Of Montreal – Razzmatazz (Barcelona)

Uno no está acostumbrado a ver a grupos como Of Montreal pasearse por aquí a intervalos tan cortos: dos veces en apenas un año y medio… después de todo, España no es exactamente el centro del mundo y Of Montreal, en cambio, si que son uno de los grupos que, te gusten o no, marcan tendencias y son capaces de fabricar ideas y generar maneras de renovar la música (por muy chorra que suene). Bueno, más o menos, no quisiéramos ponernos trágicos. Pero sí que son, sin duda, un grupo con algo más de fuerza y ganas de provocar de lo habitual y con un Kevin Barnes a la cabeza que es capaz de desenterrar el sonido ya algo olvidado del pop psicodélico con un estilo que mezcla lo lírico, lo literario y lo puramente surrealista, y todo eso con apenas el mínimo más mínimo de electrónica.

¿Y qué mejor escenario para el estreno en Barcelona de su Skeletal Lamping, disco purista del estilo de sus autores donde los haya, que la discoteca Razzmatazz a las tres y cuarto de la mañana, en pleno subidón de las bandadas de adolescentes empastillados? Of Montreal subieron al escenario con toda la parafernalia esperable: capas, chaquetas de piel lila, pelucas rojiverdes, gafas de sol, chapines lisérgicos, instrumentos coloristas y dos tipos enfundados en disfraces de buda dorados, además de un sólido muro de sonido pop que no falla en generar un ambiente festivo – a pesar de que el público, en general, ya lo llevaba puesto.

No sé si las tres veces que un servidor les ha visto bastan para generalizar, pero vistos una vez más creo que se puede decir con toda humildad que perderse un concierto del grupo de Athens (¿Qué debe haber en esa ciudad? De ese ignoto pueblo de Georgia vienen REM, B-52, Neutral Milk Hotel, etc…) es tener muy pocas ganas de divertirse. Cuesta hoy en día ver un grupo que combine el gamberrismo de los Monty Python con el buen hacer y la creatividad de un grupo de pop como existen pocos. Si hay que decir algo en su contra es que nuevamente dejaron de tocar sus temas más complejos y, dicho subjetivamente, mejores, como “The past is a grotesque animal” o “My british tour diary”, para centrarse en su último disco y en sus canciones más puristas y temáticas. Pero el resto estuvo presente, incluido el ver a Kevin Barnes acabar el concierto en calzoncillos o ver a los actores que acompañan al grupo (sus “bailarines”) hacer shows de mimo en escena, o incluso darse cuenta de que los componentes de la banda han consumido mucho más licor o estupefacientes que todos los comensales de la discoteca juntos. Verdaderamente el espíritu del rock’n’roll destilado y esparcido por el escenario y sus zonas adyacentes; al final, es exactamente lo que uno anda buscando cuando va a un concierto que empieza a las tres y cuarto de la mañana.

¿Al final? Of Montreal no van a revolucionar la historia del rock, pero en cambio es casi imprescindible ir a verlos si uno tiene la suerte de que visiten su ciudad. Viendo la efervescencia creativa que llevan últimamente, y con un poquito de suerte, parece que los volveremos a ver antes de poco tiempo. Y si os los perdéis otra vez, es que definitivamente habéis dejado de ser los entrañables bohemios quinceañeros que aún creíais ser.

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