La nueva canción de Bowie. Bowie/Pierrot cierra el círculo con “Where are we now”.

David Bowie está de vuelta. La frase que uno ya empezaba a creer que no volvería a escribir, leer o escuchar jamás. Por sorpresa, como le gusta hacer las cosas, jugando el movimiento que nadie espera. El Gran Duque Blanco ha sido siempre también el Gran Simulador, el Gran Farsante, el Polichinela de la Comedia del Arte. Siempre esquivo y burlón, abriendo puertas para las demás mientras él se dispone a saltar por la ventana con una risilla guasona, dejando dentro a sus seguidores y brincando alegre hacia una nueva puerta que abrir.

Ahora, sin embargo, Bowie reaparece convertido en Pierrot, el Payaso Triste. Un personaje que no es nuevo para él, puesto que una de sus primeras apariciones como actor de teatro fue en la obra Pierrot in Turquoise (1967), aunque no fue él quien interpretó a Pierrot sino el famoso mimo Lindsay Kemp (una gran y confesada influencia para Bowie durante toda su carrera). Fue años más tarde cuando Bowie se metió en la piel de Pierrot, en el hoy mítico vídeo de “Ashes to ashes” (1980), cerrando de nuevo uno de esos círculos que él mismo se encarga de abrir. Pierrot, el único personaje de la Comedia del Arte que se representa sin máscara, muestra su rostro desnudo como metáfora de su alma rasgada y expuesta a las burlas del público. El mismo rostro desnudo, sin maquillar y exhibiendo todos los estragos de la edad, que Bowie nos presenta en el vídeo de “Where are we now?”, el anticipo de su próximo y anhelado álbum.

Pierrot siempre representó, sobre todo con la llegada del Romanticismo, algo así como la personalidad oculta y torturada del artista, un alter-ego, un escudo para que el comediante celebre uno de los ritos más viejos del arte: hacer reír a los demás exponiendo las propias miserias. Bowie, a lo largo de su carrera, ha dado repetidas muestras de ser un consumado especialista en inventar personajes cuya única misión es hacer reír (o llorar, o cantar, o estremecerse) al público, mientras él permanece oculto tras las bambalinas, tomando nota de lo que funciona y lo que no, preparando ya su enésima reinvención aunque la anterior esté todavía recién estrenada.

Pero el tiempo pasa. Bowie parece haberse dado cuenta de ello, y es por eso que, para una reaparición tan importante y esperada  (siempre lo es, pero tras los últimos rumores sobre su posible retirada, todavía más), nuestro camaleónico amigo decide dejarse de disfraces. O mejor dicho, disfrazarse de Pierrot y mostrar el alma triste y desbordada por la nostalgia de un hombre que ya ha cumplido los 66 años y siente el paso del tiempo sobre sus hombros.  Como Pierrot, decide mostrarnos su rostro desnudo y ajado en un doloroso primer plano nada casual, hacer que suframos con él, que surquemos cada una de sus arrugas, que cerremos los ojos y traguemos saliva cada vez que él lo hace, que nos emocionemos con cada uno de sus rictus de melancolía. Un Pierrot curiosamente embutido en un muñeco de trapo, un juguete destinado a los niños, los tradicionales clientes de los payasos. Bowie/Pierrot nos dice “soy tu juguete, pero mírame, estoy roto. Roto por las ausencias, por la edad. Por primera vez en mi vida miro hacia atrás y no hacia delante. Recuerdo cuando cogía el tren en Postdamer Platz, cuando me sentaba en las terrazas de Nurnberger Strasse…era todo muy decadente, pero era tan feliz…y tan joven…tantas cosas por hacer… Y ahora, ¿Dónde estamos ahora?

Tradicionalmente el personaje de  Pierrot hace reír/llorar al público exhibiendo impúdicamente sus desengaños amorosos. El público siente lástima cada vez que Arlequín se lleva a su amada Columbina y el Payaso Triste queda con el alma hecha añicos, pero lo ha visto tantas veces, se sabe tan bien el final, que no puede evitar reírse.  A finales de los 60 Bowie tenía una relación con una chica llamada Hermione Farthingale, a la que conoció en un programa de la BBC (The Pistol Shot) y con la que convivió durante un tiempo. Un día, ella simplemente lo abandonó. Bowie, desolado, compuso “Letter to Hermione” y la incluyó en su álbum homónimo de 1969, aquél que abría la inmortal “Space Oddity”. Supuestamente uno de los motivos de la ruptura fue el deseo de Hermione de seguir avanzando en su carrera como artista y bailarina. Cuando rompió con Bowie estaba gestionando su aparición en una película, y tal vez aquello precipitó su decisión. El título de la película era Song of Norway, la misma frase que podemos leer en la camiseta oscura de Bowie / Pierrot la única vez que aparece de cuerpo entero en el vídeo de “Where are we now”. De pie, con el rostro apesadumbrado, con unos papeles en la mano que podrían ser un guión de cine. Tal vez está recordando cómo el malvado Arlequín, en forma de película, le arrebató a su amada Columbina.

Y así es la vuelta de Bowie. Todo el vídeo, y toda la canción, gira en torno a esas tres imágenes: de fondo, en un nostálgico blanco y negro, el artísticamente glorioso y decadente Berlín de los 70, antes de la caída del muro; en primer plano, y en color, el presente representado por un revoltijo de recuerdos, botellas vacías, cuadros caídos, manchas de pintura y objetos recogidos a lo largo de una vida; en medio, Bowie y su enigmática acompañante, mirando al frente pero atrapados por el pasado, sin poder moverse salvo los ojos y la boca, obligados a mirar hacia delante mientras ellos en realidad querrían volver la cabeza, ver esas imágenes una vez más, volver a pasear sin rumbo por Bose Brucke pasando desapercibidos entre miles de personas.  La canción no es una obra maestra que pueda competir con “Life on Mars”, “Heroes” o “Ziggy Stardust”, pero es la mejor canción que Bowie puede hacer en la actualidad. Además es así como tiene que ser la canción: aparentemente normal, casi vulgar, de forma que no distraiga al oyente del mensaje que su autor quiere mandarnos. Y el mensaje,  lo verdaderamente importante, es la dictadura del tiempo, la infección que la nostalgia supone para el alma. Bowie/Pierrot no ha querido que lo veamos como un sesentón que quiere aparentar treinta, sino como lo que es hoy: Pierrot sin máscara, sólo su rostro desnudo, su alma rota.

Bowie/Pierrot, el Payaso Triste, nos entretiene a los demás mientras él llora por dentro. Pero al final de la obra el truco se revela. Bowie se desata de sus ligaduras, saca la cara del agujero y deja tras él una máscara vacía. Una vez más el Gran Farsante abre una puerta, nos invita a pasar, y con todos dentro vuelve a escaparse por la ventana. ¿Ha sido todo una broma macabra? ¿Estará riéndose por dentro mientras nos hace llorar a los demás? Tratándose del viejo Polichinela, el Gran Comediante, nunca se sabe. Tal vez cuando escuchemos el disco entero tengamos la respuesta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.