Asistimos al TurboRock. Cobertura del festival en Madrid y Valencia

Madrid, 22 de septiembre

Aunque el TurboRock es un festival con una historia a sus espaldas de más de seis años, el 2010 parece que ha sido el año definitivo para el gran salto del festival a la palestra de los eventos internacionales, manteniendo (eso sí) ese aura amateur y cercano, propiciado por recintos no muy grandes, donde de verdad se disfruta del buen Rock.

Para el primer cartel de su etapa internacional, la organización no se ha andado con pamplinas y ha contado con artistas como: Redd Kross, Hoodoo Gurus, Meanies, Young Fresh Fellows, Mudhoney, Los Coronas… Además el festival se ha celebrado en tres lugares prácticamente de manera simultánea; Valencia, Cantabria, y Madrid. Muzikalia estuvo en Valencia y en Madrid y te lo contamos todo aquí.

El ambiente de la sala todavía no era el que se merecía un evento de tal magnitud, ni siquiera eran las nueve de la noche cuandoMuck & The Mires comenzaron a descargar su dosis de simpatía y esa mezcla de Powerpop y Rock & Roll que a veces se tira por el lado más “garajero”, y es que de todos es sabido lo mal acostumbrado que esta el aficionado madrileño; no le pidas que se presente a un concierto antes de las 22:00. Con todo y con eso el cuarteto de Boston y ante una audiencia más bien escasa, bregando con un sonido infame y una iluminación sobre el escenario más propio de una película de terror de serie Z que de una actuación de Rock & Roll, dio una actuación de sobresaliente.

La veterana banda, no muy conocida por estas tierras tiene cuatro discos grandes en  el mercado, su set fue una selección de los temas más movidos de todos ellos; La festiva “Saturday Let me Down Again”, su hit “Doren”, no os perdáis el video de esta canción, o “You Better Write Your No Down” fueron algunos de los temas con los que pudimos ir calentando motores.

Le llegaba el turno a un artista bastante distinto, no tanto en los planteamientos escénicos (pura energía en ambos casos) pero sí en los musicales. El cantante de Chicago J. C Brooks acompañado por su banda The Uptown Sound, formada por el guitarrista Billy Bungeroth, el baterista Kevin Marks y el bajista Ben Taylor (por lo visto) están poniendo patas arriba la nueva escena del Soul con un ciertos aires de renovación. Mucha actitud sobre el escenario, composiciones energéticas y cortas, guitarras cortantes, en fin, como a la banda le gusta definirse; Soul/Postpunk, aunque a mí no me deja de parecer Soul de toda la vida, de hecho James Brown ya esgrimió esa actitud y ese sonido en el año 1963 en el teatro Apollo.

 

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Opiniones aparte, la verdad es que el joven JC Brooks y su banda, lo dan todo sobre el escenario, y sus canciones suenan salvajes, aunque en directo la banda va acompañada con una sección de vientos que a mi modo de ver, resta dinamismo a algunos temas, sobre todo por utilizarlos hasta en canciones que en el estudio no llevan esa instrumentación. Lástima que los técnicos de sonido de la sala todavía no hubieran despertado, y el encargado de luminotecnia supongo que los estaría acompañando, el caso es que la actuación se vio deslucida por un sonido nefasto y un escenario iluminado por poco más que el humo. Aun así pudimos disfrutar de canciones como “Get It Together”, su pedazo de hit “I´m Trying To Break Your Heart” o la salvaje y bromista (atención a la letra) “Baltimore is the New Brooklyn”.

 

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Todo estaba preparado para recibir ya a una banda mítica de la horneada “punkpop” californiana de los noventa; The Muffs, liderados por la carismática Kim Shattuck y sus dos inseparables; Ronnie Barnett (ese profesor de instituto que todos quisimos tener) al bajo, yRoy McDonald a la batería, baterista también de Redd Kross. Y que a pesar de su apellido no guarda ningún parentesco con los hermanos McDonald, debe ser que en Estados Unidos ese apellido es como Perez por aquí.

