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M83 – Junk (Naïve)

Resulta especialmente difícil para mí encarar la reseña de un disco como Junk (16) como fan de la carrera de M83. Los cambios estilísticos son siempre arriesgados: el oyente desea el equilibrio perfecto entre lo que reconoce y le gusta del artista y el hecho de que los resultados innovadores convenzan sin perder la esencia.

Pues bien, desde esta perspectiva, Junk (16) es un desastre de dimensiones faraónicas. Me resulta extraño que esto pueda gustar a ningún seguidor pretérito de la banda. Pero cojamos fundamentos para posteriormente diseccionar este lamentable suceso musical.

Para empezar, M83, o Anthony Gonzalez si se prefiere, fue un artista fundamental para revivir con inteligencia y sensibilidad el sonido shoegazing contemporáneo. Lejos de ejercicios de estilo vacíos y continuistas, primeros trabajos como Dead cities, red seas & Lost ghosts (03) y Before the dawn heal us (05) se mostraban reveladores, vivos, referenciales, auténticos bastiones sobre los que edificar el regreso a un estilo sin sonar sobado, manido o forzado. Maravillosos, trascendentales, emocionantes hasta el límite.

Saturdays=youth (08), para mí su obra magna, abría el abanico: la electrónica, el pop y los drones convivían con las guitarras en una obra maestra equilibrada, invasiva ventricularmente e inmortal. ¿Cuál es el problema? Pues uno muy grande: hasta ese momento M83 parecían un pequeño secreto para almas curiosas. Entonces, una campaña publicitaria, de marketing y con todos los medios de su parte –algo que salvo los más especializados no habían hecho antes- irrumpió con la llegada de Hurry up we’re dreaming (11), impulsado por un single imbatible, “Midnight city” –buena sin discusión, pero que a ese nivel como mínimo ya había hecho M83 veinte canciones mínimo-, irrumpió y todo el mundo fijó su atención hacia el proyecto.

Los fans de antes sabíamos que era un disco descompensado, irregular, fallido, henchido de una épica desmesurada sin resultado posible a través de las canciones. Pero caló, era un disco decididamente empático para aquel que no se había dejado conquistar antes por una sutilidad mucho más agradecida con la perspectiva que da el tiempo y las digestiones lentas y adecuadas de música.

Trazo grueso que le puso en lo más alto, en el momento que menos canciones e ideas podían existir. El público no lo sabía, los fans de siempre podíamos intuirlo y Anthony, era el más consciente. Fruto de este acojonamiento a no tener salida posible, surge Junk. Y Junk es una salida de tiesto demencial en aras de una especie de melancolía naïf ochentera entre escenarios dignos de Barrio Sésamo, melodías infantiles y canciones de auténtico chichinabo. No se lo cree nadie.

Basta escuchar los primeros compases de voz y teclados con “Do it, try it” para atestiguar que estamos ante una nadería insustancial e irritante astronómica. Otras canciones como “Bibi the dog” o pasajes atmosféricos como “The wizard” son de vergüenza ajena; más aún si esa pretendida nostalgia 80’s -estética, cultural y artística- está siendo llevada con una elegancia, prestancia y resultados sublimes como lo son los aportados por la escena synthwave, prácticamente desconocida en nuestro país, por desgracia.

Por salvar algún tema, la bonita balada “For the kids” para la que presta voz Susanne Sundfor, artífice de que la canción llegue a encandilar dentro de un trabajo que no recordará ningún ser humano en la faz del planeta.

Raúl del olmo

 

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