Aroah – No podemos ser amigos (Acuarela)

No podemos ser amigos, así que una mañana me abandono en una playa desierta, de arena mojada, bajo un cielo gris. Un buen momento para compartir un buen disco, y más aún si es un 3 de Agosto, en una playa de Benicàssim con la arena mojada por la lluvia y el cielo gris por estar compartiendo conmigo el debut largo de Irene Rodríguez Tremblay.

El realismo de este título se traduce en la moraleja que sacamos tras escuchar sus 13 canciones, o mejor dicho, confesiones y su canción muda. Este disco es la historia de catorce reflexiones que, para bien o para mal, no dan tregua a la amistad, debatiéndose así entre ésta, el odio y, si cabe decir, la indiferencia. Éste es el caso de “Myriam, la primera” (¿amiga?),de quien, según afirmó Irene durante su actuación en el FIB, no guarda apenas recuerdos (y es que ya se sabe: “si no hay carrete…“).

Tanto al escuchar “Myriam” como “Canción con Idioma” se nota que el uso del castellano está más que justificado por la inocencia de la primera y el apoyo vocal de la segunda (Nacho Vegas), pero es al escuchar “La Historia Más Triste” cuando Irene aprueba con nota su examen de lírica bilingüe. Quizás me arriesgo si afirmo que sus canciones en castellano son las más cercanas a lo autobiográfico, pero ésa es la sensación que me quedó al oírla en Radio 3 cantar con voz entrecortada que “…son veinte años de reposiciones, en la misma casa de tres habitaciones…“.

Si los tres temas cantados en castellano simbolizan las “canciones con recuerdos”, los temas en inglés sin duda simbolizan las “canciones con raíces”. Aunque la prensa no ha cesado en compararla con las heroínas del neo-folk/lo-fi/slow-core americano (Mary Lou Lord, Retsin, Tara Jane O´Neil, Mary Timony, Cat Power), Irene argumenta cansada que no sólo bebe de la música tradicional americana sino de sonidos tan dispares como Fugazi y Joni Mitchell. Así que no haré comparaciones; sólo decir que Irene se rodea en esta ocasión de colaboradores que ejercen más de maestros que de músicos de estudio, como son Frank Rudow, Nacho Vegas o Abel Hernández. Su veteranía musical proviene de una escuela (la vieja) que contrasta enormemente con ese toque de improvisación post-core que caracterizó el mini-CD Cuando termines con todo, habrá terminado contigo (Acuarela, 2001), gracias a Ari y David.

Es francamente difícil destacar cualquier canción del disco por encima de las demás, ya que cada una trata con sus melodías y sus confesiones una situación particular con una conclusión adherida que afectará en nuestros sentidos dependiendo de nuestro estado anímico. Si ordenamos la temática de algunas canciones por orden cronológico vemos que “Her IQ#1” hace referencia a la esperanza que reside en un amor platónico; “We Can´t Be Friends” corresponde al riesgo que supone jugar al doble o nada con una persona; “X-Song” es el tremendo rencor que se siente al ver que se ha perdido todo, y “The Biggest Idiot In The World” es el último intento que se hace para justificar el terrible error que supuso amar a quien estaba condenado a ser odiado. A partir de aquí, sólo queda el silencio, y con él “Canción Sin Palabras”, en forma de réquiem.

Como ya dije antes, No podemos ser amigos se concibe en su totalidad como una única idea que, del mismo modo que ocurre con las grandes obras de arte, sólo puedes amar u odiar; una experiencia con la que no se puede guardar una simple amistad.

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