50 años de Hot Rats de Frank Zappa

1) Si te obligasen, a punta de pistola, a elegir un solo álbum de la vastísima discografía del inetiquetable guitarrista Frank Zappa y 2) si no eres habitual seguidor de este artista: no lo dudes y audiciona el barroco, pionero y singular Hot Rats, el cual cumple hoy mismo 50 años desde su publicación.

Esta suprema hazaña musicada, este país sonoro sin ley, este éxtasis de cualitativos acordes – el cual debería vivir en todas las estanterías de los melómanos de tímpanos más aventureros – supone uno de los puntos más álgidos, desatados, desafiantes, espectaculares y pasmosos de cualquier época del rock, de la fusión jazz, del blues y quien sabe de cuantos más estilos; magistralmente hilados éstos entre sí. Ni siquiera el término “virtuoso” hace justicia a Zappa cuando decidió despertar a las “Ratas Calientes”, el 10 de octubre de 1969, ya que el rompedor órdago vuela todavía más allá, como era habitual en este osado, ultra-experimental, controvertido e incomprendido genio.

En aquellos momentos de su prolífica carrera, este artista se había tomado un segundo respiro (sumado éste a la producción del orquestal LP Lumpy Gravy) acerca de su liderazgo de la extravagante, paródica y caótica banda Mothers of Invention, cuya mentalidad de radical empirismo no le tuvo nada que envidiar a la de Pink Floyd o a la de Velvet Underground, durante la segunda mitad de los años 60.

Por lo tanto, con Frank en solitario y una vez redireccionadas y siendo más maduras sus intenciones interpretativas, en 1969, la terrorífica y perfeccionista exhibición que desarrolla este casi clandestino guerrillero de Baltimore a las seis cuerdas, en este minutaje “rateril”, te hace dudar hasta el extremo de incluso si Jimi Hendrix es el mejor guitarrista de nuestra azulada esfera: algo que jamás me había cuestionado antes de escuchar Hot Rats (Bizarre Records). No nos disponemos a analizar demasiado aquí los sobrehumanos rasgueos, de 1969, de nuestro protagonista de hoy, ya que es mejor dejarse llevar por ese infinito, arrasador e hipnótico oleaje guitarrero que envuelve la totalidad de dicho LP. También son éstas instrucciones para el oyente que se embarque, por vez primera, en esta agitada y sofisticada nave sideral bautizada como Hot Rats.

La réplica como instrumentista total se la da aquí, al propio Zappa, otro cíclope interpretativo como es el organista, saxofonista, flautista y clarinetista Ian Underwood, compañero del genio, además, en el mencionado proyecto “Las Madres del Invento”.

Dirijámonos ya hacia el repertorio que nos ocupa.

F) La representativa “Peaches in Regalia” es ya un suculento entremés instrumental que precede a la avalancha posterior. Un imberbe Shuggie Otis como segundo bajo (el propio Zappa se hizo cargo de las otras cuatro cuerdas una octava por debajo de lo normal, logrando así doblar la velocidad) y Ron Selico (batería), respaldan los tres al mencionado hombre-orquesta Ian Underwood en esta especie de hermoso y sinuoso rock-jazz druídico, el cual también solía abrir los conciertos del propio Zappa en los años 70 y 80. Incluso algún programa de música de la BBC la adoptó como su sintonía de fondo.

R) Continua el rock-blues “Willie The Pimp”, el cual se retuerce de modo increíble y donde se incorpora, refulgentemente, la voz rasposa y tabernera de un viejo colega de Zappa, que no es otro que el anti-convencional Captain Beefheart, otra de las lujosas colaboraciones de este disco. A ésta, se le une además, la del colosal violinista Don “Caña de Azúcar” Harris, del que hablaremos un poco más adelante, aunque anticipar que Frank tuvo que pagar la fianza de este músico de Pasadena, el cual estaba encarcelado en ese momento y todo ello para que Don pudiera participar en el revolucionario álbum en cuestión. El propio Harris, quizás como agradecimiento, también intervino, muy destacadamente, en otros álbumes posteriores de Mothers Of Invention.

Por otro lado, en este mismo tema la extensa exhibición a la guitarra del mismo Zappa es una montaña rusa de tal calibre y osadía que, por un segundo, este artículo se queda mudo. Como anécdota comentar que, por ejemplo, el reputado guitarrista de Roxy Music, Phil Manzanera, trató de reproducir, en su casa, con su propia guitarra el solo “zappaístico” de esta canción y tuvo que detenerse agotado al no poder seguir la rapidez endiablada del autor original.

La letra en argot callejero de “Willie, el Chulo” habla, efectivamente, de un ficticio proxeneta que lleva a cabo sus actividades desde el Hotel Lido de Coney Island, en Nueva York, controlando a las prostitutas y a los adinerados clientes que acuden al sórdido encuentro. La ardiente frase que da título al álbum aparece también en estos versos: “Ratas calientes, carne caliente, raices calientes, muñecas calientes…”

Un paréntesis visual antes de proseguir con el cancionero. La mujer de la rosácea portada y que se oculta, parcialmente, en una cripta, se llamaba Christine Frka, una excéntrica californiana, además de “canguro” de una hija del matrimonio Zappa y por entonces novia de Alice Cooper. Ella también fue miembro de la banda, íntegramente femenina, Girls Together Outrageously (abreviada G.T.O.), a la cual el propio Frank produjo un infumable LP, titulado éste Permanent Damage. Esta descendente de yugoslavos falleció por sobredosis en 1972, tan solo 3 años después de la grabación de Hot Rats. Christine únicamente contaba con 30 años.

