‘La época heroica’ de Julio Ruiz: encuentros con Björk

Érase una vez mis viajes a Londres en una época determinada de la década de los 80´s en que hacía algo (nada extraño para cualquier otro aficionado a secas o compi en las tareas del periodismo musical) como norma. Visitaba las tiendas de discos normales y las del por entonces incipiente aún producto independiente y volvía a casa con un montón de… singles. Por culpa de aquellas excursiones tengo en mi discoteca esos sencillos preciados de primera época de Primitives, Soup Dragons, Flatmates, Shop Asistants, Talulah Gosh, Miaow… (en fin , la lista sería interminable…) que luego pinchaba y daba a conocer en mi programa de toda la vida (por entonces, aún en la calle Huertas, en Radiocadena Española o Radio 4). Total que una de aquellas compras fue el single (1988) de Sugarcubes de «Birthday» (que semanas más tarde sería 1 de la lista Indie de la prensa musical en New Musical Express y Melody Maker) con la doble versión en inglés e islandés. Y yo, por el aquel del exotismo o la rareza, de cada diez veces que programaba el sencillo, ocho era la versión nórdica porque me llamaba la atención escuchar a su solista femenina.

Tiempo después hago otro viaje a tierras londinenses, me compro el Time Out para inspeccionar el calendario de festejos y veo que hay un festival de bandas emergentes o así (en el Academy de Brixton) del sello One Little Indian. Y allá que me voy. Y actúan los Sugarcubes. Una vez que la banda se ha bajado del escenario veo unos metros delante de mí la menuda figura de su cantante y voy y me dirijo a ella con un mensaje parecido a…«hola, soy Julio Ruiz, tengo un programa en la radio y estoy haciendo sonar vuestro single…». Ella pone cara de asombro que luego es complicidad y me dice «Ah, lo sé, tengo una amiga que está estudiando en España y me escribió una carta contándome que en una emisora de tu país estaban poniendo nuestro single, pero…en islandés. O sea que ése eres tú? jajaja». Y después de esa mini-conversación nos emplazamos para vernos cuando (era una hipótesis lejana) vinieran a tocar por aquí.

…Pero eso pasó. Y un año más tarde cuando acababan de publicar su segundo álbum Here today, tomorrow next week tocaron en la desaparecida sala Jácara de Madrid (conciertazo largo además de casi una veintena de temas de sus dos LPS editados) a finales de 1989.

Y Bjork cumplió su promesa (ayudó en la empresa el sello GASA que distribuía sus discos) y un poco antes de la prueba de sonido se plantaron en la calle Ayala (era una de las sedes de Radiocadena Española) en una voluminosa furgo que casi corta el tráfico del barrio de Salamanca. A la banda al completo les grabé la entrevista que emitiría a posteriori.

Como la vida de Sugarcubes fue corta y Björk se independizó pronto, el siguiente capítulo se corresponde con Debut, su primer disco en solitario (excepción hecha de aquel verso suelto cuando era una niña de 12 años) que vino a presentar en ronda promocional. Tuve a mi disposición en uno de los estudios de RNE en Prado del Rey a Björk durante más de 45 minutos en una entrevista que, por inusualmente larga, tuve que partir en trozos. Estaba tan locuaz y habladora (recuerdo que a los oyentes les hizo gracia oírla en la charla en ese inglés/islandés) que no creí conveniente cortar la fluidez del toma y daca. Una joyita que ahí se ha quedado en el archivo de documentación de la que fue mi casa.

…Y acabamos con el encuentro inesperado. Aeropuerto de Tenerife Sur. Primerísima hora de la mañana (tanto, que se abrió en ese momento). Venía de cubrir el festival OCA en La Orotava (jo, qué maravillosos recuerdos, por ejemplo con Patrick Wolf o los primeros Pumuky) y esperando cerca de la puerta de embarque veo que por la escalera mecánica sube una figura pequeña embutida, casi embozada, encapuchada, en un mono color butano chillón. Sí, era ella (luego me contaron que tenía o tiene una casa por aquellos lares). Pero me tuve que cerciorar que era Björk antes de abordarla. Hubo un amago de preocupación (hacía relativamente poco que había tenido un desagradable incidente justo en un aeropuerto) hasta que se dio cuenta de quién era. Nos pusimos al día hasta que tocó meterse en el avión (ella, a preferente; yo, a normal). Retomamos el hilo de la charleta al llegar a Madrid, antes de despedirnos porque conectaba con otro vuelo, en este caso internacional.

Y los amables lectores de estos encuentros dirán…¿y en el FIB del 98 no la saludaste? pues…no. Había tal mogollón de gente cuando baja del stage tras aquella actuación memorable con Raimundo Amador que no pudo ser.

 

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