Entrevista: Matías Altbach

“Participar en un medio, aunque sea online, te ayuda a abrirte puertas en shows y festivales”

Con 27 años, y una carrera ya encaminada al mundo de la administración de empresas, Matías Altbach soñó una noche que se compraba una cámara Polaroid y una Reflex. Al día siguiente, se despertó con la necesidad de hacer algo con ese sueño. Empezó a estudiar fotografía y, tiempo después, gracias a una reducción de plantilla en la oficina, Matías se animó a dar el gran salto y a dedicarse de lleno al mundo de la fotografía.

Hoy en día, es uno de los fotógrafos musicales más reconocidos a escala internacional. Afincado en Buenos Aires, Altbach lleva más de 300 conciertos a sus espaldas a uno y otro lado del Atlántico, fue elegido por la revista NME como mejor fotógrafo en 2014 y trabajó como fotógrafo oficial del Lollapalooza Berlín 2015.

Estudiaste administración de empresas y estuviste mucho tiempo en este sector. ¿Cómo fue ese momento de catarsis en el que decides dejar tu trabajo de oficina e 9 a 5 y dedicarte ‘full time’ a la fotografía?

Tuve dos trabajos en ese sector. Estaba cómodo en la oficina y era un trabajo bien pagado, pero no quería seguir en relación de dependencia con un jefe. Confiaba en mis capacidades para administrar proyectos y negocios, y sabía que podía aplicarlos en cualquier empleo. Dos años después de estar en esa empresa, por la situación económica del país, hicieron una reducción de personal y me tocó quedarme fuera. Yo ya sabía que no quería volver a trabajar en ese formato de 9 a 5, así que esto fue el empujón que necesitaba para dar el gran salto. Aproveché el tiempo libre para organizar mis recursos y me lancé ‘full time’ a la fotografía. Las fiestas y los eventos me llevaron al mundo de la música, gestioné contactos para conseguir nuevos trabajos y le di para adelante.

Comenzaste haciendo fotos en pequeños eventos, discotecas y conciertos. El gran salto ocurre en 2014, cuando la revista NME te premia con el galardón de Mejor Fotógrafo en categoría profesional -del que ya habías sido finalista el año anterior-. ¿Qué supuso este premio?

Fue una bisagra en mi vida. Sentí como si hubiese ganado un Mundial. El año anterior, había sido finalista, pero haber ganado fue grandioso. NME es una revista que tenía como referente incluso antes de dedicarme a la fotografía. Ganar el premio me motivó a entrar en el mundo de los festivales europeos. Tuve que gestionar los recursos por mi cuenta en el mercado y logré posicionarme y ser tenido en cuenta. Este premio fue una validación hacia mi decisión de vida laboral.

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Como comentas, a partir de ahí comenzaste tu propia “gira”. Diste el salto de Argentina a Europa y te dedicaste a documentar numerosos festivales del Viejo Continente durante 2015. ¿Qué recuerdas de ese año?

Fue un año maravilloso. Un sueño cumplido. Hice nueve festivales en distintos países y conocí nuevas culturas. Visité Londres, Barcelona, Budapest, Escocia… ¡Tengo miles de anécdotas!

Recuerdo cuando la gente de seguridad retiraba a Damon Albarn del escenario tras brindar un show de 4 horas en Roskilde. Yo era el único fotógrafo presente y logré capturar imágenes exclusivas que se publicaron en muchísimos medios, porque fue una noticia que trascendió a nivel mundial. La experiencia europea me cambió la vida, me enriqueció como persona y como fotógrafo. Nunca me voy a olvidar de lo que viví en 2015. Conocí muchos colegas, y algunos se convirtieron en grandes amigos. Fue el primer viaje que hice solo y mi carrera dio un salto cualitativo.

En esos meses, durante un tiempo, estuviste viviendo en España. ¿Qué nos puedes contar de tu periplo en nuestro país?

