Sr. Chinarro

La Primera opera Envasada Al Vacío fue como el disco de la crisis de la madurez.

LOS ÍDOLOS TAMBIÉN COMEN

Artículos, críticas y entrevistas han ayudado (y servidor es el primero en entonar el mea culpa) a que tengamos una imagen un tanto distorsionada de Antonio Luque como una especie de monstruo genial mitad poeta alternativo y mitad Chiquito de la Calzada. Y sin duda, tiene algo de ambos. Pero los árboles de las ocurrencias y los disparates no han de impedirnos ver el bosque de la obra con sentido y sensibilidad. Con motivo de la publicación del séptimo álbum creativo de Sr. Chinarro, El ventrílocuo de sí mismo (Acuarela, 2003) charlamos un poco de todo con Antonio Luque. Amable, centrado y hablador, estas fueron sus palabras.

En septiembre se cumplirán diez años desde la publicación del primer disco de Sr. Chinarro, el Ep Pequeño Circo. ¿Qué has aprendido musicalmente desde que empezaste?

Bueno, he aprendido… ¿sintéticamente? Que el bombo tiene que ir con el bajo, que los acordes de guitarra mejor cuanto más simples y que no se deben mezclar las pistas de teclados con las de voz, porque la voz desaparece. Eso es lo que he aprendido.

Una vez dijiste que lo que te impulsaba a componer una canción era “la sensación de absurdo”. ¿Fue esa misma sensación la que te impulsó a formar un grupo?

Bueno, con doce o trece años yo ya sabía que quería tocar en un grupo. Jugaba al tenis con mi padre y yo me pasaba todo el tiempo tocando la guitarra con la raqueta. O sea, me gustaba por un lado, y luego por otra parte, detestaba todos los temas de los que se hablaba en el colegio: juegos de ordenador, chicas… Bueno, la verdad es que hablar de chicas está bien, pero no en aquel tono (risas). Entonces nos reunimos unos amigos de mi pueblo y empezamos. Tocaba la batería un tío que era el vaquero del pueblo, era el más listo de la clase, pero dejó los estudios para dedicarse a las vacas. Pues usaba como batería una máquina de escribir, le metíamos un folio doblado y era la batería (risas). Ten en cuenta que entonces no había… bueno, había ordenadores pero yo no tenía. Lo más gracioso es que conseguimos hacer una canción que no estaba muy mal. Todo era como de broma. No sé, nos juntamos los tíos raros de la clase… Sobre todo, lo que teníamos era ganas de no hacer lo mismo que hacían los demás.

En el periodo entre El por qué de mis peinados y Noséqué-nosécuántos, Sr. Chinarro gozó de bastante repercusión en los medios (los especializados, claro está) y algunos pensamos que podríais dar el salto y llegar a un público más amplio…

Perdona que te interrumpa pero, ¿quién pensó eso?

Pues… por ejemplo, yo.

¿Tú lo pensaste? ¿De verdad que te imaginabas una masa de gente allí tarareando “En el panal”?

Hombre, “En el panal” no, pero sí canciones como “El tío de la cabra” o “El idilio”. No me refiero a algo como Operación Triunfo, sino a una cosa intermedia.

¿Como Amaral? Hubiera estado bien…

¿Alguna vez en estos diez años tuviste la pretensión de vivir de la música o creíste que podrías llegar a hacerlo?

Pues… no.

¿Te conformas viendo cómo Sr. Chinarro tiene un techo y nunca va a ser un grupo para las masas, ni siquiera las, digamos, “alternativas”?

No me conformo, no. Pero (risas) ¿qué le hago? No, a mí lo que me gusta es que cada vez los discos me gustan más a mí.

Sr. Chinarro es de los pocos grupos surgidos a comienzos de los noventa que sigue en activo y con buena salud. El resto, como Penelope Trip o El Niño Gusano, se quedaron por el camino o, en el caso de Los Planetas, han logrado un éxito comercial que les permite vivir de su música. ¿Alguna vez en estos diez años has sentido cansancio o hastío y te has planteado dejar la música?

Sí, sí. Cuando volví de Nueva York pensé que no iba a volver a tocar música y vendí la guitarra eléctrica. Y a los dos meses la volví a coger. No se puede decir “Yo era músico y tocaba…” Es como un vicio que te llevas a todas partes. Como el mono de tabaco.

