Mudhoney + Young Fresh Fellows – Sala Capitol (Santiago de Compostela)

Gran semana musical en Santiago con la presencia el lunes de los Young Fresh Fellows y Mudhoney en la Sala Capitol, la misma que el viernes recibiría a la banda neoyorquina Interpol. Todos incluidos dentro del Ciclo Xacobeo Importa. Dos de los grandes, en momentos y estilos diferentes, pusieron una inmejorable dosis de ilusión a las primeras lluvias del otoño.

Era la noche de Seattle. Era la noche del grunge con todas las letras. Aunque en esto de las grandes etiquetas ya se sabe que las discusiones son inevitables cuando se engloban tantos matices de un género. Y que esto valga para decir desde ya, que Mudhoney ofreció toda una lección de grunge, muy alejado de lo que ofrecen las grandes bandas abanderadas de este estilo musical de los 90, con un concierto más que rotundo.

Abrían boca los Young Fresh Fellows, formación ya muy veterana que consiguió divertir y poner a bailar a la sala, que a esas horas seguía llenándose. A pesar de llevar casi treinta años encima de los escenarios su nombre sonaba para muchos por primera vez, sorprendiendo en positivo y poniendo las justas brasas para lo que se iba a cocer tras su actuación.

El atuendo de su líder y bajista Scott McCaughey, túnica verde de raso, gorra y gafas de sol, ya desprendía por si sólo humor y diversión en unos tíos que pasan de los cincuenta de largo. Y esa misma filosofía se palpa en sus canciones con un sonido limpio y muy agradable que te hace mover las piernas inconscientemente, y dejando claro que no todo el grunge tiene que ser oscuro y pesimista.

Rescataron temas de su último trabajo I Think This Is (2009) como “Suck Machine Crater”, “The Guilty Ones” o “New Day I Hate”. Diez años antes, en 1989, editaban el album This One’s for the Ladies del que sonaron “Taco Wagon” y “Middle Man of Time”. Como curiosidad en 1994 grabaron un directo en nuestro país bajo el título Take It Like a Matador: Live in Spain.

Con más de diez álbumes de estudio no faltaron algunos de sus clásicos más potentes en la recta final como “Big House” de su primer disco The Fabulous Sounds of the Pacific Northwest (1984), y el pack “Back Room of the Bar” y “I Don’t Let the Little Things Get Me Down” del The Men Who Loved Music (1987).
Complicidad entre ellos y ganas de pasarlo bien a una edad nada despreciable. El broche final de lo mejor con un cover del tema de los Sonics, “Strychnine”.

En el cambio de backline ya se notaba la expectación, sin embargo en contra de toda previsión, no hubo lleno, como si consiguió esta primavera con Yo La Tengo en la misma sala. Quizás demasiados conciertos para el bolsillo en los últimos días del mes. Eso si, los que estaban venían preparados para venerar a una de sus bandas favoritas.

Y con este ambiente aparecían Mudhoney para defender su música, esa que siempre se ha alejado de la vena más comercial y habitual del grunge. Ellos fueron el comienzo y ellos continúan en plena forma.

Mark Arm apareció en escena como si el tiempo ni hubiese pasado, y eso que son veinte años. Mismo look, vaquero, camiseta y zapatillas, mismos saltos y movimientos, y mismas ganas. Las que también poseían los chavales de las primeras filas con los habituales pogos, haciendo recordar a más de un veterano esa añorada juventud, en la que descubrieron muchas de las canciones del setlist de la noche.

Abrieron con un cover del tema de Fang “The Money Will Roll Right In” y con la carismática voz de Mark llenando la sala desde ese primer instante. La noche prometía melancolía y música de verdad. En la primera parte del recital varios temas de su último trabajo como el que le da título The Lucky Ones  (2008), “I’m Now”, “Next Time” o “Inside Out Over You”, menos coreadas por los seguidores, pero sin desentonar con los temas más clásicos.

Y tras media docena de canciones llegó el primer delirio de muchos con “Suck You Dry”, defendiéndolo igual que hace casi dos décadas, del disco Piece of Cake (1992) del que sonó también “Blinding Sun”. A partir de aquí la intensidad fue subiendo poco a poco hasta el final con la inestimable ayuda del público. Su estilo no está muerto, pervive porque siguen siendo auténticos. Sonido sucio y distorsión pero en su justa medida. La ecuación les sale redonda.

Mudhoney va más allá del grunge convencional que han llevado a la fama bandas como Alice in Chains, Soundgarden o Nirvana. Más caña, más actitud y más energía, aunque nunca llegaron a cosechar tanta fama como los anteriores. De su trabajo Every Good Boy Deserves Fudge (1991) rescataron “Good Enough” y “Let It Slide” y de su última década escuchamos “Inside Job” o “Hard-On for War” .

Pero la masa no se enfervorizó hasta la última parte del concierto de la mano de sus éxitos rotundos como “Touch Me I’m Sick” del Superfuzz Bigmuff (1990) junto a “When Tomorrow’s Hit” y “The Gift” de su primer álbum homónimo (1989), o “F.D.K.” del “My Brother the Cow” (1995). Hubo bis y el cierre lo pusieron dos de sus primeros singles “In ‘N’ Out of Grace” y “Hate the Police” dejando satisfechos a todos sus seguidores.  Al terminar el concierto que no pasó de hora y media, la sensación no era de haber visto un concierto de grunge, sino de rock del bueno. Es lo que tienen las etiquetas…Explosivos y contundentes. Un flash-back al auténtico underground de los 90.

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