Ilegales (Sala La Riviera) Madrid 26-11-16

Agridulce el triunfal regreso de Ilegales, que volvían tras haberse despedido en 2010 y lo hacían con su primer lanzamiento en 12 años, La Vida Es Fuego, un convincente trasiego por todos los caminos por los que ha transitado su música durante más de tres décadas. En un primer momento el disco fue presentado en festivales y posteriormente, el grupo realizaría varias fechas por varios puntos de la península para demostrar cómo es posible seguir en activo después de tanto tiempo, sonar mejor que nunca y mantener la capacidad de seguir creando grandes canciones. Buenos tiempos para la familia ilegal, hasta que todo se truncó aquél terrible 12 de marzo en el que Jandro fallecía inesperadamente un mes antes de arrancar su gira. Y tras “elegir entre depresión y rock and roll” se quedaron con el rock and roll recuperando a Willy, bajista de sus comienzos y decidieron cumplir con sus fans y honrar a su camarada, tal y cómo él hubiera querido.

El sábado en Madrid asistíamos a una nueva despedida en su carrera, al cierre de una etapa que no ha debido ser fácil, pero que se ha completado gracias a una solvente profesionalidad y al apoyo de sus miles de fieles que han abarrotado cada una de las salas por las que han pasado. Las próximas noticias que tendremos de ellos vendrán a principios del próximo año en forma de documental, Mi Vida Entre Las Hormigas, que aguardamos con impaciencia ¿y después? Pues esperamos que nuevas canciones, como la que da título a dicho documental y que estrenaban en La Riviera. Un tema en primera persona que aún augura grandes cosas en el futuro de la banda.

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La noche como en cada una de las citas de este tour tuvo más sorpresas, en esta ocasión nos tocaron “África paga” y “El fantasma de la autopista”, poco habituales en un repertorio que durante dos horas recogió lo más esperado de todo concierto de los asturianos que se precie. Desde los himnos “Yo soy quien espía los juegos de los niños” y “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, a las lejanas “Agotados de esperar el fin”, “Europa ha muerto”, “Hacer mucho ruido”, “Eres una puta” o “Todo lo que digáis que somos”.

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De las recientes “Voy Al Bar”, “Regresa A Irlanda” y “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao”, a la curiosa alternancia en el orden de “Enamorados de Varsovia” y “El norte está lleno de frío” o una “El Demonio” con teclados, que ganó en matices a la versión que ya conocemos. También hubo pogo y descontrol en las aceleradas y necesarias “Dextroanfetamina”, “Revuelta juvenil en Mongolia” o “Bestia, bestia” y claro, en el esperado final antes del cuál afirmaban exhaustos: “hemos venido a sudar, pero no a morir”, concluyendo con “Soy un macarra” y “Destruye”.

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Su “Canción obscena” sonaba de fondo mientras se despedían dejando a un satisfecho personal que había disfrutado de dos horas de sonido impecable, dirigido marcialmente por nuestro calvo favorito y su stratocaster. Al fin y al cabo, la cosa salió bien, ¡no te jode!

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