 

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Veamos; en el concierto me lo pase en grande, para que voy a decir lo contrario, creo que cante casi todas las canciones. Y es que uno se “mamo” de jovenzuelo el “Blonder & Blonder”, su segundo trabajo, y “Happy Birthday to Me” un millón de veces. Pero mirándolo de manera objetiva, el set en general fue pasable en dirección opuesta a lo que podríamos llamar un buen concierto. ¿Qué es eso de que la cantante se sitúe a la izquierda del escenario, prácticamente fuera de él? ¿Estaba enfadada con sus compañeros? Al principio de la actuación el bajista Ronnie se cayó literalmente en un par de ocasiones, y que conste que no lo hizo aposta, salidas de tono y parones no muy propios de una banda de Rock & Roll, Kim Shattuck mirando constantemente su amplificador y toqueteándolo, como si eso fuera a arreglar el mal sonido omnipresente hasta entonces en todas las actuaciones, suma y sigue…

 

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En los últimos minutos de actuación parecía que se fueran entonando, pero para entonces ya era demasiado tarde, igual no eran sabedores de que solo disponían de una hora escasa para tocar.

La sala ya estaba prácticamente repleta, y los fans de los suecos Soundtrack of Our Lives se agolpaban en las primeras filas. La formación nórdica nunca me ha acabado de gustar demasiado, y eso que lo he intentado con todos sus discos, además se me antojan la típica banda sobrevalorada con algunos temas buenos en sus discos, si, pero con mucho “relleno”.

 

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Con todo y con eso, reconozco que en directo me ganaron y se trabajaron un set de lo más variado y entretenido, que de eso es de lo que se trata. Esta vez los encargados del sonido en vista de que no podían arreglarlo, decidieron poner todo al máximo volumen, como si quisieran dejar sordos al personal. No pudieron faltar temas que sus fans agradecieron entregándose totalmente, como: “MInd the Gap”, “All for Sale”, “Sister”, o “Grand Canaria”. A pesar del sonido infame, TSOL ofrecieron de largo el mejor concierto de la primera jornada madrileña del Turborock. ¡Viva Escandinavia!


Madrid, 23 de septiembre

Todavía con el regustillo del mal sonido ofrecido por la madrileña sala,  vendido a precio de oro (ocho euros por un combinado en vaso de plástico, no es baladí) nos enfrentábamos a lo que estaba considerado el cartel estrella de la edición madrileña.

Para comenzar a abrir oídos, lo que para el que esto escribe ha sido una revelación; el trío brasileño Autoramas. Lo suyo es una suerte de mezclas estilísticas, pocas veces vista sobre un escenario sin hacer el ridículo. Desde los esquemas básicos de una banda de Rock; guitarra, bajo y batería, y unas canciones cortas y directas, el trío fusiona: Pop, Garage, Punk, Soul y si me apuráis algo de Techno con ritmos muy sincopados. Viéndolos, aparte de darte ganas de ponerte a saltar y no parar, te da la sensación de estar viendo a los B 52´s, Devo, Ramones, Man or Astroman, y todo ello sabiamente mezclado. Bueno, de acuerdo, puede que no hayan inventado nada, y que parezcan unos simples “fusiladores” de estilos, pero lo hacen bien y lo llevan a su terreno de una manera muy fresca y original, algo que se echa de menos en ciertos círculos musicales. ¡Ya está bien de músicos encorsetados que cumplen a la medida con los cánones del Rock!

 

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Llegaba la hora de una leyenda viva del Rock de las Antípodas, así como suena. La banda australiana Hoodoo Gurus a pesar de haber tenido sus horas más altas en la década de los ochenta, ha sabido mantenerse en la brecha y dosificando su trabajo de manera que siempre se les ha echado de menos por aquí. Sea por la distancia o por su merecida fama de “comodones”, el caso es que verlos por Europa no es lo más habitual. La ocasión la pintaban calva y no era cuestión de tirarla por la borda. Dave Faulkner y los suyos salían al escenario del Turbo con las guitarras ya puestas, como si supieran que tenían que salir a matar.

 

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Y así fue, después de un saludo a la gente de Madrid, recordando su última actuación hace ahora unos tres años, Dave Faulkner a la guitarra y voces, y su inseparable Brad Shepherd a la guitarra solista y al mando del cuarteto, dispararon sin compasión el trallazo “What´s In It For Me”, perteneciente a su último álbum en estudio. La noche ya era suya y nosotros también, como el que no quiere la cosa, y teniendo la virtud de hacer parecer fácil lo difícil (la banda suena como un tiro) se soltaron con el primer clásico del set; “I Want You Back” de su álbum Stoneage Romeos. Así, entre cortes del nuevo álbum; “Another Thing Coming”, donde dejan claro que todavía les queda cuerda para seguir componiendo joyas, algún que otro clásico más: “Come Anytime”, o “Leinani”, también les dio tiempo a hacer referencia a la edición en vinilo que se ha editado de su último álbum en exclusiva para el festival. Otros tres clásicos atemporales de cuando Dave lucia más pelo sobre su cabeza, fueron los elegidos para el final del set; “1000 Milles Away”, “The Right Time y “Like Wow Wipe Out”. No exagero si digo que Hoodoo Gurus dieron lo que se llama un concierto perfecto, sin florituras y sin medias tintas, directo al corazón y a los sentidos.

