Zola Jesus – Conatus (Souterrain Transmissions)

La coartada del lo-fi, del artista genial que carece de medios y graba en su casa con cuatro trastos, ha servido desde siempre para dar a conocer a gente verdaderamente interesante, pero también para colar verdaderas medianías con la esperanza de que, entre tanto rey desnudo, nadie se diera cuenta de cuál era el impostor. Después de Stridulum (2010) empecé a pensar que Zola Jesus estaba en el primer grupo, con lo que esperaba con ganas que alguien le diera la oportunidad de demostrar lo que era capaz de hacer con más medios.

La oportunidad le ha llegado. Con más tiempo para grabar, músicos de verdad, más medios y una producción profesional, Conatus es lo que su propio nombre indica: un esfuerzo, un impulso, un paso adelante. Tal como ella misma reclamaba hace algo más de un año, por fin ha podido demostrar que detrás del fuzz y la cacharrería retro se escondían canciones, melodías y mensajes con contenido. La portada ya dice mucho de lo que encontraremos dentro: el negro y la suciedad de Stridulum se convierten aquí en blancura, pureza, limpieza. No, no hay un cambio radical en cuanto a estilo ni estructura de los temas, pero se nota una evolución hacia terrenos más sofisticados, donde en vez de escuchar a una Siouxsie embarrada hasta el cuello grabada en un cuatro pistas se adivinan referencias a los Cocteau Twins o a Dead Can Dance.

Más que nunca Zola Jesus usa su voz como un instrumento más, con lo que quien prefiera las texturas a las melodías tampoco se verá defraudado. Entre cantos tribales (“Seekir”), odas al individualismo (“Hikikomori”) y tiernas baladas al piano (“Skin”), se cuela algún tema con vocación de himno post-punk (“In your nature”), ritmos robóticos y diversos momentos de incitación al baile. Tal vez haya perdido espontaneidad, pero ha ganado fuerza y capacidad de transmitir sentimientos y estados de ánimo, como la soledad en la mencionada “Hikikomori”, o la vulnerabilidad que impregna casi todo el álbum.

En su camino hacia la definición de una personalidad propia, Zola Jesus no ha dado todavía ningún paso en falso. Este, en concreto, parece casi definitivo, lo que nos lleva al punto en el que nos encontrábamos al principio de la reseña: y después de esto… ¿Qué?

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