Daniel Johnston – Sala Bikini (Barcelona)

La impresión que uno se lleva al ver salir a Daniel Johnston al escenario es que al tipo lo acaba de atropellar un tren. A él y a su guitarra. Vestido con un chándal roído y visiblemente desubicado (más tarde preguntaría si nos encontrábamos en una emisora de radio) Johnston repitió el esquema y el setlist que según las crónicas hizo en su concierto de Madrid y que muy probablemente repetirá en Valencia y Valladolid.
Empezó sin apenas saludar con la mítica “Hi, How Are You?” raspando a duras penas una guitarra que nadie podía creerse que ningún técnico había podido afinar ni que sea un poquito. A fin de cuentas daba igual, nunca nadie se ha enamorado de la música de Johnston por la calidad de su sonido, y además era evidente que le costaba horrores encontrar los acordes. Estas tres primeras canciones acústicas se sustentaron sobretodo por la emoción de tener al tipo tan cerca pero al salir una banda de acompañamiento (miembros de Betunizer, por cierto) se hizo evidente que el concierto ganó muchísimo con el cambio.

Así, más libre y relajado, Johnston pudo dedicarse a tirarse por encima toda el agua mineral que quiso y centrarse solo en cantar con una vocalización muy estropeada pero que aún así podía entenderse relativamente bien. Es obvio que dado su estado no puede permitirse la menor improvisación, llevaba un atril donde estaban las letras de las canciones que iba a tocar y en compensación por la falta de sorpresas hay que reconocer que la selección era exquisita: “Casper, the Friendly Ghost”, “Devil Town”, “Walking the Cow”, “Mountain Top”, “The Beatles”, “Speeding Motorcycle” (¿Es posible una canción mejor que esta? Un no gigantesco se alza por el horizonte) y cerrando la noche con “True Love Will Find You in the End” con la que hay que ser muy de piedra para no conmoverse siquiera un poquitín.

Dado que su última visita a España data del 2003, y que sabe dios cuando los astros se alinearán de nuevo para traerlo otra vez, uno siempre va dispuesto en estas ocasiones a perdonarle al personaje lo haga falta. Pero creo que muchos no estábamos preparados para disfrutarlo tanto. Es cierto que sus tics y temblores, la obsesión por salir del escenario por el lado que no corresponde o algún que otro desvarío hacen germinar la preocupación pero todo esto también nos dice que Johnston es, a su pesar, absolutamente transparente y que a su manera pareció disfrutar del concierto. No creo que nadie esa noche necesitara fingir nada y que la mayoría nos fuimos convencidos de ver al mejor de los conciertos de Daniel Johnston posibles.

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