Libro: Dios Salve A Los Sex Pistols – Fred & Judy Vermorel (Contra)

La existencia de Sex Pistols fue uno de los fenómenos más extraños, a la par que subversivos, de la historia la música rock. Su nacimiento supuso un revulsivo para subvertir las creencias de un rock canónico, rancio, y que se tenía la necesidad de destruir para alzar un monumento a lo informe, a lo airado y repulsivo.

Paul Cook, batería de la banda, dice en una de las entrevistas incluidas en este estupendo Dios Salve A Los Sex Pistols (Contra, 2021) escrito siguiendo las andanzas en primera persona de la banda por Fred y Judy Vermorel, que las primeras referencias estéticas de la banda fueron los New York Dolls, a los que vio actuando junto a Glen Matlock teloneando a los Faces. Aquellos tipos pintorreados, embutidos en licra y con sobredosis de glitter querían cortocirtuitar lo establecido. Representaban, sin ir más lejos, un escupitajo en toda la cara del sistema.

Malcolm McLaren era un tipo listo que regentaba una tienda de discos junto a su novia Vivienne Westwood -futura exitosa diseñadora de moda-, y que quería hacerse famoso a costa de los demás. De la mano de este perspicaz manager, los Sex Pistols se formaban a mediados de los setenta en Londres. A los mencionados Cook y Matlock se unieron, claro está, Steve Jones y los temerarios Sid Vicious y Johnny Rotten. El equipo imperfecto para cambiar el devenir del rock.

En las páginas de este libro coral uno se divierte leyendo las vicisitudes de la banda en sus primeros y caóticos conciertos, o en las encarnizadas luchas de egos entre Vicious y Rotten que trajeron de cabeza a los capos de EMI para la edición del legendario Never Mind The Bollocks Here’s The Sex Pistols: interesados en un primer momento, luego se echaron para atrás cuando se dieron cuenta de que no podían domesticar a la bestia. El sonido lacerante de la banda no era para paladares exquisitos, y mucho menos las letras de corte nihilista que cantaba un Rotten poseído por el diablo.

Sex Pistols fueron la quintaesencia del espíritu punk, de una música indomable que se resistía a ser engullida por las normas de unas multinacionales que vieron un filón en la popularidad de la banda. Estamos, pues, ante un notable viaje hacía las interioridades de un estilo de vida y un sonido que hicieron historia, que crearon una marca personal que el sistema, con el tiempo, ya ha hecho suya, porque domesticar la rabia forma parte del capitalismo.

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