Standstill – Sala Mirror (Valencia)

Hacía alrededor de tres años que Standstill no tocaba en Valencia. Lo dijo el propio Enric Montefusco al comienzo de un concierto que empezó con cierto retraso. Su regreso a la ciudad de las farolas y de la trama Gürtel estuvo marcado, en cierta medida, por una demora de aproximadamente media hora; ésta propició una aceleración de los tempos del directo (cuando se retiraron para el bis apenas dio tiempo de que el público reclaramara su regreso) y, probablemente, un concierto demasiado corto (cerca de hora y cuarto).

Aún así, mirándolo desde el otro lado del espejo, cantidad no es calidad y, además, la brevedad fue compensada con importantes dosis de intensidad. Poco hay que decir a estas alturas ya del comportamiento de Standstill sobre un escenario; impecables en el apartado técnico, los extras llegan cuando los de arriba del escenario se funden con los de abajo. Y la manera en la que Enric acabó aporreando el teclado en la funeraria “Todos de pie” dejaba claro que por ellos no iba a quedar.

Standstill al completo se entregó a la noche valenciana sin excepción. Suponemos que hasta la procesión interior de Ricky Falkner estaba, aquella noche, alterada y jaranera como en las mejores veladas a pesar de su habitual semblante sobrio. Estaban enchufados, y lo que antes de empezar era una presunción acabó confirmándose con vehemencia dada la unión entre unos y otros: aquella iba a ser una noche de himnos. Tras la maravillosa “El resplandor” y “El porqué de hablar solo” llegó la primera ocasión ideal para hablar de verdad con el “estaría muy bien” de “La mirada de los mil metros”; y la segunda, con la aclamada “Adelante Bonaparte II”, que alcanzó el punto G de más de una.

Lo que nos lleva a otra de las reflexiones de la noche: los karaokes salen mucho más baratos que un concierto. No es que esté en contra de que el público cante en un concierto, faltaría más. Otra cosa es hacerlo indiscriminadamente sin tener en cuenta si está tocando la banda a todo volumen o simplemente se trata de un tipo con una acústica. Este análisis también viene propiciado porque en algunos momentos, por mi situación o por la acústica general de la sala, escuchaba más a la masa que al propio Enric.

El tercer himno llegó con el “no hay dolor” de “Poema nº3”, colocada entre las preciosas intepretaciones de “La familia inventada” y “Cuando ella toca el piano”; en esta última, por si quedaba alguien que no estaba rendido, Enric terminó de meterse al público en el bolsillo con el oportuno cambio en “… y Valencia sobrevivirá”.

De ahí al final, con un bis de por medio, se dedicaron a ofrecer lo que la gente quería: “¿Por qué me llamas a estas horas?, “1, 2, 3 sol”, “Feliz en tu día”, “Cuando” y una bonita intromisión del ultimo disco (“Elefante”). Terminaron con “Adelante, Bonaparte I”, después de que Enric se asegurara de que aún quedaba tiempo para una más consultando el móvil de una espectadora.

Ése fue el final de la noche, con el público aplaudiendo a Standstill y Standstill aplaudiendo al público. Y con la promesa de volver pronto. Estaría muy bien.

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