Viví en Barcelona y me pareció una ciudad encantadora. Allí cubrí el Primavera Sound como primer festival de la temporada. Estuve muy cómodo, porque el idioma y la cultura en España me hicieron sentir como en mi ciudad.

Este año volví a Barcelona y también descubrí Madrid, cuando cubrí la primera edición del Mad Cool Festival. Me enamoré por completo de la capital y creo que la elegiría para vivir si algún día decido irme de Buenos Aires. Me maravilló su oferta cultural y musical, hice grandes amigos en poco tiempo.

El año que viene voy a dar un curso de fotografía de música y otro de emprendedurismo en el IED así que espero poder pasar bastante tiempo en la ciudad. Me entusiasma la idea de ayudar a distintas personas a realizar sus proyectos en esa ciudad tan querida para mí.

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¿Cómo surge esta idea de dedicarte también a la enseñanza con seminarios sobre fotografía y emprendimiento?

Hace ya cinco años que dicto cursos de fotografía. La idea surgió a partir de varias personas que me preguntaron si daba clases. Por entonces, solo hacía 2 o 3 años que me dedicaba a esto y nunca había pensado en ser profesor, pero comencé a preparar un contenido que pudiera teorizar todo lo que yo había aprendido en la práctica. Fui autodidacta, miré mucha fotografía, leí blogs y libros. Además, trabajé como consultor y curador artístico del Photographic Museum, y eso fue como un máster para mí. Me parecía importante poder ayudar a otros y enseñarles lo que yo había aprendido durante todo ese tiempo.

Este año comencé con “Emprendete”, que tiene que ver con insertarse en el mercado laboral. Mis estudios me dieron mucho conocimiento sobre gestionar y administrar proyectos, así que plasmé eso en este seminario. Descubrí que temas como finanzas, redes sociales, armado estratégico, motivación, creatividad para resolver problemas y tomas de decisiones, entre otros, eran elementos comunes en cualquier rama artística ligada a la cultura, no solo en la fotografía. En principio, estos seminarios se dictarán en el IED de Madrid y potencialmente en Barcelona, además de en otras ciudades europeas como Berlín y Lisboa.

El papel del periodista musical está muy desprestigiado, cada vez más. ¿Ocurre lo mismo con los fotógrafos?

Todo depende de la definición de “desprestigio”. La fotografía de música y el periodismo musical tienen en común que la mayoría de blogs especializado que hacen coberturas son proyectos ad honorem. Muy pocos pagan por las fotos o por escribir artículos. Hay que entender que es la condición del mercado. Hay que ser inteligente y sacarle provecho, descubrir qué puede obtener uno a cambio de esa cobertura.

En mi caso, siempre me gustó participar de proyectos colectivos porque me motiva aprender de los demás y aprovecho esos espacios para conseguir acreditaciones, que no es un tema menor. Participar en un medio, aunque sea online, te ayuda a abrirte puertas en shows y festivales. El desprestigio viene de parte del mercado mismo, pero todavía hay muchos productores, músicos y clientes que entienden la importancia que tiene la fotografía en la parte comercial de sus negocios.

En los festivales contratan fotógrafos por bajo costo o de manera gratuita, pero también pueden contratar profesionales que les puedan garantizar que el espíritu del festival se comunique de la mejor manera posible. Eso ayuda a que, en ediciones futuras, se vendan más tickets. Hoy, la cantidad de oferta en la profesión nos obliga a tener un valor agregado que nos destaque. Hay que especializarse y ofrecer otro tipo de servicios complementarios. Por ejemplo, si conocés sobre diseño, redes sociales o negocios, te suman prestigio y tienes más oportunidades. Eso se gana con el tiempo, la constancia y el trabajo. Un portfolio no se arma en un año. Tener una cantidad de material que comunique tu estilo y tu mirada es muy valioso. Lleva tiempo y trabajo. Es difícil, pero se puede y se logra.

Además de esta cuestión, los fotógrafos musicales os enfrentais al problema de que, muchas veces, en los medios no se firman las fotografías… o se adueñan de ellas sin pedir permiso a los autores. ¿Cómo se afronta esta cuestión?

