Libro: Porque Ya No Queda Tiempo, Rafa Cervera (Jekyll & Jill)

Los recuerdos de otros despiertan en uno, inevitablemente, los propios. Así, tras la lectura de este libro que me dispongo a reseñar, que no se trata exactamente de unas memorias, pero básicamente se centra en recuerdos de su autor, yo me veo a mí mismo con 17 años, tumbado en la cama leyendo absorto la biografía de Lou Reed que acabo de adquirir esa misma mañana. Tanto me enfrasco que no puedo parar hasta terminarlo esa tarde, sorprendido ante mi celeridad, pero sobre todo ante la capacidad narrativa de quien lo escribe, que ha obrado el milagro de que un lector-caracol como yo lea doscientas y pico páginas de una sentada.

Aquél narrador tenía un nombre y escribía en una de las publicaciones musicales que yo devoraba compulsivamente todos los meses, siempre que el modesto pecunio que me proporcionaba mi paga así me lo permitía. Rafa Cervera se convirtió rápidamente en uno de mis prescriptores musicales y también en uno de mis más claros referentes en el sueño que albergaba entonces de acabar siendo periodista musical, iluso de mí. De este modo pasó a ser, automáticamente, en uno de mis héroes. Y es que los héroes no siempre tienen que ir armados con una guitarra.

Rafa, además, era de mi misma ciudad y por ese motivo, aunque mucho tiempo después, acabé coincidiendo con él por ahí y conociéndole superficialmente, sobre todo a través de conocidos comunes y redes sociales. Fue ahí donde empecé a disfrutar de la lectura de una serie de artículos dominicales que escribía para Valencia Plaza bajo la denominación común, robada de David Byrne, de “Los recuerdos no pueden esperar”. Siempre que los leía terminaba pensando que en algún momento, su autor debería convertir todo eso en un libro, porque de alguna forma sabía transmitir lo determinante que ha sido la música en su vida de una manera tan humana y certera, que uno no podía evitar terminar estableciendo paralelismos con su propia existencia. Necesitaba más y mira por dónde, algo así es este libro que acabo de terminar de leer.

Como bien dice su autor, Porque Ya No Queda Tiempo no es un libro de memorias, ni tampoco una novela propiamente dicha, es algo que participa de aquél concepto que creó Truman Capote para su A Sangre Fría y que denominó novela de no-ficción. No es que Cervera cuente una truculenta historia de asesinatos y pena de muerte basada en hechos reales, pero sí que, basándose en sus vivencias, recuerdos y las personas que le han acompañado en su viaje, construye un intrincado puzzle que tiene por objeto, básicamente, dar testimonio de su existencia antes de que alguien lo tenga que hacer por él. Un retrato conformado por muchos otros retratos, dado que los personajes que desfilan por sus páginas, son quizá tan protagonistas como el propio autor.

Cervera los retrata con ternura, lejos de la mordacidad con la que -una vez más- Capote lo hacía en aquél libro suyo de Retratos. Les da vida propia de una manera que está al alcance de pocos y así, van desfilando su tío Rafa, sus padres, viejos y nuevos amigos, gente de la noche, del periodismo y muchos, muchos músicos, de entre los que resplandece con luz propia un Lou Reed omnipresente, como si fuera un alter ego, en una buena porción de la narración. El mítico cantante neoyorquino empieza siendo un referente, una vía de escape de la realidad que le muestra caminos que se alejan de la chabacana estampa de una ciudad de provincias con poco que hacer y acaba convertido en algo así como ese pariente lejano que te cae tan bien y al que puedes ver sólo en las grandes ocasiones. Esas grandes ocasiones tuvieron lugar en varias entrevistas que él recupera no como sucesión de preguntas y respuestas, sino más bien como colección de emociones, que le acercaron de un modo íntimo a su ídolo y a su forma de ver el mundo.

Y es que es muy difícil disociar las vivencias de Rafa Cervera de la música. Van íntimamente ligadas. En un momento del libro, durante la transcripción de una conversación, el autor confiesa que empezó a escribir sobre música para encontrar su propia voz. Y vaya si lo hizo, en estas páginas está la prueba. Leyéndolas uno recupera muchas de las razones que le forzaron a amar el pop, el rock y todo lo adyacente. Habla por muchos de nosotros y además lo hace con la autoridad de alguien que ESTUVO ALLÍ. Vivió la noche valenciana y madrileña, las movidas respectivas, fue amigo de sus protagonistas, publicó pioneros fanzines, entrevistó a todo el mundo, trabajó en televisión. Una vida entera dedicada al asunto y lo transmite, además, con una humildad y concreción que parece que todos estuviéramos allí con él.

Por supuesto, también existe un lado extramusical, aquél dominado a veces por el arte y la literatura o, en su caso concreto, la motivación del acto de escribir; a veces por la ternura de los seres queridos y las historias que encierran instantáneas pretéritas; y también, en gran medida, por lugares concretos: Rafa Cervera es también un gran pintor de paisajes, descriptor fantástico de las emociones que surgen de la luz de València, el bullicio de Madrid, la inmensidad de Nueva York o la soledad del Saler, lugar en el que reside y con el que ha alcanzado cierta simbiosis, tanto, que rara vez desea de verdad salir de allí. Cervera se representa así como una especie de ermitaño, que vive plácidamente rodeado de sus cosas, de los árboles de la reserva natural, de sus recuerdos y fantasmas. Realmente, no necesita nada más. Sin embargo, este libro tan hermoso, tan importante, lo ha escrito para que sepamos que sigue ahí, que nos quiere, que piensa en el mundo, que le importamos y sobre todo, da testimonio de sí mismo, de su existencia, una existencia como otra cualquiera, sí, pero a la que él sabe dotar de magnitud novelesca. Y he ahí el quid de la cuestión. En ese sentido, es un libro único, inclasificable, que pica de muchos platos, por lo que cuesta discernir qué es realmente, pero que al final, como sucede con las narraciones verdaderamente buenas, deja la sensación de haber llegado hasta el alma de quien lo escribió y haber conocido un poco más también la nuestra propia. Cervera ya era uno de los mejores periodistas musicales de este país, es hora de que descubramos al inmenso escritor que lleva dentro.

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