 

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Pocas bandas pueden presumir como Redd Kross de seguir despertando tantas pasiones sin haber grabado nada nuevo desde el año 1997, y de sacar tanto rendimiento a su (eso sí)  perfecta trilogía “Third Eye” 1990, “Phasefsifhter” 1993, y “Show World” 1997. El tan esperado nuevo álbum nunca llega y parece haberse convertido en su “El Dorado” particular. Observaciones propias aparte, había ganas de ver a los hermanos Mc Donald de nuevo, ya que sus conciertos suelen ser garantía de calidad.

 

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Craso error, algo me comenzó a oler mal en Dinamarca, cuando vi a los hermanos hacer “cocos” para salir al escenario y una vez allí tardaban más de lo debido en comenzar a tocar, con el Mc Donald pequeño al bajo y visiblemente perjudicado por los efectos del alcohol o cualquier otra sustancia. El caso es que a la ejecución de los primeros temas no habría nada que objetarles, salvando un par de bromas solo entendibles entre ellos, la verdad es que canciones como “Pretty Please Me”, “Lady in the Front Row”, o “Blow You a Kiss in the Wind”, sonaron perfectas. Pero a la escasa media hora de actuación, y justo cuando iban a tocar otro de sus clásicos, “Jimmy´s Fantasy”, todo cambio para mal; más bromas entre ellos que nadie alcanzaba a entender, continuos errores al comenzar la canción, hasta cinco veces sonaron los primeros acordes del tema hasta que fueron capaces de arrancar, y un sinfín de despropósitos que arruinaron por completo lo que habría sido una gran actuación. Una versión de Kiss que tampoco llegaron a tocar porque (según ellos) no se acordaban, fue la guinda a una broma de mal gusto, teniendo en cuenta la cantidad de gente que había pagado solo por verlos a ellos.

 

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Pensé que para los bises aprovecharían la oportunidad de resarcirse y arreglarlo con tres o cuatro temas tocados como es debido, inocente de mi, la banda salió a escena y ni cortos ni perezosos, cuan unos Sidonies en el Contempopranea, los hermanos Mc Donald decidieron que era mejor echarse unos bailecitos, mientras sus dos compañeros de grupo y el batería tocaban algo parecido a una canción. Una chica que había a mi lado, miraba atónita (o eso pensé yo) al escenario, y la dije: “¿No es para matarlos?”. “Si, para matarlos a besos”, me contesto. “Decididamente me estoy haciendo mayor”, pensé, y di la actuación de Redd Kross por concluida.


 

Valencia, 24 de septiembre

A finales de la década de los 90 hubo un pequeño festival de rock en Valencia. A pesar de presentar un cartel reducido y exclusivamente compuesto por grupos locales, sus organizadores lo bautizaron con un nombre pomposo: TurboRock. Más de 10 años después, y tras algún intento (aislado y sin continuidad) de revivirlo, hace unos meses nos encontramos de repente con la sorpresa de que el TurboRock no sólo volvía, sino que lo hacía con una fuerza inesperada. De la mano de Heart of Gold y Delfuego, la edición 2010 del TurboRock se nos presentaba como una oportunidad única para ver a varias bandas de rock de renombre internacional juntas en un espacio cerrado y con un aforo limitado. Dos días de rock and roll, sin aglomeraciones ni agobios, por un precio razonable (75 € el abono para los dos días).

Debo decir que, personalmente, tenía mis dudas sobre la comodidad del asunto. Dudas que se acrecentaron al conocer que las entradas daban derecho a disfrutar de una ilimitada cantidad de litros de cerveza a precios populares (2 € un vaso normal) en comparación con otros eventos similares. ¿Sin aglomeraciones ni agobios? Había que verlo.

