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Entrevistamos a Juárez, que tienen nuevo disco

Cuando los bandos, los buenos y los menos buenos, parecen querer imponer sus respectivas normas sobre los otros, normalmente a base de mensajes vacíos de contenido y amparándose en la ley del ruido, es menester encontrar el término medio en el que recrearse a contemplar un panorama por desgracia aún desolador. No hablamos solo de una situación, la de las discográficas y las propias bandas, que subsisten abandonadas a su suerte y ahogadas por el yugo de un mercado enrocado en sí mismo, dándole la espalda a cualquier trazo de interés cultural y sesgando los ímpetus más vehementes. Pero no seamos pájaros de mal agüero e insistamos en eso, en la parada necesaria para escuchar y disfrutar discos hechos por gente ya experimentada pese a las dificultades. Luna Menguante es uno de ellos, y sus responsables un grupo de pamplonicas talluditos y, como ellos mismos afirman en esta entrevista, totalmente libres para seguir creando desde donde y de la forma que les viene en gana. Así suenan mejor las cosas, y Juárez tienen ya las suficientes tablas como para hacer canciones que se ajustan a muchas cosas y públicos.

«Funcionamos por impulso, en cada momento sale lo que sale y tampoco nos preguntamos por qué. Nos gusta trabajar así»

En un mundo y una industria tan menguados y a la que cada vez menos gente presta atención, publicar un nuevo disco poco más de un año después del anterior demuestra que sois una banda bastante prolífica. ¿Estaban tan calientes estas canciones como para dejarlas enfriar más tiempo?

No tenía sentido esperar más tiempo. De hecho podía haber salido bastante antes, se grabó entre marzo y junio de 2021, sólo que las fábricas de vinilo dan unos plazos muy largos. Solemos sacar disco cada dos años. Seguimos, más o menos, con los tiempos de siempre.

Quinto disco; mismos presupuestos, misma esencia. Pero tal vez ahora con espíritu y letras más pegadas al romanticismo, y tal vez con más carga melódica. ¿A qué motivaciones obedecen estas nuevas canciones?

Las motivaciones son las mismas que tenemos siempre, tampoco tenemos muy racionalizado el proceso de composición, funcionamos por impulso, en cada momento sale lo que sale y tampoco nos preguntamos por qué. Nos gusta trabajar así.

¿Qué os interesaba más de la producción esta vez: Mantener un sonido que ya empieza a ser característico, realzar algunas cosas que quizá quedaron más ocultas anteriormente, dar más protagonismo a un instrumento sobre otro…?

Cuando estamos en el estudio no tenemos claro por dónde va a ir la producción. Es algo que vamos decidiendo sobre la marcha, no solemos tener muchas ideas preconcebidas. Ahí es decisivo el trabajo de Guille F. Mutiloa, que siempre aporta puntos de vista interesantes y complementarios a la banda. Con alguna canción sí que nos volvimos un poco majaras con la mezcla pero estamos muy contentos con el resultado.

 

Quienes aún no sepan de qué va la propuesta de la banda, decir que lo vuestro son las armonías medidas y las melodías clásicas sería faltar a la completa verdad. También se nota cada vez más esa tendencia a no quedaros en ningún sitio, a mezclar influencias y fabricar una coctelera sonora francamente lejana de cualquier tipo de etiquetas.

Como bien dices, hay elementos muy diferentes en nuestro sonido: pop, punk, psicodelia, western, indie, folk, country, kraut… pero huimos de los ejercicios de estilo, todo lo que hacemos suena reconocible. Esto, suponemos, se debe a que trabajamos mucho las canciones juntos en el local, llevamos muchos años tocando juntos y a que conocemos muy bien nuestras limitaciones. Lo importante es trabajar para la canción más allá de los elementos que estés utilizando. Suena manido pero lo de menos es más en nuestro caso funciona.

Por eso a estas alturas lo de llamaros “indies” supongo que os trae al pairo.

Sí, nos da igual. Lo de las etiquetas no nos gusta nada, aunque suponemos que son necesarias para que la gente puede hacerse un poco de idea sobre qué hacemos. Todos hemos tocado en bandas de rock, venimos de ese mundo. Igual lo más acertado sería decir que somos una banda de rock de cuarentones y cuarentonas haciendo pop.

