Twelve Dolls – Sala Tatoo (Madrid)

Cuando a uno le recomiendan, y mucho y muy de cerca de alguien bastante fiable, ver a una banda joven, asegurándote que han hecho un montón de bolos, en tu más profundo egoismo piensas “y tendré que decir que si e ir al concierto, con lo bien que estaría una noche de sábado en mi casita o de farra” Pero no, uno va. La segunda recomendación viene por haberte oido el cd que milagrosamente han publicado con sus propias·”manitas”, y que encima te guste.

Pero es que la producción del redondo recopilatorio de temas es eso redonda. Vamos que te engancha. Y aquí toca que te mosqueas: si el cd es muy buen trabajo, muy bien “amueblado”, el directo debe ser bastante regular. Vamos que todo apunta a disimular los defectos con un buen y suplantador trabajo de estudio. Entre la posible decepción y la curiosidad uno se dirige hasta la sala del concierto, pequeña eso sí, que por ahora no son demasiado conocidos.

Y cuando comienzan a sonar las dudas caen cual piezas de dominó (la imagen es tópica pero necesaria) y es que uno a uno los temas que van tocando están a la altura. Por ello estos Twelve dolls que presentaron su segundo trabajo denominado Graso son todo un descubrimiento.

Pero vayamos por partes. Tremendamente jóvenes este que hemos disfrutado es su segundo trabajo tras el mucho más guitarrero, más lleno de ruido y también menos redondo How to hide anything. Aquí con Graso el salto es notable. El trabajo con bases y melodía es mucho más que efectivo e interesante. Y oídos en el concierto su pop bien trabajado denota más dureza y contundencia. Claro esto choca con la voz de su líder y cantante. Es tremendamente particular, y en un principio distancia, pero al poco engancha: tiene más matices de lo que pudiera parecer y momentos que rasgan realmente notables.

Pero con todo lo que uno más disfruta de una noche de concierto es que lo que ve sea interesante, que te ideas. Y aquí las hay. Primero por unas letras con carga (el pop actual anda demasiado vacío de contenido). Después porque oídos en directo, y a pesar de un pésimo sonido que tuvimos que sufrir, todo era elegancia: las melodías eran un placer poder escucharlas. E incluso en el momento que se atrevieron con uno de los dos instrumentales que tiene este Graso, de título “Mockba”, sonó infinitamente mejor que en el cd de estudio, e hizo levantar al público que allí estabamos. Como cierre se atrevieron con un mirto para muchos, a pesar de que estos Twelve Dolls por edad no pudieran disfrutarlo en su momento.

Realizaron una divertida y muy rockera versión del “Maniac” de Michael Sembello, aquel de Flashdance… Así es que con todo una divertida noche que hizo poder creer aún en el pop nacional, ese que tiene cosas que contar.

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