Pues lo vimos. No sólo yo, sino todo el mundo. De hecho pude hablar con varios asistentes al festival y todos comentaron lo mismo: la edición valenciana del TurboRock´2010 puede considerarse un gran éxito de organización, una demostración de civismo, un ejemplo de cómo hacer bien las cosas sin grandes aspavientos, y un triunfo del rock como nexo de unión entre la gente. Aunque desconozco si los resultados económicos han sido tan positivos, desde aquí quiero mandar mi felicitación a los organizadores. También a la sala, y a los encargados de prepararla y sonorizarla. Para mí, todo fue perfecto. Objetivos conseguidos. Ver a Hoodoo Gurus a dos metros del escenario, y después hacer lo mismo con Redd Kross, es algo que se me antoja irrepetible. Después de este salto de calidad respecto a ediciones anteriores, espero, y como yo mucha gente, que el festival tenga continuidad. De todos modos, pase lo que pase a partir de ahora, el TurboRock´2010 se recordará durante muchos años en Valencia.

Paso ya a detallar lo que aconteció en estos dos días de rock and roll. Adelanto que, por motivos personales, me perdí los primeros conciertos de cada día. También quiero comentar que hubo algunos cambios en el orden de las actuaciones respecto a la información que yo manejaba (y que figuraba en la web del festival).

El primer día del festival llegué cuando ya habían actuado Muck & The Mires (me contaron que habían gustado bastante) y The Wildebeests. Yo pensaba que también habían pasado ya por el escenario Los Chicos, que debían abrir el festival pero cuya actuación se pospuso hasta última hora del viernes. No me enteré, o sea que me los perdí de todas formas. A destacar que, a pesar de haber bastante gente, no había problemas para aparcar y las colas para todo funcionaban rápida y ordenadamente.

La primera actuación que pude ver (20h 30´) fue la de JC Brooks & The Uptown Sound, un joven grupo multiracial de Chicago que hace soul de calidad. Están en España por primera vez presentando su primer disco, “Beat Of Your Own Drum”. Aunque a priori podían parecer la nota discordante del festival, lo cierto es que sorprendieron gratamente y cumplieron sobradamente con la misión de calentar al personal antes de los platos fuertes. Yo me esperaba una especie de clon de Eli ´Paperboy´ Reed, pero la verdad es que su frontman, JC Brooks, tiene una pegada en escena que lo hace diferente. Tal vez sea una cuestión del color de la piel, pero sinceramente los espasmódicos movimientos de JC sobre el escenario me resultaron más naturales y genuinos que los que tuve la oportunidad de verle a Paperboy hace unos meses. Su banda de acompañamiento, The Uptown Sound, mostró destreza y calidad, algo que no es ninguna novedad dentro de este mundillo del revival soul (el propio Reed, Sharon Jones, etc.) que viene pegando fuerte en los últimos años. Sus canciones resultaron interesantes, pegadizas, descaradas y con mucho cuerpo, así que valdrá la pena echarle un vistazo a su disco de debut. Momento culminante: la revisión que se marcó del “I´ve been loving you too long”, la inmortal canción compuesta por Otis Redding y Jerry Butler.

 

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Tras el obligado parón, puesto que todas las actuaciones se desarrollaron sobre el mismo escenario, les tocó el turno (21h 30´) a los madrileños The Right Ons, tal vez la banda española que más ha crecido en los últimos tres años. Tras haber tocado prácticamente en los 5 continentes (¿les queda alguno?), han adquirido unas tablas que los hacen increíbles en directo. Ya lo eran, vaya, pero cada vez lo son más. Gran expectación y unas primeras filas entregadas a su ritual de rock con toques funk. Sonaron canciones de sus dos discos, “Look inside, now” y “80.81”, centrando su actuación principalmente en las más rockeras y bailables (“Thanks” y “Take it easy” son brutales en vivo). Su elegancia y carisma, su imagen en suma, son un plus a añadir a sus directos. Una imagen excelentemente cultivada y que les acerca peligrosamente a la órbita de los 40 principales. Peligrosamente en sentido figurado, por supuesto, a nadie le amarga un dulce, pero es que los fans somos muy egoístas con las bandas que hemos visto crecer. Momento culminante: Álvarotocando la pandereta entre el público, creo recordar que con “Why don´t you break my heart now?”, alargando la canción, rozando la psicodelia y confirmando que The Right Ons tienen potencial para convertirse en algo similar a unos Franz Ferdinand españoles. ¡Right on!

