Animal Collective – Strawberry Jam (Domino)

Empiezo a escuchar “Peacebone” y en lo primero que pienso es en el bueno de Daniel Johnston grabando cassettes, con el Casio, en el sótano de su casa. Y no solamente por la melodía de voz, más bien por su manera de entender la música; con unos claros referentes en mente (The Beatles, The Beach Boys) pero componiendo sin ningún tipo de atadura, desde la libertad total, desde el estómago. Daniel Johnston y Brian Wilson no son dos nombres traídos al azar, ambos tienen un grave problema de desconexión con el mundo real. Sin necesidad de caer en el drama de la enfermedad mental, así es la música de Animal Collective; antigua pero absolutamente nueva, reconocible pero también desconocida, extraña pero familiar. Estas son algunas de las paradojas que conlleva enfrentarse a un disco tan irreal y absorbente como Strawberry Jam.

¿Folk del siglo XXV o una tesis sobre cómo los extraterrestres percibirían el pop? De cualquier forma, los cuatro de Brooklyn han vuelto dispuestos a demostrar que Feels (05) no fue ningún espejismo y que Sung Tongs (04) resultó ser algo más que el tesoro escondido del weird folk estadounidense. El talento compositivo de Avey Tare (David Porter) y Panda Bear (Noah Lennox) parece no conocer límites y discutir si el fabuloso Person Pitch (07) del oso panda es mejor o peor que Strawberry Jam me parece un debate estéril. Más valdría congratularse ante la existencia de un grupo cuyo núcleo duro sea capaz de entregar, casi simultáneamente, dos de los discos más importantes, inclasificables y hechizantes de la cosecha 2007.

Esta es música para soñar en cinemascope, de una fuerza tan pura que te agita por dentro. Una mano invisible que te agarra y te obliga a abandonar el letargo para pasar a la acción. Así son “Chores”, “Unsolved Mysteries” “Peacebone” y “For Reverend Green”. Cada grito espontáneo, cada golpe de plato rasgando el aire viene a demostrar que el Canto de mí mismo de Walt Whitman debe ser el poema de cabecera de estos chicos; retazos de un vitalismo salvaje pero conmovedoramente humano. Y así llegamos a “Fireworks”, la canción más emocionante del disco, apuntes para un nuevo soul y toda una invitación, tribal y alucinada, a disfrutar de los fuegos artificiales de la vida.

Llegados a este punto de la escucha, el que haya caído presa de una vitalidad arrolladora deberá poner el freno; porque el colectivo animal decide no echar el resto y opta por bajar las revoluciones con “#1” y la algo confusa “Cuckoo Cuckoo”. Pero aún quedan dos momentos para el recuerdo; si en “Derek” Panda Bear tiene pista libre para demostrar su amor incondicional por The Beach Boys, la locura desatada de “Winter Wonder Land” me recuerda a otros luminarias de la costa oeste, los Mothers of Invention de Frank Zappa.

El que no tenga tiempo para dedicar al disco ni interés en descifrar el enigma que se esconde bajo las mil capas de sonido, acabará empachándose con esta mermelada. De lo contrario, aquellos que, a día de hoy, todavía tengan capacidad de fascinación por la música y sentido de la maravilla, apuesten por Animal Collective y saldrán ganando. Palabra.

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