Pretenders – Hate For Sale (BMG) 

A Pretenders sólo cabe entenderlos como una constante impertérrita. El grupo puede presumir abiertamente de una presencia ininterrumpida que dura ya cuarenta años, desde que debutasen en 1980 con aquél excelente álbum homónimo. Desde entonces, la formación ha disfrutado de mayor o menor presencia y repercusión en los medios dependiendo del momento y la década en cuestión, pero lo cierto es que siempre han permanecido vigentes gracias, en buena medida, a la imponente presencia artística de su líder Christine Hynde.   

Cuatro años después de Alone (BMG, 16), la banda afincada en Gran Bretaña regresa con el que resulta ser uno de sus mejores trabajos en mucho tiempo. Hate For Sale (BMG, 20) es un disco que conserva intactas las cualidades tradicionales del grupo, al tiempo de mostrarlos inmersos en una madurez creativa muy bien entendida y que no resulta reñida ni con la solidez y ni con la solvencia de su obra. Por primera vez, las labores compositivas resultan repartidas entre la mencionada vocalista y el guitarrista James Walbourne, mientras que la acertada elección de Stepehen Street como productor –nombre siempre asociado a The Smiths y posteriormente uno de los artífices del Britpop tras los mandos– realza virtudes y rejuvenece (con naturalidad y sin complicaciones innecesarias) el aspecto de las composiciones. Pero, ante todo, sucede que la presente entrega cuenta con mayoría de buenas canciones, tan simple (y tan complejo) como eso. La referencia viene protagonizada por ese pop-rock de guitarras santo y seña del combo, lo suficientemente sentido y realista como para convencer a los avanzados en la materia, pero al mismo tiempo con gancho y los atractivos necesarios como para llegar a un público más generalista.  

No es casual que, en este undécimo disco de estudio de Pretenders, hasta cinco temas hayan llegado a ser extraídos como sencillos, porque éste es precisamente un elepé plagado de éxitos potenciales. Sucede desde el tema inicial, “Hate For Sale”, que da título al asunto y recuerda a los Primal Scream más roqueros, mientras que la irresistible “The Buzz” y “Turf Accountant Daddy” son piezas marca de la casa, y “Lightning Man” tiene claros ecos al ska de The Specials. Por su parte, “Didn’t Know When To Stop” apunta a Elvis Costello y la new wave como influencia, y el ácido y elegantísimo medio tiempo “You Can’t Hurt A Fool” bien podría ser la joya del lote. También destaca la noventera “Maybe Love Is In The N.Y.C.” (el inicio de la canción hasta hace pensar en Elastica), mientras que la pegadiza “Junkie Walk” es algo más facilona pero sin duda efectiva, en algo parecido a lo que sucede con “Didn’t Want To Be This Lonely”. Todo antes de que esa preciosa pieza al piano que es “Crying In Public” eche el cierre y deje ese buen sabor de boca generalizado que sin duda el álbum merece.  

El número redondo de diez temas concretados en (casi) otros tantos aciertos certifican media hora de buena música que, lejos de levantar sospechas, se sitúa fuera de toda duda y apunta a un realismo favorecedor para el veterano grupo. Hate For Sale (BMG, 20) es, además, una muestra del talante enciclopédico de la formación, cuando se trata de asumir géneros de diferentes épocas en beneficio propio. Pretenders regresan con un disco que bien podría volver a situarles en primer plano, ése que en realidad nunca han abandonado en un Reino Unido que, a pesar de la nacionalidad estadounidense de Christine Hynde, los acogió desde el principio y sin condiciones como hijos propios. 

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