 

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A continuación (22h 45´) salieron a escena Young Fresh Fellows. Los de Seattle ya no son tan jóvenes ni están tan frescos, pero se mantienen en forma, sus guitarras sonaron potentes y rockearon de lo lindo. El concierto empezó fuerte, y al rato ya habían sonado “Hilbilly Drummer Girl” y la mítica “Rock´n´roll Pest Control”. Después de un par de canciones que no reconocí engancharon “Why I Oughta” y la no menos mítica “Picture book”, una canción que llenó la sala de efluvios powerpop. Justo en ese momento noté que había perdido el móvil, y empecé una odisea para intentar encontrarlo que me hizo perderme casi todo lo que quedaba de concierto. Al final lo recuperé, y cuento todo esto porque quiero aprovechar para dar las gracias, si me lee, a la persona que lo encontró y lo depositó en recepción (por supuesto, sin haberlo usado). Me gustaría que leyera esto y que sepa que le estoy muy agradecido, y también me gustaría que leyeran esto las personas que piensan que en un concierto de rock a medianoche sólo puede mala gente y borrachos. Bueno, de lejos me pareció escuchar que tocaban “Picnic”, y más tarde, ya con el móvil en el bolsillo, diría que sonaron “How much about last night do you remember?”, “My Friend Ringo”, “Sometimes I Wantcha For Your Money” y creo que también el “Young Fresh Fellows Theme”. La gente se lo pasó en grande. Momento culminante: la genial “Picture Book” y también los saltitos que siguen dando al principio y al final de alguna canción. Muy divertidos, recomendables sin discusión.

 

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Con un trozo de pizza y un par de cervezas entre pecho y espalda, volví a entrar a la sala (00h 15´) para enfrentarme a un grupo del que conocía pocas cosas: The Soundtrack Of Our Lives. Había escuchado hablar bien de ellos pero no tengo ninguno de sus discos, y no quise averiguar más porque quería que me sorprendieran. Y vaya si lo hicieron. Bueno, a medias: antes de empezar el concierto la persona que tenía a mi lado me contó algunas cosas sobre el grupo y sus actuaciones, secretos a voces que no hicieron sino aumentar mi expectación. Cuando se apagaron las luces, salieron los músicos a tocar las primeras notas de “Universal Stalker”, y al poco apareció la majestuosa y enorme figura de Ebbot Lundberg (cada vez se parece más a Roky Erickson, y no sólo físicamente), estaba claro que algo iba a pasar. Y pasó. Con la mirada perdida, desafiante, reinando sobre el escenario como un profeta, nos sacudió con “Sister Surround”, y antes de poder recuperarnos nos pasó por encima el tren de “Confrontation Camp”. A esas alturas ya se había dejado caer varias veces sobre el público de las primeras filas, que lo devolvía al escenario como podía. No sé si iba puesto, si aquello estaba todo preparado, si siempre lo hace, si era la primera vez, si demuestra que empieza a pasar del grupo…no lo sé, ni me importa, ni creo que nos importara a ninguno de los que quedamos en éxtasis con la manera como la banda interpretó “Firmament Vacation”, “Nevermore”, “Second Life Replay” o “Thrill me”. Las melodías de sus discos seguían ahí, las podíamos captar desde abajo, pero aquello era otra cosa. Un aquelarre. Una reunión de druidas. Posiblemente quien esperar escuchar lo mismo que en los discos quedara decepcionado, pero los que queremos conciertos sorprendentes y que nos quiten la tontería estábamos encantados. Desde el altar, Ebbot nos daba la espalda entre canción y canción con un gritito ininteligible, que yo traduje mentalmente como “ahí queda eso, el que venga detrás que intente superarlo”. Momento culminante: “Bigtime” sonó apocalíptica, enorme, brutal, mesiánica, un monumento al rock.

 

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Finalmente (01h 50´) llegó el momento esperado por muchos. El mítico grupo Mudhoney, los pioneros del grunge, hacían su aparición sobre el escenario. La avalancha de vatios no se hizo esperar, llenando la sala de un atronador ruido que enloquecía a la gente de las primeras filas. Llegado este punto he de decir algo que resultará polémico, pero es lo que pienso y lo que pude detectar durante el concierto. En mi opinión, el estilo rocoso, monolítico y un tanto repetitivo de Mudhoney les resta posibilidades de convencer a los oyentes casuales, entendiendo por tales aquellos que pasaban por allí a ver un festival de rock sin conocer 100% a todas las bandas. Evidentemente los fans no necesitaban ser convencidos, pero tuve la impresión de que, más allá de la tercera o cuarta fila, la gente esperaba los “hits”, las canciones conocidas, las que todos nos sabemos, y que el resto les sonaban todas igual. Evidentemente dieron un conciertazo, haciendo lo que se espera de ellos desde el minuto cero, nada que objetar desde ese punto de vista. Actitud 100%, viscerales, agresivos, ejerciendo el mando. Además toda la banda está en una forma excelente, destacando a Mark Arm, que de lejos sigue pareciendo un chaval. Sin embargo, debo insistir: creo que tardaron demasiado en sacar la artillería pesada, y se vio desfilar a más de uno en busca de cerveza durante las 3 ó 4 primeras canciones. Eso sí, cuando sonó “You got it” la sala se vino abajo y se calentó hasta extremos inimaginables, y no digo nada de “Suck you dry” o, ya hacia el final, “Touch me I´m sick”. Momento culminante: centenares de brazos levantados y centenares de gargantas berreando aquello de “keep it outta my face”, se notaba que llevábamos rato esperando algo parecido a un estribillo que pudiéramos gritar.

