Conciertos

Monster Magnet – Heineken (Madrid)

Existen grupos con los que parece que la pereza impera a la hora de referirse a ellos. Monster Magnet, por desgracia, es uno de ellos. Y su mayor delito no fue otro que tener un comienzo de carrera impoluto, que alcanzó su cenit en esa orgiástica demostración de space rock y psicodelia que es Dopes to infinity (95) y que supo, tras su salida, editar una obra maestra más directa y terrenal con Powertrip (98), uno de los tratados definitivos del rock de finales de los noventa.

Desde entonces, sólo la euforia relativa de Monolithic Baby (04), un apreciable sucedáneo con intención de rescatar las virtudes de Powertrip, supone el único disco realmente imprescindible. Ahora venían a presentar Mastermind (10), disco que se encumbra en comparación a su hasta ahora última referencia, 4-way diablo (07). La verdad es que ni aquel era tan malo, ni este tan destacado.

Lo que sí es un auténtico despropósito es que, fruto de esa abulia hacia ellos, alguien cometiese el error de perderse uno de los conciertos más brutales del año. Nada me hacía presagiar tamaña demostración de solidez, contundencia y entusiasmo. Acompañados de un inusual sonido magnífico para la sala, Dave Windorf y los suyos salieron con ganas de agradar, de ir ganando la partida poco a poco.

En los primeros lances fue “Tractor” la canción que agitó a la numerosa audiencia allí congregada para un lunes helador en la gris capital. Otro himno imperecedero como “Dopes to infinity” consiguió llevarnos a los confines de un viaje alucinógeno. Bestial.

Sobre los nuevos temas, luces y sombras, muy discretos temas como “Hallucination bomb” y convincentes otros como “Dig that hole”. El estado vocal del frontman embutido en cuero, pese a los efectos colocados en su micrófono, sorprendió muy positivamente, y la banda directamente unos colosos de los que no quedan, especialmente demoledores en ese rescate del lejano “Dinosaur vacume”, la mejor de la noche.

Hacia el final de la velada, el monstruo magnético se reservó los baños de masas de “The right stuff” y “Space lord”, celebradísimas a la vez que algo casinas. Nada que ver con el auténtico encadenado sobrehumano que supuso el final del bis con “Crop circle” y “Powertrip”, apoteosis demencial que dejó a los norteamericanos en una posición firme y alejada de toda duda.

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