Libro: De Cara – Debbie Harry (Libros Cúpula)

Si bien Stevie Nicks es el icono femenino del rock, Deborah Harry (1 de julio de 1945, Miami, Florida, USA) lo es de la faceta más pop del mismo invento. Serlo, como les pasa a muchos otros artistas paradigmáticos, le ha costado tener constantemente que ponerse una máscara, labrarse un personaje, que es realmente lo que la gente quiere ver de ella. En su caso, de forma siempre paralela a la banda que le dio la fama, el de la “rubita”, la chica tremendamente chic, sexy, de voz sensual y ojos chispeantes que volvió locos a los hombres y ha sido el espejo en el que muchas mujeres de varias generaciones han querido verse reflejadas.

El precio a pagar por todo esto es que, pese a tener un perfil público sobradamente conocido, nadie conoce realmente a la persona que hay detrás de esa máscara. Es lo que pretende esta mujer criada en New Jersey pero profundamente neoyorquina a través de sus muy esperadas memorias: hablar “de cara”, quitarse la careta y mostrar, supuestamente, su yo más íntimo.

El problema viene cuando a una realmente no le apetece tanto que la gente la vea tal como es. A lo largo de las páginas de este libro lujosamente editado, con profusión de fotografías y dibujos tanto de gente famosa como de fans, que la cantante ha ido atesorando a lo largo de los años, vemos que a Debbie Harry no le va tanto eso de quitarse la máscara, como el dar a la gente un poco más de lo que quiere: ciertos detalles escabrosos, algo de intimidad, mucha galería de personajes del underground neoyorquino y famoseo, algo de sexo, droga y rock and roll, pero todo con mucha mesura, no da la sensación de que la prosa poco literaria, pero ágil, de su autora proporcione en esta autobiografía una perspectiva descarnada de su personalidad. ¿El personaje ha devorado a la persona? No lo creo, más bien, o no se ha atrevido o no le ha interesado contar más. Pero desde luego, la jugada le ha salido más que bien. El libro ha sido un superventas en su versión original, traducido a varios idiomas e incluso premiado. Es lo que tiene dar a la gente lo que quiere.

Desde luego, Debbie de lo que no puede quejarse es de haber tenido una vida aburrida. Niña adoptada por unos padres amorosos y bien posicionados, chica popular del instituto, joven rebelde que escapaba hacia la gran manzana siempre que podía y muchas cosas más, todo antes de la fama, pero no por ello carente de interés. Harry huyó de un primer marido maltratador para dejar por siempre atrás la aburrida New Jersey y buscar la excitación -no necesariamente fortuna, aunque también- en el asfalto de la ciudad más peligrosa y divina del mundo. Algo en lo que se empleó bien a fondo.

Es por eso que, pese a la falta de intimidad con el lector, recorrer las páginas de este generoso tomo es recorrer una parte muy importante de la historia del arte y la cultura en general del siglo XX. Debbie Harry además de una mujer extremadamente bella y sexy ha sido una persona inteligente y dotada de una inacabable curiosidad, que la ha llevado a conocer a un buen montón de gente, tanto durante su etapa de camarera del mítico Max’s Kansas City, como en la de conejita playboy, como en sus incursiones en la Factory de Andy Warhol o ya en la antesala de la fama, en las mugrientas estancias del CBGB’s. Ahí van apareciendo un buen montón de personajes casi imposibles que decoran a la perfección cada uno de los capítulos de la vida de Debbie Harry, que parece más haber vivido a través de ellos que en sus propios zapatos.

Sí que sabe expresar bastante bien -y desde una perspectiva reposada y poco radical- las vicisitudes de ser la chica en una banda de hombres, la cantante famosa en una industria machista, una chica guapa de la que se espera que no tenga cerebro. Ella ha sabido poner siempre las cosas en su sitio y alude al trabajo antes que al posicionamiento feminista a la hora de hacer valer sus cualidades, que la han llevado, al fin y al cabo, a no ser la flor de un día que en base sólo a su físico podría haber sido. Algo que, además, se esfuerza en admitir que ha sido un logro comunal, sobre todo gracias a su entonces pareja y por siempre amigo y compañero de grupo, Chris Stein, figura que trata con extremo afecto.

De esta forma, pues, la ahora madura cantante rubia y otrora diosa de la nueva ola, desgrana a través de los muchos estadíos de su vida un contexto que termina por ser el verdadero protagonista, beneficiándose, eso sí, del conocimiento de primerísima mano que tuvo del mismo la persona que nos lo cuenta. Todo esto hace de De Cara un libro interesante, ameno y sobre todo, bien editado, pero no todo lo brillante que podría haber sido de haberse dejado su autora más libertad a la hora de destapar los trapos sucios, como, por poner un ejemplo, hizo Sir Elton John en el mucho más adictivo Yo. Una lástima, porque entre sus líneas se vislumbra que había mucho más que rascar.

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