 

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Después de Mudhoney por lo visto salieron Los Chicos a cerrar la jornada, pero, como dije antes, yo no me enteré y me los perdí. Lástima.

 


 

Valencia, 25 de septiembre

El sábado también llegué un poco tarde, y lo primero que noté fue que había bastante más gente que el viernes. Al menos el aparcamiento estaba más lleno. La organización había puesto autobuses para desplazarse desde Valencia, aunque yo no vi llegar ni marcharse ninguno, no sé al final si tuvo éxito la iniciativa. Sí que vi bastante gente llegar en taxi.

Al entrar en la sala (20h más o menos) justo empezaban a tocar Los Coronas. Según el horario que yo tenía tocaba ver a The Meanies, pero parece ser que adelantaron su concierto. Resumiendo: el sábado me perdí a Johnny Throttle, Autoramas y The Meanies. Otra vez será.

Los Coronas, como todo el mundo sabe, son una banda de rock and roll instrumental. Durante años han estado a la sombra de la banda paralela que mantienen sus miembros, Sex Museum, pero últimamente han encontrado un buen mercado para esa especie de surf-rock-fronterizo que practican, y en los últimos dos ó tres años casi se han convertido en la banda principal (exagerando un poco) de Fernando Pardo y los suyos. En un principio parece que una banda instrumental no pega mucho en un festival de rock, pero quien piense así no conoce a Los Coronas ni ha oído nunca a Dick Dale a todo volumen. Los madrileños lo bordaron, con su propuesta de mezclar el surf rock de los primeros 60 con pasodobles, a Los Brincos con rock psicodélico andaluz, a The Shadows con el tex-mex, y todas las mezclas que uno se pueda imaginar. No estoy muy puesto en este terreno, y además la banda hacía suya cada canción ajena que interpretaba, con variaciones sorprendentes y una actitud rock 100%, pero diría que en algún momento sonaron canciones de The Surfaris y del mencionado Dick Dale. Momentos culminantes: en primer lugar, cualquier charla de un inspirado Fernando Pardo entre canción y canción, consiguiendo que una hora de rock instrumental no se nos hiciera larga a nadie; en segundo lugar, varias magníficas intervenciones del trompetista de la banda tocando a ritmo de pasodoble.

 

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Y después de Los Coronas, casi con el tiempo justo para cambiarse, volvió a salir Fernando Pardo junto al resto de Sex Museum (21h 30´). Su propuesta hard rock es sobradamente conocida, y decenas de fans en las primeras filas lo confirmaban. Empezaron, si no recuerdo mal, con su ya famoso mashup en directo entre “Smoke in the water” (Deep Purple) y “Fight for your right” (Beastie Boys), que ellos llaman “Smoke in the party”. Impresionante. A partir de ahí fue un subidón constante e imparable, con un pedazo de canción tras otra y con una entrega total. No soy un gran seguidor del grupo, así que no sabría decir de manera exacta qué canciones sonaron, pero me pareció distinguir el “Whole lotta Rosie” y no estoy seguro de si era “Get lost“, pero de todos modos lo importante no eran las canciones individualmente, sino todo el ambiente de puro rock y entrega total de banda y público que se generó. Momento culminante: “I´ve lost my faith” arrolló al público como si The Cult y Deep Purple hubieran unido fuerzas sobre el escenario.