¿Qué pensaste cuando te dijeron que se había fundado un club de fans de Sr. Chinarro, en cuyo fanzine se publicó un relato donde te morías, por cierto?

Eso me han contado. Me parece que no les traté muy bien. Yo creo que ellos se pensaban que iban a recibir objetos míos, no sé, maquetas… Por otro lado, no me va ese rollo de la adoración. A mí me gusta que alguien me diga que oye mis discos, que se los pone en su casa y, no sé, le entran ganas de volar. Pero más allá, ya el rollo personal… no lo comprendo mucho. Se agradece, pero…

Una vez leí una declaración tuya que me hizo gracia. Decías: “Yo nunca me he sentido un divo porque, no sé si por mi estatura o por mi tono de voz, pero nadie se ha acercado tras un concierto a decirme nada.” ¿Eres consciente de que tu leyenda como artista y persona difícil intimida a la gente?

(Risas) Pues, no sé por qué. Yo suelo estar alegre, reírme es lo que más me gusta del mundo. Hombre, sí es verdad que a veces estoy un poco de mala hostia. Pero si hay dos veces que estás de mala hostia y le has dado dos voces al teclista, porque ha hecho una idiotez, o al técnico de sonido y luego eso se magnifica, porque ya sabes cómo es esto, ¿yo qué le voy a hacer?

Hace poco actuaste por primera vez en Asturies, en Xixón. ¿Qué recuerdas de ese concierto? Parecía chocarte estar tocando en una capilla.

Miraba al techo porque me daba mucha vergüenza. Generalmente en el escenario hay un foco que hace que no vea nada y eso es mi tabla de salvación. Y en la colegiata no había nada, y después, ese silencio…

Músicos como Nacho Vegas, J de Los Planetas o David Rodríguez de Beef han declarado su admiración por Sr. Chinarro. ¿Es una admiración mutua? ¿Escuchas música española actual?

Yo no creo tampoco que ellos me escuchen mucho, que se pongan mis discos en casa… Ellos me admiran a mí, yo les admiro a ellos. Pero como músicos que no estamos aquí haciendo el tonto, que hacemos canciones lo mejor que podemos y que no están mal, y que tenemos la necesidad de componer música. No formamos parte de aquella otra caterva que asoló la mini-infraestructura que se organizó alrededor de esto a comienzos de los noventa. Yo escucho a Los Planetas, de Nacho Vegas no tengo todavía el disco… pero es que yo apenas compro discos. Los que escucho suele ser porque me los graban, me los dejan…

¿Tus gustos musicales se limitan al pop y el rock? ¿Escuchas alguna vez “otras músicas”: soul, bossanova, hip-hop, flamenco…? Creo que alguna vez has comentado que el techno te parece “la música de El coche fantástico”…

Bueno, eso lo dije de una canción de The Chemical Brothers en concreto, una que es idéntica a la de “El coche fantástico”. Creo que era… ¿del primer disco? No, el siguiente, ¿cuál era? ¿El de Dig Your Own Hole? Pues ahí creo que la tienen. ¿Te acuerdas del “tik-tiki-tiki-tiki” (risas)? Igual lo han sampleado de allí, que no te extrañe nada. Pero la música electrónica me gusta. De hecho ahora no, pero yo he ido a discotecas y tal a bailar. Bueno, a bailar no, a flipar, hablando con propiedad. Son canciones con una estructura muy trabajada, basada en la repetición de loops, el efecto mantra, el tratamiento del sonido… Aspectos que me interesan. En cuanto a otras cosas, me gusta la música de orquestas: Bartok, Debussy, Ravel, Satie, claro. De hecho, los únicos discos que me he comprado últimamente son de ese tipo de música. De esos no me los deja nadie (risas). Una cosa que nunca había dicho: también me encanta Sinatra. O el francés Gainsbourg. Y soul apenas he escuchado, pero gustándome como me gustan la música de orquestas y el Nixon de Lambchop, pues me gustará. A mí me gusta la de ¿Marvin Gaye?, la de “Mercy, Mercy Me”.

