Pearl Jam – Backspacer (Universal)

Según la Wikipedia, se denomina barbecho a la tierra que no se siembra durante uno o varios ciclos vegetativos, con el propósito de recuperar y almacenar materia orgánica y humedad. Sé que esta es una forma bastante anormal de empezar una reseña, pero es que no puedo evitar que la palabra barbecho me venga a la cabeza cada vez que pienso en la carrera de Pearl Jam durante la década que está a punto de terminar. Y si el objetivo era almacenar materia orgánica, el éxito quedó más que demostrado con su excelente Pearl Jam (2006).

Pero, tres años después, la cosecha sigue dando sus buenos frutos. Backspacer es otro gran disco repleto de material orgánico, vivo, vibrante, compacto. Como la banda, a la que se adivina más suelta, liberada de complejos, remordimientos y deudas con el pasado. Creo, quiero creer, que Pearl Jam han hecho este disco pensando únicamente en generar energía rockera y lanzarla al exterior en forma de canciones. La producción de Brendan O´Brien, de vuelta con la banda, puede haber influido en ese filo guitarrero que, aunque menos cortante que en otras ocasiones, sigue siendo marca de la casa. Pero, insisto, detrás se intuye una banda en muy buena forma: McCready y Gossard se entrelazan a la perfección; la sección rítmica con Ament y Cameron está como en sus mejores tiempos, y Eddie Vedder sigue rugiendo desbocado a veces, más trotón otras, ganando en temple y en esa capacidad que tienen los rockeros maduros de conectar con el oyente sin necesidad de aspavientos. El brutal inicio del disco, con “Gonna see my friend”, “Got some” y “The fixer” de un tirón, es buena muestra del momento inspirado que vive el grupo.

Con “Johnny Guitar” el nivel parece decaer por un instante, pero era casi imposible mantenerlo tan alto durante todo un disco aunque sea breve (no llega a 37 minutos). A continuación la emocionante “Just breathe” dividirá a los oyentes: algunos creerán estar escuchando a, ejem, Neil Diamond; puede que otros se lleven las manos a la cabeza y recuerden como O’Brien ya arruinó (eso dicen) con violines el “Working on a dream” de Springsteen; finalmente quedamos aquellos que, con mejor voluntad, recordamos “Man of the hour” y agradecemos el interludio intimista y melancólico.

“Amongst the waves” es el puente perfecto para llegar hasta “Unthought known”, para mí la joya escondida del disco, con una progresión melódica e instrumental excelente y con unos contrastes de ritmo y velocidad que emocionan. Pero si hablamos de ritmo y velocidad, ahí quedan “Supersonic” y “Force of nature”; mientas que si buscamos emoción, “Speed of sound” y “The end” no defraudan pese a su tono de canción menor dentro del disco.

Sé que habrá die-hard fans de toda la vida que no estarán de acuerdo con mi visión del disco. Aquellos que siguen aguardando otro Ten (1991), casi 20 años después, deberán seguir a la espera de manera indefinida. También veo venir los comentarios que hablarán de AOR, de comercialidad, de pérdida de la rebeldía y energía juveniles, de disco acomodaticio, de exceso de optimismo o a saber qué otros defectos. Pero habrá mucha gente, seguro, que sabrá apreciar en este Backspacer las cualidades que la madurez y la estabilidad aportan a una buena banda de rock. Porque, no nos sigamos engañando, aquello del “grunge” era una etiqueta pasajera, comercial, orientada a la moda y volátil en la que se encasillaron churras junto a merinas: Pearl Jam eran y siguen siendo una gran banda de rock. Y ahora se lo creen, han tomado impulso y están en condiciones de estar entre los principales candidatos a asaltar el trono que algún día deberán dejar vacío los Stones.

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