 

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A continuación (22h 45´ más o menos) me dispuse a coger un buen sitio para ver a The Muffs, pero al final me tuve que conformar con la sexta/séptima fila, que tampoco estuvo mal. Me habían comentado que la cantante y guitarrista Kim Shattuck se conservaba perfectamente después de tantos años, y lo cierto es que es verdad. Parecía increíble que en los 80 andara ya metida en el mundo del rock. Las canciones de The Muffs fueron lo contrario de lo que habíamos visto en conciertos anteriores: rápidas, breves, urgentes. Una adorable mezcla de las melodías de los grupos de chicas de los 60 con la fiereza punk. Sin darle más vueltas. “I need you”, “Sad tomorrow”, “From your girl”, “On and on”… Sonaron casi todas sus canciones más populares, aunque no recuerdo que tocaran “Rock´n´roll girl” ni su versión de “Kids in America”. Estuvieron bien, pero posiblemente fue el concierto que menos me entusiasmó de cuantos pude ver. Momento culminante: la rabiosa “Lucky guy” escupida en menos de dos minutos.

 

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Y ya pasada la medianoche me busqué un buen sitio para disfrutar del broche final a dos noches de estupendo rock´n´roll. En primer lugar iban a salir a escena los Hoodoo Gurus, y se notaba que había gente muy emocionada. Los prolegómenos se alargaron algo más de la cuenta, pero valió la pena. Los australianos no defraudaron a nadie: en excelente forma, desgranaron lo mejor de su repertorio. El rock no está reñido con una buena melodía, y ellos lo demostraron a lo largo de alrededor de una hora de concierto. No escatimaron en éxitos: “Come anytime”, “What´s my scene”, “I want you back” o “Crackin´ up” fueron saliendo por los altavoces sin dejar descansar a los, a estas alturas, ya muy castigados (pero felices) turborockers.

 

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Hasta ese momento, casi sin ninguna duda el concierto con más gente y seguido con más entusiasmo. Un entusiasmo que se contagiaba a los músicos, a los que se veía contentos y entregados. Dave y los suyos tienen ya una cierta edad, pero que nadie piense que fue un concierto en plan viejas glorias que viven del pasado, nada de eso… Su último disco, del que me pareció que tocaron algunas canciones, es bastante bueno, pero es que además su actuación fue intensísima y rockearon de lo lindo. Enormes los Hoodoo Gurus, todo un placer este mi primer encuentro con ellos. Momento culminante: para mí lo fue la grandísima “What´s my scene”, que todos coreamos puño en alto dejándonos lo que nos quedaba de garganta en ello, pero tal vez para otros lo fuera la interpretación de “Miss Freelove´ 69”, acompañada para la ocasión con una generosa bailarina que subió al escenario y nos deleitó con sus sensuales movimientos al ritmo de la canción.

 

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Pero si tuviera que elegir un grupo triunfador del festival, me vería en un serio aprieto. Al terminar los Hoodoo Gurus pensé que aquello iba a ser difícil de superar, pero yo diría que Redd Kross (casi las 2 de la madrugada) consiguieron, como mínimo, igualarlo. Si no recuerdo mal empezaron con “Lady in the front row”, y no tardaron mucho en soltarnos grandes gemas de su repertorio como “Mess around”, “Annie´s gone” o la superlativa “Jimmy´s fantasy”. Parece ser que en Madrid (¿o fue en Cantabria?) no tuvieron mucha suerte (o acierto), pero os aseguro que en Valencia se salieron. Muy centrados, entregados, sin demasiadas pausas, un hit tras otro… Como unas verdaderas estrellas del rock´n´roll (que lo son). Powerpop de lujo. Me quedó el regusto un tanto amargo de no escuchar sus espléndidas versiones de “Dancing Queen” y “Yesterday once more”, pero seguramente no era el momento ni el lugar, aunque en mi opinión no hubiesen desentonado.

 

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A los McDonald se les ve felices y contentos, unidos, y Robert Hecker sigue siendo un excelente guitarrista y su presencia sobre el escenario, aunque cada vez está más delgado y a punto estuvo de desaparecer tras uno de los palos que aguantaban las luces, es imprescindible para que la banda escupa fuego. Al igual que en la gran mayoría de conciertos anteriores, el sonido y la acústica de la sala fueron casi perfectos, de forma que pudimos disfrutar un montón con el cierre de fiesta. Momento culminante: yo llevaba años esperando escuchar “Jimmy´s Fantasy” en directo, pero tal vez el momento más llamativo fuera cuando subieron The Muffs a interpretar con ellos lo que pareció ser una versión del anterior grupo de Kim, The Pandoras.

 

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Y al acabar el concierto de Redd Kross, rapidito a por el coche y a salir de allí antes de que se formara un embotellamiento. Con una sonrisa en la cara, el corazón a mil y la sensación de haber asistido a un evento histórico.


