Port O’Brien – Threadbare (City Slang)

2009 ha sido un año en que el infortunio se ha paseado por una buena parte de los cuarteles generales del folk estadounidenses. Sin duda a todos nos vienen a la memoria los, por ejemplo, tristes e injustos decesos de Jack Rose y Vic Chestnutt, que nos han estremecido a los que les seguimos la pista los últimos años. Y al mismo tiempo, constatamos que algunos de los mejores discos de este año han sido escritos en y por la pérdida de amados compañeros de viaje de nuestros protagonistas. Elvis Perkins, por ejemplo, nos ofreció un estupendo disco donde el fantasma de la prematura y absurda muerte de su madre le empujaba a plasmar en sus canciones el largo duelo y el esperado renacer. Bill Callahan firmaba su maravilloso trabajo a través de los amargos recuerdos de la ruptura con su pareja. Y los Port O’Brien entran en la madurez creativa a través de un disco surgido de la tristeza a cause de la muerte del hermano de la cantante Cambria Goodwin.

Quizás a los Port O’Brien los metimos demasiado deprisa en la saca de la llamada Nueva Psicodelia americana. Su anterior disco, abanderado por la alegre y pegadiza “I Woke Up Today”, les parecía acercarse a grupos como los Fleet Foxes, Grizzly Bear o Dodos. Con Threadbare, en cambio, nos ofrecen una cara mucho más reposada, sencilla, con el dolor escurriéndose por las canciones especialmente cuando es Cambria quien canta. De la feliz despreocupación del “All We Could Do Was Sing” pasamos por el doloroso y gastado trance del duelo y a darnos de bruces con otra realidad tal y como se describe a lo largo de Threadbare. Un enorme cambio para un grupo que publicaba su primer disco apenas hace dos años.

De momento, aprendamos a disfrutar de un disco que supera en calidad, y por bastante diferencia, a su predecesor. Como ya hemos dicho, la tragedia y el dolor han protagonizado alguno de los mejores discos del año pasado y este álbum es un gran ejemplo. De un pasado de pop folk divertido pero sin lugar a dudas vacuo y olvidable, pasamos a un disco parido con dolor pero que crece sano y fuerte y se resiste a ser un mero hilo musical para salas de espera de dentistas modernos. Sin caer nunca en el patetismo, y dejando que las canciones fluyan con fuerza y compensadas, a su conclusión nos deja un poco tocados pero con ganas de volverle a dar al play. Cuando unos caen, otros se levantan.

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