En cuanto a la técnica fotográfica infrarroja de la propia cubierta, un Zappa amante de las bromas sin sentido e de imágenes de impacto, le encargó el trabajo a Andee Nathanson (retratista también de Mick Jagger, Tom Petty, Gram Parsons, etc). Siempre fue un error atribuirle a Ed Caraeff la autoría del flash de dicho “front cover”.

N) Después irrumpe el fornido rock-jazz-blues (¿o es jazz-blues-rock? no sabría que género colocar primero aquí) “Son of Mr Green Genes”, el cual es una segunda parte instrumental y más desarrollada del tema (o mejor dicho “un hijo ilegítimo”) de “Mr. Green Genes”, la cual ya había ejecutado el genio en su álbum con los propios Mothers of Invention, Uncle Meat, también de 1969. El duelo de metralletas sónicas que Underwood (clarinete, piano y teclados) y Zappa (guitarra, por descontado) sostienen aquí es, sencillamente, una sucesión de explosiones que parecen no tener fin. ¡Es como si los instrumentos viajasen a la misma elevada velocidad que los pensamientos de los músicos!

K) “Little Umbrellas” (“Sombrillas”) te introduce en una especie de “thriller” de intriga, a través de un bajo sombrío y amenazante (Max Bennet toca en ésta y casi todas del LP) o con ese clarinete misterioso, responsabilidad del propio Ian Underwood. Se utilizaron en ésta y otras canciones del álbum varias técnicas de sobregrabación, es decir, ejecutando una considerable superposición de notas de varios instrumentos, la cual ofrece una idea de la complejidad de las piezas.

De tal modo, hacemos un segundo interludio para honrar al llamativo apartado técnico. Apuntar que Hot Rats se registró en los estudios TTG, en la ciudad de los Los Ángeles, con un artesanal, y a la vez, vanguardista equipo de 16 pistas, el cual practicamente nadie poseía a finales de los años 60 (tan solo los jazz-rockeros de Nueva York, Blood, Sweat and Tears) y que el guitarrista norteamericano exprimió todo lo que pudo y más. El propio Zappa, además, fue de los primeros que decidió grabar un LP probando piruetas que apuntamos antes, así como también, por ejemplo, una serie de desaceleraciones y aceleraciones de las cintas originales, provocando con dicho juego a los controles, que el resultado final mostrase un sonido modificado hacia algo más agudo.

El intérprete de Maryland con aquella privilegiada mesa de grabación (de lujo, por entonces) que le habían fabricado a medida sus ingenieros Dick Kunc, Jack Hunt, Cliff Goldstein y Brian Ingoldsby, consiguió también percusiones en estéreo (algo inédito hasta ese instante) y se adelantó 10 años al sistema digital. Después, en los primeros años 70, muchos músicos como King Crimson intentaron calcar este impactante “modelo Zappa”, de ingeniería musical.

Para hacerse una idea de la magnitud de todo esto, ya una mesa de 8 pistas en 1969, era de las más avanzadas y fue la que emplearon nada menos que The Beatles en grabar Abbey Road, por ejemplo.

Z) Agárrate ahora debido las siguientes curvas cerradas de esta carretera sónica, asfaltada ésta con un heterodoxo y agresivo free jazz / rock progresivo, es decir, la muy mutante y alucinante “The Gumbo Variations”. Comentar que si eres un adolescente aprendiz de violinista en la escuela de música y te dice algún profesor que tu instrumento no encaja en el rock, no pierdas ninguna de tus esperanzas ya que después de que escuches los escalofriantes e incontrolados vendavales que lleva a cabo Don “Sugar Cane” Harris en esta pieza, vas a querer abrazarle a este increíble músico y adherirte, para siempre, a este cautivador género musical.

Antes de dicha asombrosa cúspide del cardiaco violín eléctrico del propio Harris, el mismo Ian Underwood ya te había metido, sí o sí, en un primer y heróico “tour de force” rock-jazz a través de su exasperado y sprinter saxofón.

Y en la parte final, para rematar la incendiada fiesta “jam”, ya se encarga Zappa, de nuevo, con su ultra-salvaje guitarra de acabar con la poca resistencia que te hubiera quedado de hacer una reverencia a esta “The Gumbo Variations”; todo ello con ayuda de la bravísima batería de Paul Humphreys, por ejemplo.

P) Tras la alocada carrera, debía llegar el reposo final y esto sucede con el majestuoso ritmo jazzy, más puro y no tan tan distorsionado, como es “It must be a camel” ( significa “Debe ser un camello”) y donde también colabora otro prestigioso violinista como es el jazzman galo Jean-Luc Ponty (éste también llegó a tocar con Mahavishnu Orchestra y Elton John), de manera sobresaliente pero no tan épica ni anárquica como “Sugar Cane” Harris. Efectivamente, una pieza mucho más llamativa de lo que parece a simple oida, debido a que todos los intérpretes aparecen más jugando en equipo, incluso más acoplados entre sí que en temas anteriores con la intervención también, por ejemplo, de John Guerin a la batería.

Los descartes del disco como “Bognor Regis” o “Twenty Small Cigars”, por ejemplo, fueron canciones utilizadas para posteriores grabaciones del propio Zappa.

Hot Rats: 1) Uno de los 100 más espectaculares discos de 65 años del rock, llanamente proclamado. 2) Un fascinante y frenético laberinto transformado en disco y que si tienes paciencia y acabas captando su esencia, es para redescubrirlo y redegustarlo 999 veces dicho LP, de 1969.

3) Una obra que aunque es casi toda instrumental, se halla considerada como uno de los álbumes menos díficiles de escuchar de un músico único, explorador y muy muy peculiar como era Frank Zappa.

Un comentario sobre “50 años de Hot Rats de Frank Zappa

  • el 10 Octubre, 2019 a las 4:47 pm
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    Un flipe de disco. Zappa era inmortal, que dejen ya el holograma ese que usan

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