas. Como dice Dua Lipa al principio del programa “It ‘s gonna be emotional”. Empezando por esa larga introducción con mensajes de amigos. Desfilan Quincy, los Beckham, Katy Perry, Sting, Dolly Parton, Coldplay o las previstas como apariciones estelares del concierto: Kiki Dee, Dua Lipa y Brandi Carlile. También desfilan los fans, por supuesto, expresando cuánto significas para ellos.

También apareces tú dando la probable clave de todo esto. Ya no eres la misma persona que eras en 1975. Entonces, dices, eras tremendamente famoso pero también tremendamente infeliz. Ahora tienes una vida plena. Estás sobrio ya 32 años, casado con un hombre al que quieres y con dos maravillosos hijos. Quieres, sencillamente, repetir tu gran momento, una última vez, siendo quien eres ahora. Y no se me ocurre nada que objetar, la verdad.

Sobre todo porque, cuando empecé a ver este concierto, lo hice con la plena seguridad de que lo quitaría nada más empezar. Te atribuía un patetismo, un quiero y no puedo, que se me borró inmediatamente de la cabeza en cuanto sonaron los primeros compases, acompañados de impresionantes efectos lumínicos, de “Benny and the jets”. Te pusiste a cantar y supe que, efectivamente, estaba contemplando tu mejor versión. Tanto en voz, como en actitud, como en presencia. Un diez absoluto. Y ojiplático me quedé.

Así, ojiplático, boquiabierto, permanecí durante las más de dos horazas y media que duró tu show. Un show en el que, joder, lo tocaste todo, pero todo. Sin dejar ni una canción, prácticamente en el tintero. Lo siento, tengo que enumerar: “Philadelphia freedom”, “I guess that’s why they call it the blues”, “Border song” (que dedicas a tu adorada Aretha Franklin), “Tiny dancer”, “Have mercy on the criminal”, “Rocket man”, “Take me to the pilot”, “Someone saved my life tonight”, “Levon”, “Candle in the wind”… Wow!! menuda batería de monumentos.

Menuda ejecución, qué despliegue artístico. El tuyo y, por supuesto, el de la inmensa banda que te acompaña. Algo que, te honra, siempre te encargas de poner en relieve. Y no es para menos: Davey Johnstone, el escocés director de la banda, es un guitarrista soberbio que te acompaña desde tus inicios, igual que el batería, Nigel Olsson. O qué decir de Ray Cooper, un percusionista legendario que te ha acompañado no sólo a ti, sino a la mayoría de leyendas de tu generación. Y el resto, John Mahon, Kim Bullard y Matt Bissonette, son de más reciente “adquisición”, pero igualmente resaltables en lo que es, sin duda, la mejor versión de tu banda. Vaya sonido compacto y sobre todo, menudos coros. Ni los Beach Boys.

Tras un pequeño receso en que te cambias un traje y una camisa que visiblemente te ha estado exasperando cada vez que te levantabas durante la primera parte del set, comienza la recta final nada menos que con “Funeral for a friend/love lies bleeding”, la larguísima y épica canción con que se abría tu mejor disco, Goodbye Yellow Brick Road. Vuestra interpretación es, cómo no, espectacular. A partir de ahí, ya no hay respiro: “Burn down the mission” suena a tributo a una de tus principales influencias, Leon Russell; “Sad songs” es más rápida y más rock’n’roll que en su descafeinada versión original, algo que demuestra lo gran, gran canción que es; y la sentida “Sorry seems to be the hardest word” sirve para introducir a la banda, que a estas alturas ya no puede encumbrarse más. Pero tú les adoras, y así lo haces saber a tu público.

Tras ello, primera colaboración de la noche: Brandi Carlile, una de tus admiradoras más fervientes, sale a cantar contigo la inconmensurable “Don’t let the sun go down on me”, convirtiendo este en un momento que sabe a desiderátum. Y la cosa no baja un ápice: rock por un tubo con “The bitch is back” y la especialmente emocionante y definitiva “I’m still standing”, una de las cimas de tu colaboración con Bernie Taupin. Y llega el cameo que más significa para tí. Una amiga querida que firmó contigo tu dueto más clásico y que, precisamente, ya salió contigo a cantar en el concierto del 75. Hoy Kiki Dee no está tan fina de voz como entonces, pero aún así la cosa resulta bien y la emoción sale de nuevo a pasear. Y claro, ya no se puede parar. Se encargan de ello las icónicas piezas de rock “Crocodile rock” y “Saturday night ‘s alright for fighting”, que dan paso al bis.

 

Y tú sales con tu gorra emperlada de los Dodgers, acompañada de un albornoz a juego. Curiosamente, no te sientas al piano. Te quedas de pie e introduces a la mujer del momento. La reina diva del pop. Tu dúo con Dua Lipa titulado “Cold heart”, hecho a partir de dos de tus más afamados hits, “Sacrifice” y “Rocket man”, ha sido todo un inesperado bombazo que te ha vuelto a situar en lo alto de las listas. Lo interpretáis los dos manifestando cariño y camaradería. Queda muy bonito y claro, toca lo que toca. Ahora sí que te sientas al piano. Esta es la guinda del pastel, así que “Your song” adquiere todo su significado. Las palabras escritas en 1969 por tu camarada Bernie nunca han sonado tan contundentes, por eso reservas su presencia en el escenario para ahora y os dáis el enorme abrazo que resume toda una vida creando juntos.

Tras esto, por si fuera poco,  comunicas a tu público que la razón de que te retires es que quieres pasar tiempo con tu familia. Y para que veamos de lo que hablas introduces al escenario a tu esposo David y a vuestros hijos Zachary y Elijah. La gente aplaude a rabiar. Saben que es el final. De nuevo, la canción elegida adquiere totalmente significado: “¿Cuándo vas a bajar? ¿Cuándo vas a aterrizar?”, dice tu “Goodbye yellow brick road”.

Es la hora de dejar esta vida que ha significado tanto, bueno y malo, para ti. Es la hora de volver a casa. Y sí, todo esto suena muy bien en teoría, pero la verdad es que, aunque la edad no perdona y el año que viene cumples 76, tras ver el despliegue de energía que has mostrado aquí, cuesta creerte. ¿Será cierto? No sé, al margen de que esa imagen que se muestra como colofón de ti con tu gorra caminando por el camino de baldosas amarillas no sabe tanto a despedida como a hasta luego, me cuesta mucho imaginarme el mundo sin Elton John. Has estado ahí siempre. De alguna manera, eres el pop. Y sólo por eso, deberías ser eterno. Así que nada de adiós. Hasta la próxima.

 

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