Presentación Wintercase – Joy Eslava (Madrid)

La presentación de la sexta edición de Wintercase fue un purgatorio donde expiar nuestros pecados. El silencio y el respeto reverencial durante las actuaciones fue extremo, motivado por el ambiente litúrgico imperante; la coherencia y consonancia del cartel concibieron una noche extraordinaria y purificadora.

Mishima salieron con la sala aún casi vacía armados con dos guitarras acústicas y un xilófono. Su propuesta tiñó de intimismo otoñal los primeros compases de la velada combinando primerizas canciones en inglés con temas en catalán -su mayoría- entre los que presentaron alguno de su inminente cuarto trabajo. Ajeno a ese weird folk tan de moda y tan perjudicial, su vocalista destilaba estilo en un cruce equilibrado entre Mark Kozelek y Joan Manuel Serrat.

Jason Pierce defendía su legado como Spiritualized Acoustic Mainlines: un cuarteto de cuerda, tres voces de coristas gospel y un piano rhodes, fue la compañía que trajo. Pese a tener que lidiar con problemas de acoples de sonido en la primera parte del show y un exceso de homogeneidad en la impecable interpretación de los temas, el ex-Spacemen 3 extrajo la espiritualidad de su cancionero magistralmente en temas como “Lord let it rain on me” o “Cool waves” -aplaudidísima-. La versión de Daniel Johnston “True love will find you in the end” fue su momento más esperanzador y bello, y a partir de “Soul on fire”, el ritual cansó a algunos y abstrajo a otros hasta llegar a un apropiado final con “oh happy day”.

It’s not how far you fall, it’s the way you land, segundo trabajo de Soulsavers, es uno de los mejores discos del ejercicio. Y para demostrar su valía, esta era la prueba de fuego. Las tenebrosas brumas pregrabadas del inicio de “Ask the dust” precedieron a la irrupción de Soulsavers. La banda de acompañamiento sonó sólida y arisca, hasta con tres guitarras echando humo en ocasiones. Ya con “Ghosts of you and me” surgió Mark Lanegan, tan esquivo y magnético como siempre. Con “Kingdoms of rain”, percibimos que esta es la banda que mejor le ha pertrechado desde que los hermanos Conner le secundaran al frente de Screaming Trees. “Spiritual” nos consiguió disolver en humedad de ojos y contracción de poros pese a no estar a solas en nuestro cuarto y “Revival”, tema capaz de borrar lo ocurrido durante las casi tres horas anteriores -y que en directo suena a gloria- mereció el enfervorizado encuentro con una audiencia que, lejos de ello, mostraba caras de topo. Quizá fuese yo el que no entendía nada.

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