Björk – Fossora (One Little Independent)

Björk lleva mucho tiempo en otro lugar muy alejado de nosotros y quizás de nuestro entendimiento. Ella se ha creado su propio personaje; un cuerpo performativo que a veces no sabemos si procede de un espacio virtual o reside en algún organismo extraño, orgánico y mutante. La islandesa rompe todos los cánones de representatividad, y es como un glitch, un fallo en el sistema operativo de la industria de la música.

Björk crea cuando le viene en gana, y alejada de cualquier atadura es capaz de recrear espacios inauditos, y ella misma se ha convertido en un avatar que canaliza su malestar a través de sonidos disruptivos, bellos y perversos. En este monumental Fossora (One Little Independent, 2022) llega a su décimo disco, y el título es el invento de feminizar el vocablo latino fossor (excavador), y su invención transita por lugares inimaginables: aquí ella es como una sacerdotisa en un mundo subterráneo lleno de hongos que crean rizomas, y establecen un mundo de interconexiones larvarias ocultas. Una dimensión ultraterrenal que exhorta la vida, pero también la muerte y la desesperación. La autora de “Human Behaviour” continúa con sus proclamas a favor de la defensa de los derechos de la mujer y su activismo ecologista, así como el pesar por la muerte de la gente querida o la maternidad.

Dice la autora que este disco es más “terrenal”, si entendemos este término desde el punto de la alteridad, quizás lleguemos a entenderla mejor. Es su álbum concebido en el trascurso cinco años en los que ha podido estar junto a los suyos en Islandia -la pandemia obviamente la obligó a cambiar sus hábitos-, y por este motivo dice que es su trabajo más arraigado a la tierra, su disco más orgánico.

Desde su cuenta de Instagram, y durante el confinamiento, la islandesa se marcaba sus propias raves en casa, y la veíamos bailar al ritmo de los sonidos quebrados del gabber (una variante tecno danesa de los noventa), algo que ha querido continuar en este disco con la colaboración del colectivo indonesio Gabber Modus Operandi poniendo beats agresivos en “Atopos” o “Ovule”, los dos temas que abren el disco. Ritmos enérgicos que beben del reguetón y el dembow, pero también de la música industrial; todo esto maridado con la fanfarria de musical anómalo con tubas, flautas y clarinetes.

La querencia por experimentar con los límites de su voz -herencia que le viene de escuchar a Joan La Barbara o Cheri Knight– hace de los interludios “Mycelia” y “Fagurt er í fjörðum” que sean organismos mutantes de mil cabezas. La muerte de su madre en 2018 tras una larga enfermedad permite a la islandesa dedicarle dos hermosas canciones que glosan su apasionante vida: “Sorrowful Soil” y “Ancestress”son dos grandes epitafios en donde se rinde tributo a su madre junto a la voz de su hijo Sindri. La voz de Björk declama con pasión contenida bajo un colchón de sonidos ensoñadores y beats que disparan fuegos artificiales en este funeral imaginario.

“Victimhood” es un largo mantra de crescendos épicos que descarga su intrépida belleza en unos arreglos de oboe ensoñadores y el tratamiento de su voz creando múltiples capas de significado; como si su voz fuera un organismo vivo que va excavando nuestros sentidos. Le sigue “Allow” que se asemeja a una fantasía de Carl Stalling junto a la compositora noruega Emilie Nicolas, y en “Fungal City” se alinea con serpentwithfeet para dejarnos enredar con una sinfonía de clarinetes y unos versos que se internan en la memoria materna.

Acaba el disco con la emocionante elegía “Her Mother’s House” -junto a la voz de su hija Ísadóra– en la que Björk rememora la voz de su madre y los espacios en los que creció: “When a mother’s house/ Has a room for each child/ It’s only describing/ The interior of her heart”. Soberbia.

Escucha Björk – Fossora

 

 

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