Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (Roc-A-Fella)

Reseñar un disco de manera totalmente personal y objetiva, sin verse influenciado por lo que cuentan de él los demás, es muy difícil. Hacerlo con este My Beautiful Dark Twisted Fantasy, casi imposible. Para ello sería necesario haber vivido en una isla desierta (y sin cobertura wifi) durante las últimas semanas. De todos modos… ¿quién quiere más aburridas reseñas objetivas? Así que vamos allá.
 
La imposibilidad de ser totalmente objetivo no implica anular todo tipo de perspectiva, así que empezaré tomando algo de distancia: para mí no estamos ante la obra maestra que la crítica promulga. ¿Por qué? Pues porque en mi opinión una obra maestra debe ser a) totalmente innovadora o, en su defecto, b) llevar el correspondiente estilo o subestilo hasta el más alto grado de excelencia. ¿Estamos ante un disco innovador? En absoluto. El mismo Kanye West (por no mencionar a Outkast, o a Gnarls Barkley) ya se ha aproximado anteriormente a este tratamiento pop que convierte al hip hop en algo inofensivo y asequible para el gran público (a pesar de todos los fuckings, asses y motherfuckers que pueblan las letras). Incluso hay quien piensa que lo hizo mejor en sus dos primeros discos. No es mi caso, de todos modos.

Por otro lado, ¿es este My Beautiful Dark Twisted Fantasy la cota más alta que el hip hop ha alcanzado en los últimos años? Bueno…en primer lugar deberíamos discutir si estamos ante un disco de hip hop en el sentido estricto. En mi opinión no lo es pero, independientemente de etiquetas, pocas veces en los últimos años se ha visto una aproximación tan milimétrica, ajustada, luminosa, aperturista y (sobre todo) tan seria y digna del hip hop al pop mainstream. Todo, desde las bases hasta las canciones sampleadas, desde los invitados hasta la forma de frasear de Kanye, está pensando para el triunfo. Esto, que de por sí el mundillo indie suele rechazar por definición, no tiene por qué ser sinónimo de mala calidad. En este caso todo lo contrario: las canciones son redondas, casi perfectas. Por poner un pero mencionaría el excesivo minutaje de alguna canción (sí, hablo de “Runaway”) que, agotado el contenido, se alarga sin necesidad. Un inconveniente mínimo, eso sí, comparado con la cantidad de pulgares levantados que señalan “Monster”, “Power” o la propia “Runaway” como candidatas a canciones del año.

¿Estamos ante una extravagancia, un ataque de megalomanía? Esta podría ser la clave. Pero no olvidemos que la máxima de “menos es más” no puede aplicarse al hip hop, donde la grandiosidad suma en vez de restar. Y este disco, queridos lectores, es realmente grandioso. La producción es grandilocuente, las letras no podían quedarse atrás y la elección de las canciones sampleadas revela una intención, no poco perversa, de incluir un plus de teatralidad: ¡King Crimson! ¡Mike Oldfield! ¡Hip hop meets Prog Rock! ¿Hip Hop sinfónico? Y luego, ¿quién esperaba a Bon Iver en un disco de Kanye West? Pensándolo bien, tal vez sí estemos ante algo novedoso aunque con el inevitable toque retro. Por ejemplo, ¿qué es “Devil in a new dress”? ¿No podría perfectamente haber salido de un disco de Curtis Mayfield o Isaac Hayes a principios de los 70? Menos sutil, pero igual de apreciable, es su apropiación del discurso de Gil Scott-Heron en “Who will survive in America?”, un discurso que tal vez tenga todavía más actualidad ahora que en su momento. Un inmejorable cierre de disco.

Lo que nos lleva al activo más importante del álbum: ¡no sobra ni una puñetera canción! Una vez escuchadas tranquilamente, todas se revelan imprescindibles. Además, como ocurre con los grandes discos, nuestra canción favorita cambia con cada escucha. Ahora es “Monster” (¡grande Nicki Minaj!), pero a la segunda pasada descubrimos que “All of the lights” no es tan sosa como parecía al principio, a la tercera pasada “POWER” nos parece más grande que la vida misma, y así sucesivamente (a “Runaway” también le llega su turno, claro, aunque ¡me sigue pareciendo demasiado larga!). Hay tantas canciones dispuestas a ser el “Hey ya”, el “Umbrella” o el “Crazy” de esta temporada que el disco parece un Greatest Hits.

Dicen que Kanye esta vez se ha pasado de frenada. Para mí, sin embargo, ha llevado hasta el máximo su aproximación al pop. Es más, diría que se ha aproximado al rock. Tal vez no musicalmente, pero sí en actitud, vigencia, dramatismo y relumbrón. Kanye West ya no es el típico ídolo del hip hop que triunfa saliendo de las calles, ahora es una estrella del rock con mayúsculas. No sé si es un genio, pero seguramente es lo más parecido a uno que ha tenido la música comercial en los últimos años.

El disco seguramente sufrirá los prejuicios de los militantes feroces de cualquiera de los bandos: demasiado pop para los puristas del hip hop, demasiado hip hop para los poperos, demasiado mainstream para los indies… Pero seguramente también captará la atención de aquellos que, tradicionalmente refractarios al género, se acerquen con los oídos abiertos y buena predisposición. Seguro que más de uno se lleva una sorpresa. Yo mismo, sin ir más lejos.

ESCUCHA en Spotify: Kayne West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

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