N.A.M.B – B.M.A.N (Monotreme)

Es algo instintivo. Cada vez que oigo las palabras “álbum” y “conceptual” le quito el seguro a mi pistola. Algún inocente habrá caído por el camino pero es un acto reflejo que me ha salvado en más de una ocasión. Pero esta vez el caballo del malo no es tan lento como lo pintan y este humilde redactor ha tenido que luchar con un adversario de altura.

N.A.M.B
es un grupo turinés que nos presenta su segundo trabajo después de haber cosechado cierto éxito en su país natal. Las siglas de la banda no responden a ningún acrónimo definido, un día puede significar una cosa y otro día otra, depende del humor de sus componentes. Supongo que inmersos de lleno en el famoso síndrome del segundo álbum, decidieron crear un trabajo épico. Ni más ni menos que más de una hora de música, recorrida mediante dieciocho canciones, que se dice deprisa, relatando la historia de un robot en busca de su identidad. Igualito que la famosa película imaginada por Stanley Kubrick y que en su día destrozó Steven Spielberg. Su audacia les ha llevado a explorar la historia utilizando varios estilos musicales, desde el pop más lánguido, hasta un crudo post-rock pasando por momentos de lisérgica psicodélia. Imagino que según como los circuitos del pequeño robot percibieran cada situación en su insólita odisea.

El resultado es farragoso y cansino. Llevar más de tres cuartos de hora cambiando de registros sin que se note una conducción firme y razonada agotan a cualquiera. Hay más de una canción, especialmente las instrumentales más oscuras, que realmente clavan una atmósfera pero la inevitable zozobra estilística marea hasta al más osado. Hubiera sido mucho más de agradecer un disco con la mitad de minutaje y una severa poda para dejar crecer los brotes verdes que se adivinan.

Alguien dice que los Pink Floyd escribieron Dark Side of the Moon según los tiempos de “El Mago de Oz”. No sé si la cursi película de Spielberg les ha servido como faro a los N.A.M.B. pero para el próximo disco les recomendaría cualquier capítulo de “Seinfield”. Es más divertido, es más ingenioso y no pasa de la media horita.

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