Alexandre Lacaze – Les Recifs de L`Espoir (Medusa Prod)

Hay un estilo de música francesa que bebe de los grandes clásicos como son Serge Gainsbourg, Françoise Hardy, Juliette Greco… Músicos que en los 60 interpretaron un pop imperecedero que incluso retumba en el trasfondo de muchas bandas y cantautores como Dominique A, Benjamin Biolay o Françoise Breut. El francoespañol Alexandre Lacaze -o L´Avalanche– bebe también de toda esta tradición y se muestra muy claramente en Les recifs de l´espoir. Un disco muy asequible para cualquier amante de la música pop francesa. Melancolía, nostalgia, belleza…. Palabras que impregnan las diez canciones del álbum creado por este músico nacido en Málaga y doctor en Historia del Arte.

El disco cuenta con referencias tanto literarias como cinematográficas tomando como referencias al cineasta François Truffaut -el padre de joyas como Jules et Jim o Les quatre cents coups– y el escritor Conrad -padre de El corazón de las tinieblas– junto a Stevenson -“La isla del tesoro”-. Piezas que tratan sobre el amor y sus relaciones, la vida, la esperanza o las historias del mar, de las que admite que es un gran seguidor.

El álbum lo abre ´Rue de la soif´, una pieza que engloba y da entrada al viaje a la chanson rock de Les recifs de l´espoir. Un canto lleno de melodías y arreglos preciosos que consiguen hipnotizar sobre todo en su estribillo. La dulce voz de Lacaze recorre todo el LP con cortes que se deslizan suavemente para impactar -de nuevo- con los estribillos, algunos de ellos seguidos por las guitarras eléctricas, sin aspavientos, ni tampoco inventos por descubrir. “Je serai là” canta el músico en otra de las mejores piezas de Les recifs de l´espoir. Los acordeones de “Coquillage” nos redescubren esa música afrancesada y su lado más melancólico que toma el cuerpo de nana. Sin embargo, también hay sitio para la contundencia a través de canciones como “Les fleurs immortelles”, y sus guitarras distorsionadas, para luego volver al pop de temas como “À quoi sert”, otra de las mejores piezas del álbum junto a la balada intimista y solitaria de “Ne pleure pas Jeannette”.

El calificativo de personal ha perdido en gran parte el sentido aplicado a un músico. Personal significa perteneciente o relativo a la persona y hasta el fin de los tiempos la música nace de las personas. Sin embargo, si personal va unido a palabras como genuino o único, el disco de Alexandre Lacaze podría calificarse como tal. El músico ofrece un viaje cálido utilizando la lengua francesa y el estilo de la chanson como motor. Y el viaje vale mucho la pena. 

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