Bernard Herrman, el genio de la música romántica y desgarradora. Recordamos al ilustre compositor

Ningún compositor cinematográfico me ha impresionado más que Bernard Herrmann. Su aportación musical al séptimo arte es inconmensurable, con algunas de las mejores, a mi juicio, bandas sonoras jamás hechas. Me sobrecoge lo que es capaz de crear y transmitir con ese estilo tan característico suyo. Me fascina cómo puede manipular nuestra emotividad con giros bruscos que nos alteran, para a continuación mostrar una inmensa ternura. Cuando escucho su música pienso en la noche, en vidas destrozadas por las experiencias personales, en gente perturbada y perturbadora, en misterios de difícil resolución, en el retorno de los muertos, en la influencia del pasado en nuestras vidas, en definitiva, en todas las cosas que nos atraen. Su legado musical es muy grande, de hecho, hoy en día se utiliza el término hermanesco, para describir las bandas sonoras de artistas con la influencia de Herrmann.

¿Cuáles son los adjetivos que podemos utilizar para describir la música de Bernard Herrmann? Muchos, sin duda, pero hay algunos muy significativos: emotiva, melancólica, conmovedora, desgarradora, tensa, enternecedora y dolorosa. Sí, dolorosa, porque trasmite el sufrimiento y la soledad existencial que sienten los personajes de sus películas. Como en el film Taxi Driver (su última película), con su genial partitura jazzística (género que no dominaba Herrmann, pero que a petición de Scorsese supo realizar), donde la pieza de saxofón nos transporta a la soledad del conductor por las calles de la ciudad.

Siempre se ha dicho que Herrmann fue una persona antisocial, sensible y frágil, que le afectaba en gran medida las cosas que pasaban a su alrededor, pero, paradójicamente, muy pocas veces he escuchado en el cine una melodía con tanta carga emocional, tan cercana al sufrimiento y pienso en la mente que la pudo crear, una mente lúcida, fuerte, brillante y conocedora de la experiencia humana. A Herrmann también se le conoce como el romántico abrumador, como consecuencia de sus partituras donde su romanticismo lírico refleja el mayor de los amores, el amor imposible.

Nació en 1911 en New York en el seno de una familia judía y pronto empezó a despuntar en el terreno musical, especialmente en la composición. En 1931 crea su propia orquesta, la New Chamber Orchestra, con la que realizó conciertos de música clásica. Pero la fecha clave de su juventud es 1933, año en el que empezó a trabajar con la Columbia Broadcasting System, poniendo música a programas radiofónicos. Aquí conoce a Orson Welles, que le seduce para trabajar con él en sus programas, siendo uno de ellos La Guerra de los Mundos, emisión basada en la novela de H.G. Welles sobre una invasión extraterrestre que, como todos sabemos, causó gran revuelo. De estos años surge una gran amistad con Welles y cuando en 1941 éste tiene la oportunidad de debutar en el cine, no lo duda y se lleva a Herrmann con él. Estamos hablando de Ciudadano Kane (la primera película de ambos), para la que compuso la banda sonora y estuvo nominado a los Oscar. El premio lo ganaría ese mismo año por su segunda película, El hombre que vendió su alma, su único Oscar.

Es curioso que en los años 50 y 60, cuando su carácter se vuelve más depresivo y difícil, sea cuando crea sus mejores obras. En estos años se produce la fértil colaboración del compositor con el legendario director británico Alfred Hitchcock, componiendo algunas inolvidables obras maestras como Con la muerte en los talones (1959), Marnie la ladrona (1964) y a mi parecer, una de las mejoras bandas sonoras de toda la historia del cine, Vértigo (1958). En estos años, también colaboró con otros directores creando bandas sonoras con un marcado estilo romántico, como es el caso de Las nieves del Kilimanjaro (1952), de Henry King.

El año 1966 es otro momento clave en su biografía, ya que después de una disputa con Hitchcock por la score de Cortina Rasgada(la banda sonora de Herrmann fue sustituida por una partitura del compositor John Addison), abandona Hollywood y se marcha a Europa. Durante ocho años aproximadamente estuvo en el viejo continente buscando nuevas experiencias artísticas y formas de trabajar. En este periodo colaboró con Françoise Truffaut, creando la música de dos importantes películas: Fahrenheit 451 (1966) yLa novia vestida de negro (1967). Pero en América se le echaba mucho de menos. Eran muchos los directores que admiraban su obra y deseaban trabajar con él.