Hay un contraste claro entre la aparente sencillez de “Duerme entre tú y yo” o “Tan lejos de casa” y la leve oscuridad de “Laberinto sin final”. ¿Son las historias que se cuentan en cada caso las que guían esa orientación sonora? 

Las letras son lo último que hacemos normalmente, influiría más la música en la letra en tal caso. No damos mucha importancia a las letras, intentamos que queden bien, por supuesto, pero la prioridad siempre es la música.

¿Os gusta “enrarecer”, por decirlo de alguna manera, los paisajes que dibujáis en las canciones, como para despistar al oyente y no dejarlo quedarse en ninguna zona de confort?

A la hora de hacer las canciones no pensamos en el oyente. Al crearlas lo importante es que el grupo quede lo más satisfecho posible. Luego muchas veces te sorprende cómo recibe la gente las canciones, ha habido algunas que hemos estado a punto de no meter en discos y luego han funcionado muy bien.

«Lo de las etiquetas no nos gusta, aunque son necesarias. Todos hemos tocado en bandas de rock, venimos de ese mundo. Igual lo más acertado sería decir que somos una banda de rock de cuarentones y cuarentonas haciendo pop»

En “Luna fría”, por ejemplo, os adentráis en pasajes oníricos, aunque para vosotros tal vez sea una afirmación exagerada. ¿Es otra dirección en la que queréis seguir abriendo camino?

Ese mundo onírico ya estaba muy presente en nuestra primera demo Escafandra (2014) y en Caléndula (2016), nuestro primer largo. Son trabajos que mucha gente no conoce y que han sido esenciales para llegar a lo que hacemos ahora. Lo próximo que hagamos no sabemos hacia dónde irá, aún es muy pronto para plantearnos nada.

Esa dualidad, de la que ya hemos hablado, entre luz y sombra queda más patente en un tema como “Estela”, puede que el tema más shoegaze del disco. 

La idea de luz y sombra es una constante en Juárez desde el principio. Si “Estela” tiene algo de shoegaze no ha sido consciente ni intencionado, ha salido así como podía haber salido de otra manera. Puede que haya sido más un aspecto de la producción de Guillermo que de composición, ya que en directo suena diferente.

Desde el principio, con “Nébula”, también se intuye el despiste: Aunque lo parezca, no estamos escuchando a una banda de garage rock.

No nos sentimos adscritos a ningún género, nos gusta música muy distinta a cada uno de nosotros, y supongo que al final esa mezcla de estilos se acaba plasmando en lo que hacemos.

 

Muchas bandas aseguran que la base para empezar a componer o continuar con lo que empiezan es precisamente el no tener ninguna base e ir sumando elementos hasta que la cosa cobra forma y se convierte en un todo. ¿Coincidís con dicha afirmación?

Más o menos, sí. En nuestro caso sí que hay una base inicial. Siempre trabajamos sobre las ideas que traen Cristina y Jose pero luego entre todos vamos haciendo pruebas, cambiando ritmos, estructuras, velocidades, texturas, intensidades…

¿Han entrado en Luna Menguante todos los temas que debían entrar, o aún podemos esperar algún EP con descartes, regrabaciones que quedaron en el tintero o cortes sueltos que por alguna razón no encontraron su hueco?

Una canción se quedó a medio grabar. Es una colaboración con Olaia de Cora Bloom y Marga de Kabbalah, antiguas compañeras de Cristina en Las Culebras, que se titula “Los sueños no dan dinero, dan problemas”. Es un tema de western progresivo del que hay una versión en directo muy chula en YouTube. Pero a corto o medio plazo no hay idea de sacar ningún EP o algo así, no.

 

 

Debemos ser cautos al afirmar que la era post pandémica está al caer y que con ella las tornas volverán a cambiar, aunque dudamos de que sea para mejor. Una banda como la vuestra, con todas las dificultades que se suponen, no ha dudado en seguir adelante e intentar sobreponerse a la que es seguramente el peor momento para la mayoría de bandas de vuestro perfil. ¿Pensáis seguir persistiendo pase lo que pase? 

El grupo ha pasado momentos peores que la pandemia. De hecho, a pesar del Covid, hemos podido tocar bastante. Llevamos juntos casi diez años y hasta 2020 poca gente nos había hecho caso. Durante mucho tiempo esto ha sido como una travesía por el desierto. Hace falta algo más gordo que una pandemia mundial para acabar con nosotros. Lo único que puede acabar con Juárez es Juárez.

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