La Casa Azul – La Polinesia Meridional (Elefant Records)

Si eres de esas personas que todos los viernes se quitan el estrés semanal en el salón de su casa, dando saltos y desgañitándose a grito pelado con su canción favorita mientras se preparan para salir de marcha, este disco te apasionará.  El mejor disco de La Casa Azul hasta la fecha, sin que me tiemble el pulso. Y lo es, muy a pesar del gran defecto de una producción acelerada, el pitch parece extraído de una pista del Mega-Mix de los Pitufos Maquineros.

Guille Milkyway  se excusa en que su ritmo cardiaco es más alto que el del resto de los mortales. Excusa o explicación, nos da igual, porque este nuevo álbum de La Casa Azul no destaca sobre los demás por su producción, todavía compleja y algorítmica, sino más bien por la parte menos tangible y más importante de un disco. Su alma. Su esencia. Si sus otros discos olían a sal, arena, verano y a luz de la mañana, este nuevo disco brilla más por la noche, como la música disco de los setenta, con una gran querencia por lo “easy-listening” y un contraste equilibrado y elogiable entre unas letras amargas y algo de música “chochi”.

Un disco tributo a las imágenes e ídolos propios de Guille Milkyway, y a la vez un fantástico y disfrutable viaje personal para cualquiera que supere el miedo a la velocidad de ese endiablado pitch.

A destacar la canción que debiera haber sido el primer single, la estupenda “Colisión Inminente” que se encuentra en la cumbre creativa del disco, y posiblemente de toda la carrera de Guille, en la que canta: “hoy en directo, la conexión más esperada, el gran debacle, mi hundimiento emocional”; en “Terry, Peter y yo”, continúa la emoción exultante de los estribillos ultra-mega-rítmicos; “Los chicos hoy saltarán a la pista”, con ese deje lánguido y positivo; “Sucumbir” y “ La fiesta universal”, podrían haberse publicado en algún otro momento como un EP redondo y el disco todavía se quedaría con muchas joyas, como “Todas tus amigas” o “La vida tranquila”, más relajadas y reflexivas.

La Casa Azul por fin ha conseguido unir su acertada visión del chicle-pop, que ya trabajó en sus primeros discos y la discoteca para adultos que dibujó en su anterior trabajo, “La Revolución Sexual”. Todo un acierto.

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