Morcheeba – Sala Heineken (Madrid)

Mi primer encuentro con Morcheeba fue años atrás, en la sala Macumba de Madrid. Tocaban por primera vez en España, y fui a “regañadientes” acompañando a unos amigos. He de reconocer que me tiraba para atrás el haberlos visto metidos en el mismo saco que a artistas que por aquel entonces a mi me resultaban algo cansinos, como Tricky o Massive Attack.

Cuán equivocado estaba, y que bonito es aprender a reconocer los errores. Aquella vez, la banda británica de la que yo poco sabía, me dejo anonadado. No tenían nada que ver con lo que me había imaginado. Más allá de etiquetas por aquel entonces desconocidas para mí, me parecieron una suerte de banda de Soul actualizado que nos hicieron volar durante un buen rato.  No es que me hiciera un fan irredento después de ese concierto, pero si me preocupe en agenciarme sus discos que disfrute de lo lindo.

Años después (en concreto en el 2003) la vocalista Skye Edwards abandono la banda, es decir; a los hermanos Godfrey. Y como tantas veces se ha repetido en la historia de la música, ninguna de las dos carreras por separado, ni la de Morcheeba ni la de Skye en solitario, volvieron a ser lo mismo. Y es que hay bandas que son eso, bandas de una serie de miembros, y vaya usted a saber porque no funcionan de otra manera. ¿Sera cuestión de eso que llaman química?

El caso es que diez años después y según cuentan de manera totalmente casual, Skye Edwards se encuentra por las calles de Londres con Ross Godfrey, y deciden volver a juntar sus fuerzas para concebir un nuevo disco; Blood like Limonade, para volver a los escenarios en formato original.

De modo que allí estábamos de nuevo viendo a Morcheeba en Madrid, muchos años después. En mi caso con una mezcla de curiosidad y escepticismo, por saber si la banda volvería a funcionar en directo como antes, y por escuchar esos nuevos temas en directo. Entradas al borde del “Sold Out” y publico algo “talludito”, la mayoría nostálgicos de los tiempos en los que Morcheeba llego a mandar en más de una lista de éxitos.

Con puntualidad “británica” la banda con los hermanos Godfrey y Skye al frente nos regalo de buenas a primeras el tema “Moog Island”,  que ya nos hizo ver la buena forma de la que goza el grupo. Luego de las obligadas felicitaciones por la consecución del mundial de futbol, la encantadora vocalista, enfundada por cierto, en un precioso vestido de factura propia, tal y como ella mismo explicó. Comenzó  a bromear con el público acerca de lo que bebía cada miembro de la banda. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos bailando al ritmo jamaicano de “Friction”. Con la humareda porros de marihuana que había en la primera fila, ese tema no podía haber estado mejor “colocado”.  Uno de esos cigarrillos acabó en manos de Skye, que de hecho lo recibió muy ilusionada, Ross Godfrey tampoco le hizo ascos, se ve que les gusta lo bueno.

La temperatura de la sala iba subiendo a medida que iban tocando ya algún clásico; “The Sea”, aunque se compensaba con la inclusión en el setlist de algún tema nuevo; “Even Thought”, que no llegó a convencer. Sí que lo hizo el tema que da título al nuevo álbum “Blood like Lemonade”, quizás por recordar más a los Morcheeba del “Big Calm”. Así fueron desgranando otros éxitos como “Part of the process” o “Trigger Hippy, hasta llegar a otro tema nuevo; “Beat of the Drum”, en la cual Edwards invitó a hacer coros a toda la sala.

Otro clásico de su primer trabajo, “Blindfold”, fue el escogido para terminar el concierto. No había por qué preocuparse, quedaban los obligados bises y faltaban otros clásicos de su repertorio, aunque antes había que meter con calzador otro tema del nuevo álbum, esta vez seria la acústica “I´m the Spring”.  “Be Yourself” y “Rome Wasn´t Build in a Day”, quizás sus canciones más exitosas pusieron patas arriba la sala, en un final como debe ser.

Resumiendo;  un concierto poco arriesgado si tenemos en cuenta que venían a presentar su último trabajo. Y un concierto para fans que iban a ver la reunión de los tres que un día construyeron discos  como Big Calm o Fragments of Freedom. Si los astros se alinearon para que Skye y Ross se volvieran a encontrar por las calles… ¡Que vivan los astros!

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