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Segunda jornada del Wintercase en Valencia

Segundo día del Wintercase 2002 en Valencia, un domingo de frío moderado y húmedo, para quedarse en casa… y sin embargo, saber que Death In Vegas ofrecerán una actuación en un par de horas hace que cualquier signo de pereza se disipe de mi mente inmediatamente…

La segunda jornada del festival comenzó con una mala notícia, la rubia Allison no actuaría en la ciudad por razones ajenas a la organización del Wintercase, (así que tendremos que esperar otra ¿improbable? ocasión para escuchar las canciones de su último álbum «We are Science»).

Alex Torío fue el encargado de abrir la noche, difícil y ardua tarea, sobre todo contando con un público reducido que no facilita el trabajo. Ante eso, sentido del humor, por supuesto. El cantautor comenzaría el concierto con unas cuantas frases irónicas y seguiría hablando entre canción y canción, intercalando historias con sentido, jugando con lo absurdo y explicando el contenido de algunos de los cortes de su álbum debut Last´s years man.

Su directo fue cálido y familiar. Alex Torío llegó en esta ocasión acompañado por su su banda (que incluye una flauta travesera entre otros instrumentos). Posee una voz quebrada y áspera, idónea para ese rock-folk de fuerte carga poética. Quizás no era el mejor momento (las ocho de la tarde) o el mejor día (un domingo), quizás fue eso lo que hizo que la actuación resultase menos conmovedora de lo se esperaba.

Media hora más tarde teníamos sobre el escenario algo completamente distinto. Clearlake, un cuarteto ingles con tres discos editados, inundó la sala con los sonidos de su acelerado pop-rock. Presentaban su último álbum Cedars y ofrecieron un concierto que fue de menos a más en cuanto a intensidad.

La sala ya se había llenado en los momentos finales de la actuación de Clearlake. Le tocaba el turno a Death In Vegas, uno de los baluartes del rock del siglo XXI. Richard Fearless y Tim Holmes iban a acompañar su música con proyecciones frenéticas y ásperas. Junto a ellos, una banda formada por dos guitarras, bajo, batería y teclados. Todo parecía presagiar lo mejor, y así fue.

Una hora y media para deshojar los cortes de sus dos últimos discos Scorpio Rising y The Contino Sessions y una actuación que básicamente consistió en una simbiosis hipnótica de rock y electrónica.

Death in Vegas son sobrios sobre el escenario, en su concierto no hubo aspavientos ni poses, muy pocas palabras y todavía menos guiños al público. Los músicos sólo mostraron una férrea concentración que se contagiaba a través de la música, en una especie de catarsis colectiva dirigida por las guitarras, que fueron protagonistas indiscutibles de su directo.

Tras la ausencia de Dot Allison se presagiaba un pequeño bajón en el público… pero gracias a la intensidad de Death in Vegas lo superamos y estamos con ganas de enfrentarnos a Flaming Lips y compañía. Esperemos que el nivel siga siendo tan alto…

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