The Black Keys – Brothers (Nonesuch Records)

Antes de elegir la primera palabra de este texto, después de haber escuchado Brothers hasta el límite de la resistencia humana durante los últimos siete días, pensé que era de recibo echar la vista atrás y observar las marcas que Black Keys había dejado en la carretera. Es muy recomendable repasar la discografía de los de Ohio, aunque quizá no en las 24 horas que tiene un día; al final de la jornada, las camareras te mirarán raro cuando, acodado en la barra, les pidas “one bourbon, one scotch, one beer”.

Con todo, al acabar la maratón melómana caí en la cuenta de que tampoco era tan necesario, al menos no para darse cuenta de lo principal: Brothers es bueno. Muy bueno, en realidad. El sexto largo de Auerbach y Carney es canela fina, un susurro en medio de una noche de desenfreno; un baño refrescante en una piscina de la que saltan gotas de clase en cada chapuzón. En el nuevo disco de Black Keys su habitual blues de arterias gruesas coquetea descaradamente con el soul y el resultado es algo tan elegante que debería formar parte de los requisitos para una velada de etiqueta.

El paso dado por el dúo es pequeño en la teoría, lo que ocurre es que se hace enorme en la práctica. Hace tiempo que Black Keys no son los de The Big Come Up (2002, Alive Records) y Thickfreakness (2003, Fat Possum Records), y ya se olía algo en su último disco. Attack & Release tenía esos proyectiles de blues-rock que eran “I got mine” y, sobre todo, “Strange times”, pero también dejaba abierta alguna puerta al terciopelo; “Things ain´t like they used to be” era la última canción de aquel disco, pero podría ser la primera de éste.

En ese LP irrumpió Danger Mouse con una producción excelsa, llena de matices; flautas, órganos y coros lanzaban emocionalmente los temas a otra dimensión. O, al menos, a una diferente a la que conocíamos con las canciones de los Keys. En Brothers, DM sólo produce “Tighten up”, un excelente single de silbido pegadizo; el resto es cosa de la pareja, que demuestra una maña asombrosa a los botones (no en vano Auerbach ya tiene su propio estudio, donde ha producido a Radio Moscow, entre otros).

La arrolladora “Everlasting light” abre el disco y presenta al invitado sorpresa: el falsete de Auerbach. Hasta ahora prácticamente inédito en los Keys, se repetirá a lo largo de Brothers (“The only one”, “Never give you up”) en lo que parece una apuesta clara por el terciopelo en detrimento del músculo; aún así, este último está muy bien representado por “Next girl”, “Sinister kid”, “She´s long gone” y “Howlin´ for you”, un blues sudoroso y lúbrico con un ritmo delirante. Una locura.

Con todo, a partir de la instrumental “Black mud”, resulta evidente que este disco es una valiosísima ofrenda al soul. De ahí en adelante, el disco se reparte (salvo la honrosa excepción de “Sinister kid”) entre efusivos abrazos de blues-soul y baladas con aroma a clásico. En las primeras, sobresale la intensidad de “The only one”, la abrumadora producción de “Ten cent pistol” y “The go getter” o esa maravilla, “Unknown brother”, que Otis Redding aplaudirá allá donde esté. En las segundas, impresiona esa capacidad recientemente descubierta en Auerbach (escuchen su disco en solitario), que da bonitas canciones como “I´m not the one” o “These days”, y verdaderas joyas como “Too afraid to love you” (con una base muy BlacRoc, por cierto); sin olvidar la apasionante versión del “Never give you up” de Jerry Butler.

Independientemente de que seamos más de Howlin´ Wolf o de Marvin Gaye, lo cierto es que es de justicia aplaudir gestos como el de Black Keys. No al anquilosamiento. Mi consejo es que adquieran este disco, tendrán en su estantería un pedacito de música vivo.

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