¿Cuál es el disco que más veces has escuchado?

Pues… Yo creo que probablemente el disco que más veces he escuchado seguro que hace tiempo que no lo escucho. Aunque recuerdo épocas de escuchar el mismo disco una y otra vez, horas y horas. Supongo que el disco que más habré escuchado será alguno de The Cure o de The Smiths. Sí, de The Smiths, el The Queen Is Dead.

Vamos a hablar de tu último disco, El ventrílocuo de sí mismo. La presentación es preciosa. ¿Puedes hablarnos de la portada? ¿El autobús que aparece es un autobús de Sevilla?

Sí, el autobús que aparece es un autobús de Sevilla, en una plaza nueva. Los autobuses son un sitio muy extraño, lleno de personas que van a sitios distintos pero que viajan todas juntitas las unas al lado de las otras, hasta tocándose. Yo los odio. Suerte que mi padre me compró una Vespino, que es la que he utilizado desde los quince… hasta ahora a los treinta (risas). Es una forma muy sevillana de morir, eso de ser aplastado por una palmera…

Un par de canciones, de las más aceleradas (“Me hipotecaré a –20ºC”, y “Pelillos a la mar”), tienen un aire de rockabilly. A mí me recuerdan a los temas rockabilly de los Smiths, como “Shakespeare’s Sister” o “Vicar in a Tutu”. ¿Puede venir por ahí la influencia? ¿Qué opinión te merecen las carreras en solitario tanto de Morrissey como de Johnny Marr?

Puede ser, no lo había pensado. De Morrissey sólo me gusta el primer disco. Porque básicamente era… bueno, el batería da un poco igual, el bajo también da un poco igual, y la guitarra, había quitado a Johnny Marr para meter a Vinny Reilly de Durruti Column, que es un grupo que me encanta. Mi canción favorita del disco es “Bengali in Platforms”. A Morrissey ya le perdí la pista tras el primero. Y Johnny Marr sigue tocando muy bien la guitarra, pero forma esos grupos tan extraños… Supongo que la magia de The Smiths era la conexión entre los dos: cada uno le quitaba el punto macarra al otro.

El disco suena especialmente luminoso. ¿Se quitará Sr. Chinarro de encima el sambenito de “grupo triste”?

Está claro que el grupo tiene un matiz melancólico más que triste, y en los últimos tiempos yo creo que a base de ironía estoy saliendo un poco de la tristeza. Es una cuestión vital. A medida que creces aprendes a tomarte las cosas de otra manera. La Primera Ópera Envasada al Vacío fue un poco el disco de la crisis de madurez.

En los últimos tiempos mantienes un ritmo frenético de publicaciones, entre singles y álbumes. ¿Vas a mantener ese ritmo grabando algo nuevo pronto o te vas a dar un descanso?

Ya tengo siete nuevas canciones compuestas (risas), todavía sin letra. Supongo que dedicaré el verano a la cuestión de escribir las letras, en otoño grabaré la canción de otoño y en invierno estaré grabando. Lo bueno sería ser Chinarro on-line. No Chinarro, sino toda la música. Que la gente pudiera escuchar las canciones en cuanto están hechas. Si el músico fuera una mamá, cuando estuviera embarazada de nuevo, se olvidaría por completo de sus otros hijos. Además, los niños se ponen celosos ya cuando ven la barriga de la madre. Yo hago esto de las entrevistas porque Claudia (nota: responsable de promoción de Acuarela) dice que es bueno hacer promoción y porque es un placer hablar con vosotros. Porque en general no sé habla mucho del último disco sino de cosas más generales. Menos mal, porque yo ya tengo la mente en las nuevas canciones, y sólo pienso en el último disco para descubrir cosas que mejorar, etc.

Por último, ¿cómo estáis preparando vuestra actuación en el Festival de Benicàssim?

Supongo que haremos una selección de temas de varios discos. Mis recuerdos de Benicàssim son en su mayoría muy buenos. Se está mejor del lado de los músicos, dónde va a parar: piscina, barra libre… una orgía contínua. Es como todas las bodas deberían ser, sólo que al final cuando acabas estás soltero. Mucho Passport. No soy muy festivalero, entonces lo que hago es emborracharme y ya luego todo da igual.

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