Si bien al principio me molestaba que usasen mis fotos sin darme el crédito, con el tiempo me dejó de importar. Soy de la filosofía de que “lo que está en Internet, es de Internet”. Leemos artículos, bajamos películas y discos sin pagar (o de forma ilegal)… Son las reglas del juego. Exponiendo nuestras fotos, corremos el riesgo de que alguien más las tome y las use con otros fines. El límite creo que está con los clientes grandes o cuando se usan las fotos con fines comerciales. No es lo mismo prensa y comunicación que la venta directa del producto. Al principio, usaba marcas de agua o ponía mi nombre, pero ahora ya no. La gente que sigue mi trabajo ya sabe que son mis fotos. Lo que digo en mis cursos es que hay que preocuparse más por la calidad del trabajo que por los créditos del mismo. Si la calidad es buena, los créditos vienen solos.

Hace poco, durante el acústico que hizo Pete Doherty allí en Buenos Aires, conseguiste regalarle una de las fotos que les hiciste a Barat y a él durante un concierto de los Libertines. ¿Cómo fue el encuentro? Para un fan de la banda como tú debió ser muy especial…

Fue otro sueño cumplido. Después de varios intentos fallidos, las cosas de la vida hicieron que tuviera la oportunidad de conocerlo personalmente. No sólo cubrí tres shows de The Libertines, sino que tras su show en el festival BUE en Buenos Aires, Pete se quedó fascinado con la ciudad y vivió aquí durante casi un mes. Realizó un show acústico y otro con su banda. Los productores me contrataron para ambos y tuve la oportunidad de charlar muchísimo con él. Hablamos sobre muchas cosas: música, política… Durante esos encuentros, pude regalarle la foto que les había hecho en Lollapalooza Berlín y había exhibido en “Highlights”, una muestra que produje en abril en Buenos Aires junto a otros fotógrafos internacionales. Decidí llevarla y le encantó. Pete es un tipo muy “macanudo” y muy abierto, se le veía feliz.

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Luego, también cubriste su concierto del 11 de noviembre, ¿no?

¡Ese show fue un descontrol! Todo lo que agarraba, lo tiraba. Tiró la guitarra, tiró una botella de ron, el pie del micrófono… En un momento le sacó la cámara a otra fotógrafa, hizo un par de fotos desde el escenario y la revoleó hacia el público. No sé cómo hubiera reaccionado yo si hubiera sido mi cámara pero, por suerte, pude tomar esa secuencia de fotos y documentar ese momento punk rock.

Llevas más de 300 conciertos a tus espaldas, que se dicen pronto, pero ¿a quién te gustaría retratar que aún no hayas conseguido?

Me di el gusto de retratar a Paul McCartney, a los Rolling Stones, Blur y The Libertines, entre muchos otros. Realmente, me quedan muy pocos por tachar de mi lista, pero Green Day es una cuenta pendiente. Si bien les hice fotos en 2011, cuando recién empezaba, me gustaría retratarlos ahora, teniendo en cuenta que mi trabajo ha mejorado notablemente.

¿Qué proyectos tienes a la vista para el próximo año?

Pues ya estoy planificando mi gira de festivales para 2017. Mi intención es ganar experiencia en festivales de Estados Unidos y abrir ese mercado. Sin lugar a dudas, en los próximos años quiero aprovechar las temporadas de primavera-verano para seguir creciendo en el mercado. Por otro lado, quisiera dar mis cursos en Europa pero también en Latinoamérica.

También quisiera llevar la exposición “Highlights” a Madrid y Berlín, en principio, pero me gustaría que también se exhibiera en Londres, Nueva York y, por qué no, en países como Japón o Australia. Quiero seguir creciendo con mi trabajo de consultoría de proyectos y, en el ámbito de la fotografía, me encantaría irme de gira con una banda importante, además de sacar un libro con fotografía de conciertos.

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