Erin Rae – Putting On Airs (Single Lock)

Está pasando por un buen momento el género llamado americana o country maridado con pop interpretado por mujeres. Este año he podido escuchar excelentes discos de Pearl Charles, Kacey Musgraves, Big Thief, y ahora le toca gira en mi tocadiscos el de Erin Rae, nacida en Nashville, y que se ha labrado a pulso estar entre las mejores gracias a este notable “Putting On Airs” (Single Lock, 2018), que trasciende las influencias obvias del country folk de finales de los 60, principios de los 70, para sacar lustre a un cancionero que es todo candor, melancolía, y acto de honestidad brutal.

Déjenme que les confiese que cada vez que disfruto de estos discos en los que se mira sin pudor al pasado, me acuerdo de unas palabras de Simon Reynolds escritas en su obra maestra “Retromania”, más que nada porque me parece curiosa esta oda a la nostalgia periódica .Decía el autor inglés: ¿La nostalgia obstaculiza la capacidad de avanzar de nuestra cultura? ¿O somos nostálgicos precisamente porque nuestra cultura ha dejado de avanzar y por lo tanto debemos mirar inevitablemente hacia atrás en busca de momentos más potentes y dinámicos? ¿Pero qué ocurrirá cuando nos quedemos sin pasado? ¿Nos estaremos dirigiendo a una suerte de catástrofe cultural-ecológica, en la que los recursos de la historia pop se habrán agotado? Pues bien, quizás la música de Erin Rae, al igual que las antes mencionadas, sean piezas museísticas porque ya la rebeldía en el rock o pop parece un mero simulacro, y parece una paradoja porque la nostalgia no debería darse en la gente joven, ¿o si?. Pues sí, la nostalgia vende.

Los sonidos que despliega Rae no se complacen en la nostalgia de trazo grueso sino que tanto la producción como las influencias que tiene interiorizadas (que van de Jackson Browne a Patty Griffin, pasando por Joni Mitchell) toman forma para esculpir un pentagrama que enriquece una sintaxis de bello impresionismo de alcoba, muy sentido, y que reivindica su condición sexual. Quizás redefinir géneros pretéritos del pasado no sea una mala forma de hacer avanzar a la música, y si lo hacemos tensionando su narrativa interna, pues mejor que mejor. Discazo.

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