 

Madrid, 28 de septiembre

Muchos años han pasado desde la última vez que la banda Australiana The Meanies nos visitó, pero no parece que hayan pasado los años por ellos. Siguen manteniéndose fieles a su estilo y a esa inequívoca capacidad de fusionar melodías con un muro de sonido pesado como un bloque de granito. Con una base rítmica que te golpea hasta que no puedes más, una sola guitarra (¿Para qué más?) y la inconfundible y bestial presencia del vocalista Link, la banda se dispuso a machacar al personal en el sentido más amplio de la palabra. Ya que el vocalista, que parece haberse caído de pequeño en una marmita de psicotrópicos, se lanzo, al poco de empezar la actuación, sobre el todavía escaso público de la sala, aplastando a varios espectadores. Uno de ellos todavía se tiene que estar acordando de él, si tenemos en cuenta que le tiro un litro de cerveza entero sobre su camisa y le dejo sin gafas, la cara del pobre hombre era todo un poema. Son los riesgos de estar en la primera fila de un concierto de The Meanies. Anécdotas aparte, la tercera y última jornada del Turbo no pudo comenzar mejor, con un sonido más que aceptable y una actuación de las de recordar.

 

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Scott McCaughey, es uno de esos tipos que no pasa desapercibido, ni por su estética ni por el carisma que desprende, lleva desde principios de los años noventa como músico de apoyo en directo de REM, y suele participar también en sus grabaciones. Por si eso fuera poco, es también miembro fundador de la banda Minus Five, y parte fundamental, junto a gente de Belle & Sebastian entre otros, de un nuevo proyecto llamado Tired Pony. Pues este personaje digno del renacimiento (también dibuja y pinta) lidera a The Young Fresh Fellows junto a Kurt Bloch.

 

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Su concierto no pudo comenzar mejor, con algunas canciones señas de identidad de la banda de Seattle; “Get Outta My Cave”, “R´n´R Pest Control”, “99 Girls”, hasta llegar a la más reciente “Lamp Industries”, sin olvidarse de hacer un homenaje a sus padres y paisanos The Sonics con el tema “Strichnine” . Hacía tiempo que no veía a unos tipos pasárselo tan bien sobre un escenario a la par que su sonido era cuasi perfecto. “¿Veis como se puede hacer, Hermanos Mc Donald?” Fue curioso a la par que bonito ver a nostálgicos del grunge que ya empezaban a poblar la sala, disfrutar al ritmo de “Los hombres que amaban la música”, es decir; de The Young Fresh Fellows.

 

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Las primeras filas, como ya he dicho, ya estaban llenas de una curiosa mezcla de jovenzuelos amantes de Nirvana, y treintañeros nostálgicos de eso que se llamo “Grunge”. Influenciados sobre todo por el Punk Rock norteamericano, el garage y la psicodelia más troglodita, a Mudhoney siempre se les ha metido en el amplio saco de la etiqueta a la que pertenecen Soundgarden, Alice in Chains oPearl Jam. Coetáneos de estas bandas y de Seattle, parecen ser detalles suficientes  para que los amantes de la estética “leñadora” esperaran ávidos la presencia del cuarteto sobre el escenario.

 

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Con puntualidad británica sobre el horario establecido, Mark Arm y el resto de la banda aparecieron sobre las tablas de la sala, en lo que sería la última actuación del Turborock, presentando un aspecto francamente juvenil para la edad que se gastan. Con un Mark en plena forma y al son de “Money Roll With In”, Mudhoney se dispusieron a dar el concierto (de largo) más salvaje del festival, sin apenas intervalos entre canción y canción y con una interacción con el público que llevo a este prácticamente hacia el éxtasis. Las primeras filas del escenario ya eran impracticables, que se lo digan al personal de seguridad de la sala que tuvo más trabajo que en ninguna otra jornada, y con un trato exquisito hacia el público, todo hay que decirlo. Sé de otras salas de la Capital en la que más de uno hubiera salido expulsado del recinto de cabeza.

 

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Inasequibles a la nostalgia, Mudhoney echaron mano de sus últimas canciones; “Next Time I Get Next To You”, “Tales of Terror”, o “I´m Now” para poner patas arriba la sala, aunque obviamente no se olvidaron de clásicos como: “Touch Me I´m Sick”, “Let it Slide” o la canción que ellos hicieron suya “Hate the Police”. Excelente colofón final para un festival que independientemente de algunos problemas iníciales de sonido y alguna banda que no ha estado a la altura, me atrevería a calificar de memorable. Por favor, el año que viene…!Más!

 

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