En 1973 regresa a Estados Unidos y Brian de Palma le contrata para dos de sus películas más influenciadas por el estilo deHitchcock, Hermanas (1972) y Fascinación (1976), dos cintas un tanto turbulentas. Finalmente, en 1975, crea la música para un mítico film, Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, que sería su último trabajo para el cine, ya que fallecería poco después de terminar la composición para el film.

Otras películas para las cuales creó la banda sonora fueron: El cuarto mandamiento (1942), Jane Eyre (1944), Ana y el rey de Siam (1946), El fantasma y la Sra. Muir (1947), Ultimátum a la Tierra (1951), En tierra peligrosa (1952), Operación Cicerón (1952), Sinuhé el Egipcio (1954), Pero, ¿quién mató a Harry? (1955), El hombre del traje gris (1956), El hombre que sabía demasiado (1956), Falso culpable (1957), Simbad y la princesa (1958), Viaje al centro de la Tierra (1959), Psicosis (1960), La isla misteriosa (1961), El cabo del terror (1962), Suave es la noche (1962), Jason y los Argonautas (1963), Nervios rotos (1968), La batalla del Río Neretva (1969), Noche sin fin (1971) y Está vivo (1974).

Sus particulares rasgos musicales le llevaron a componer las scores de películas del género de aventuras, como es el caso de Simbad y la princesa (1958), Los tres viajes de Gulliver (1960), La isla misteriosa (1961) y Jason y los Argonautas (1963). Es un género en el que se desenvolvía con agrado, ya que el misterio y los mundos fantásticos eran los elementos predominantes de la historia. Muchos recordamos la impresionante banda sonora de Jason y los Argonautas, con esas notas con trompetas que nos producen sensaciones de esplendor heroico y tensión por lo desconocido.

Reconocimiento aparte merece la exquisita banda sonora del film El fantasma y la Sra. Muir (1947), una auténtica obra maestra, con dos momentos estelares de gran carga romántica que son el comienzo y el final de la película. Una música con gran carga simbólica que retrata el poder del mar como elemento de pura eternidad. Una gran película de Joseph L. Mankiewicz sobre fantasmas, acantilados y casas encantadas.

Herrmann también trabajó para la televisión en el periodo comprendido entre 1955 y 1968. Puso la música para numerosos episodios de series televisivas, como La Ley del revólver, Twilight Zone, El virginiano, Alfred Hitchcock presenta y Convoy, entre otras.

Creo que hay cuatro rasgos o elementos esenciales en la trayectoria de Herrmann, que definen su música y su trabajo. Son los preludios, los valses, su colaboración con Hitchcock y la película Vértigo.

Preludios. Estas composiciones u oberturas que sirven para anticiparnos lo que viene son fundamentales en la obra de Herrmann, ya que nos indican con certeza qué vamos a experimentar a partir de ese momento. Y son realmente magníficos. Pienso en los preludios de Con la muerte en los talones (donde el dinamismo de la música ya nos habla de un gran movimiento o persecución), Marnie la ladrona, Psicosis (ciertos desvíos son peligrosos), El cabo del terror (prepárate para pasar miedo), La isla misteriosa, etc. En todas ellas se nos da una información muy importante sobre la historia. Nos pone sobre aviso.

 

Valses. Herrmann era un romántico y eso se refleja en sus composiciones. Los valses nos hablan del pasado, de la vida, de las oportunidades perdidas, por eso son tan importantes para él. Como el vals de la memoria de Las nieves del Kilimanjaro, dondeGregory Peck recuerda con nostalgia lo perdido. O el vals de la película Fascinación, que nos hace rememorar a los que se han ido y parece que han vuelto.

Colaboración con Hitchcock. Su etapa más trascendente. Donde se concentran sus grandes obras. Una unión cinematográfica irrepetible con una influencia enorme.

Vértigo. Una obra maestra absoluta, sin más. Una historia fascinante sobre personas perdidas, que se encuentran algunas veces en el mundo real y otras en el de los muertos. Una película inolvidable con una música estratosférica. En el preludio, con los créditos iniciales, ya se nos presenta una música única, que parece que nos traslada al mundo onírico. Y sobre todo, la pieza para la famosa escena de amor entre Scottie (grandioso James Stewart) y la renacida Madeleine (Kim Novak), con el beso sobre la plataforma giratoria, en un momento de frenesí y locura en el cual a Scottie ya le da igual besar a un cadáver, porque Madeleine ha vuelto de la muerte. Impresiona escuchar la música de Herrmann. Simplemente magistral.

Este es el perfil de Bernard Herrmann, uno de los compositores clásicos del cine más admirados. Quizás mereció más reconocimiento en vida, pero sin duda es uno de los mejores.

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