The Killers – Palacio de Los Deportes (Madrid)

Sólo hasta que me bajé de la moto, me quité el casco y di un paseo por la amplia plaza que precede al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, no fui consciente del tipo de concierto al que me disponía a asistir.

Centenares de diechoañeros ataviados con su último modelo estilo “moderno” se alineaban a la entrada del Palacio de los Deportes a partir de las cinco de la tarde, formando dos gigantescas colas que más se asemejaban a un desfile de modelos, que a la entrada de un concierto de rock. Y es que supongo que más sin quererlo, que queriéndolo, estos cuatros norteamericanos afincados en Las Vegas, han pasado en cuatro años, de ser unos desconocidos rockeros, con canciones contundentes que actuaban frente a 400 personas en la Copérnico, a ser los ídolos de adolescentes que se tildan de alternativos por llevar pantalones de pitillo, grandes gorras de colores, y camisetas de aspecto zarrapastroso que cuestan una fortuna, mientras escuchan el último número uno de los 40 principales, en su recién estrenado iphone. Sorprendentemente, toda esta marabunta de gente, y estas colas enormes, se acabaron en torno a las 7 de la tarde, media hora después de que se abriesen las puertas, dando paso a un largo goteo de jóvenes de edad más madura, que esperaban a la entrada mientras se acababan su litrona y comentaban “joder, espero que toquen casi todas de los dos primeros discos, porque la verdad que del tercero, a penas se salvan tres canciones…”

Tras asistir a todo aquél espectáculo, entraba por fin en torno a las ocho y cuarto a la parte baja del Palacio, y un ligero cosquilleo recorrió mi estómago al darme cuenta, de que fuesen quienes fueses los que habían ido, eran más de 15.000 personas las que abarrotaban el parqué y todas las gradas, y que en poco más de una hora allí se iba a liar una gorda. Pero antes de todo eso, tocaba esperar un poco mientras sonaba el cuarteto de San Diego, Luis XIV, que presentando su segundo disco Slick Dogs and Ponies, entretuvieron al personal, cumpliendo su papel, y haciendo el retraso de los más tardones, una mera anécdota.

Fue a las 21.39, cuando finalmente se apagaron los focos, y un escenario lleno de palmeras, y con un fondo cargado de pequeñas luces desde el suelo hasta el techo, se iluminaba  formando la palabra Killers, para dar entrada al grupo, ataviado con sus ya característicos trajes negros con plumajes en las hombreras, que empezaron con un poderoso “Human”, seguido de “This is your life” y que hicieron que como un resorte casi todo el mundo demostrase que eran más dancers que humans, y comenzasen a agitarse sin parar, salvo contadas excepciones de jóvenes novatos, que creían que un directo, era lo mismo que escuchar un hit en la radio, o verlo en la MTv, y ponían malas caras ante los empujones y la nube de calor que ascendió nada más empezar. Sin descansar más que el tiempo necesario para decir “hola, Madrid, somos los Killers, para serviros”, comenzaron las distorsiones que precedían a “Somebody told me”, que hizo que el palacio de deportes se convirtiese en una macro discoteca con 15.000 personas al ritmo del estribillo.

Se calmaron un poco los ánimos, que dieron paso a los matices, al buen sonido, y a la prodigiosa voz de Brandon Flowers con temas como “Four reasons unknown”, “Joy Ride” y un “I can´t stay” con una segunda batería y saxo en directo que lo hicieron una verdadera dulzura. Pero la gente necesitaba de nuevo movimiento, y lo recibieron por medio de un “Bling”, en la que la batería hacía que te retumbase el corazón, y los agudos de Brandon los pelos de punta, seguido de un momento de culto como fue la versión de Joy Division “Shadowplay” mientras en el escenario se dibujan sin parar de agitarse la silueta del desaparecido Ian Curtis.

Siguieron con “Spaceman” y  “Simle like you mean it” hasta llegar a la versión tranquila de “Sam´s Town” con Flowers en los teclados, que aparece en su disco de rarezas Sawdust, y que daría comienzo al principio del fin, que estuvo compuesto por tres temazos encadenados como fueron “Read my mind”, “mr. Brightside” y “All these things that i´ve done” que hicieron que de nuevo el palacio se viniese abajo, al grito común de «I got soul, but I’m not a soldier», poco más de una hora después de que hubiesen empezado a tocar.

Después de eso, luces apagadas, tres minutos de palmas y silbidos, y una reaparición que duró tres temas (con un excelente “Bones” como destacable)  y un temazo. “When you where young” sonando a tope, y con sonido perfecto, que puso sonrisas y lágrimas en todos los que allí estábamos y que hizo que todo el mundo se fuese a casa con el mejor sabor de boca con el que alguien se puede ir después hora y media de música, mientras las luces se encienden y suena la dulce canción del Mago de Oz, para despedir a un concierto, que aunque seguro que para muchos demasiado centrado en su tercer disco, sin duda que mereció la pena, y que permanecerá en el recuerdo de todos los que asistimos.

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