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25 años de El Cuervo y su banda sonora: Un homenaje

Sería verano de 1996, cualquier día de julio o agosto. Madrid era un desierto y hacía mucho calor. Lo normal. Era por la tarde, un amigo y yo habíamos estado dando una vuelta por tiendas de discos, comprando alguno de segunda mano y tal. No recuerdo por que calles transcurríamos cuando mi amigo alzó la vista al cielo y me dijo: Mira, ¿a que se parece a la casa de El Cuervo? Se refería a un edificio alto, edificado en una calle muy estrecha para dicha altura. Y tenía razón, recordaba mucho a la casa en la que viven Eric y su novia en la película. Hacía un par de años que El Cuervo se había estrenado y la huella que había dejado en mi generación había sido profunda. Muy profunda. Mi amigo era lo más punk que podías echarte a la cara en todos los aspectos, yo era simplemente un adolescente rockero marca blanca, pero para los dos El Cuervo significaba mucho. Había sido una de las grandes películas de 1994 junto a Asesinos natos, Pulp fiction, Stargate y Entrevista con el vampiro y tuvo especial calado entre los chavales musiqueros. Algo lógico, El cuervo era puro rock and roll. Mi amigo y yo miramos embelesados el edificio y eso que ya lo había visto en otras ocasiones y ahora me lo estaba descubriendo a mí. En realidad en todas las ciudades puedes encontrar un ático con tejadillo en pico y ventanón circular, pero ahí estábamos los dos ensimismados, sintiéndonos como si habitáramos la película durante unos segundos.

 

¿Por qué era tan rockera una película como El Cuervo? Porque era un historia de venganza. A Eric y a su novia les matan. Y este vuelve de la tumba para llevarse por delante a todos los que cometieron tan cruento crimen. Y el rock and roll es una historia de venganza en sí: El paria, el raro, el freak, conquista a las masas. Si eso no es una historia de venganza con final feliz, ya me diréis qué es. Recuerdo perfectamente cuando vi el tráiler en la tele. Fue en casa de mis abuelos. Tenían antena parabólica por lo que podía ver la MTV alemana, que era fuente inagotable de diversión entonces (¡gracias a ella descubrí a Nick Cave!) y allí emitieron el tráiler de The Crow. ¿Dónde mejor? El Cuervo era una película con estética de videoclip. ¿Tenía el argumento más complejo del mundo? Evidentemente no, pero es que no era lo suyo. Era simple y llanamente el placer de la venganza ficticia, con una estética entre siniestra y rockera, escenas de acción muy cool, el carismático Brandon Lee de protagonista, una banda sonora que alucinabas y… ¿te parece poco? ¿Cómo no iba a conquistar los corazones de los adolescentes musiqueros? La promoción de la película iba forzosamente unida a la triste circunstancia de que Brandon Lee murió rodándola. Eso la dotaba de un halo legendario, se quiera o no, especialmente en una época aún sacudida por el suicido de Kurt Cobain.

 

Evidentemente, lo de Lee no fue suicidio, sino un accidente, pero el drama estaba asentado en la cultura popular como parte del zeitgeist. El caso es que, y sin querer sonar frívolo, el hecho de que Alex Proyas fuera capaz de sacar la película adelante tenía algo de heroico y épico, también mucho de homenaje, y eso, repito, aunque no se quisiera, beneficiaba a la película. Veías los making of que pasaban por la televisión y alucinabas con cómo habían sido capaces de recortar fotogramas, jugar con ellos y crear nuevas escenas. Pero al margen de todo eso, el gran homenaje a Brandon Lee se lo hizo el propio Brandon Lee, ofreciendo una muy buena interpretación con momentos dramáticos bastante profundos.

 

Pero no solo había que ver la película, sino que tenías que comprarte el vhs cuando saliera y, por supuesto, la banda sonora, que merece mención aparte: The Cure con “Burn”, un tema nuevo potentísimo (un poquito “Fascination Street” a ratos, cierto), Nine Inch Nails, Henry Rollins y Pantera versionando a Joy Division, Suicide y Poison Idea respectivamente, Stone Temple Pilots con una de sus mejores canciones… guau. Había más, pero esos eran mis favoritos, aunque cada uno podía empezar a comerse el plato por donde quisiera.

 

Además, si te gustaban los cómics, la editorial Glenat puso a la venta la serie original de The Crow, la fuente de la que partió todo y que la película adaptó. Ahí descubrías el gran trabajo que hizo el creador, guionista y dibujante James O’Barr, su arte salía del corazón y eso se apreciaba a borbotones en cada trazo. De hecho, The Crow fue para él una obra terapéutica relacionada con la muerte de su novia siendo muy joven. Leyendo esas páginas, también se notaba que el dramatismo que de alguna manera ahoga al personaje principal era algo real. Aunque había muchas diferencias entre el cómic y la película, la base era la misma y la fidelidad quedaba salvaguardada.

Entre una cosa y otra, uno podía sumergirse a lo bestia en el universo del Cuervo. Tenías todo a tu disposición: La sala de cine, el vhs después, la banda sonora, el cómic… hasta el maquillaje de tu madre para disfrazarte en Halloween. Era bastante fácil de hecho, a mínimo que tuvieras el pelo un poquitín largo y en el armario ropa negra lisa. Puedo ser demasiado fan, pero creo que el tiempo ha pasado muy bien por la película (por el cómic, por descontado), Proyas hizo una muy buena dirección (con un presupuesto muy justito) y sigue teniendo escenas que ponen los pelos de punta, como la misma moraleja de la película: No puede llover eternamente.

Escucha la banda sonora al completo

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