Road Ramos: ¿Qué sueñan los perros?

No sé qué soñarán los perros. Lo que sí sé es que Road Ramos tiene talento. Un talento pulido a base de esfuerzo que ha hecho posible la publicación de su segundo disco, cuyo título formula esta misma pregunta.

Rocío lleva desde los 16 años en la música, pero no fue hasta 2014 cuando vio la luz su primer trabajo, El desmontaje del productor, en el que se debió de desarmar a sí misma, ya fue la encargada de la producción musical y la ejecutiva. Sí, además de componer, tocar la guitarra con un dominio absoluto y cantar, produce. Algunos álbumes con los que ha trabajado son Lo mal que estoy y lo poco que me quejo de El Kanka o Flores entre el acero de Muerdo.

Este disco, que también ha producido ella y se ha cocinado en una casa en medio de un bosque de Ortigueira durante el verano del 2016, ha obtenido financiación a través de un crowdfunding en el que participaron casi 300 mecenas. El LP es arriesgado, y en él se experimenta con la electrónica, pero sin llegar a abandonar la esencia del primer trabajo. Este abre con “Efecto halo”, una crítica al arte de prejuzgar y a la sociedad patriarcal en la que vivimos, donde se denuncia la imposición de roles. “El dí­a que quieras” es una oda al amor propio en toda regla. Rocío nos advierte: “Si esperas a que alguien venga, te puedo asegurar que el tiempo no será la ví­a que esperas”. El tercer corte es “Ni bien ni regular”, un tema muy rítmico, que se ha convertido en el primer single, y que tiene un videoclip muy potente, cuya dirección ha corrido a cargo de la misma Rocí­o y de Daniel Ortega. Lo que os comentábamos: sus facetas no conocen lí­mite. En “Sin almendros” hay folk y rock, y en ella deja claro que “no es una chica normal”; un ser ordinario no podrí­a hacer una canción de esta magnitud. “Gorda” es otro brindis para querernos a nosotros mismos, un cóctel de autoestima, aceptación y el empujón que a veces nos hace falta, pero sin el estilo Paulo Coelho, por suerte. “La fama del hambre” y su riff pegadizo tienen algo magnético que nos introducen en un bucle del que es difí­cil salir. El séptimo tema es “Revolución”, una ácida crí­tica a la nueva generación de escritores surgida en redes sociales, donde todo el mundo es poeta por el simple hecho de escribir frases románticas y darle mucho al Intro. Road lo dice sin anestesi­a: “Qué bien me caes, pero tu libro es una mierda“. Acto seguido echa a volar “La Cometa”, y desde las alturas se vierten versos tan certeros como “quererte es como andar en vertical“. En “Cuando te echen” hay indignación aguda, y en lo musical recuerda un poco a “El submarino”, canción del anterior disco. El broche de oro lo pone “La triste belleza de la verdad”, todo un revés de realidad hermosa.

Road Ramos rompe con los tópicos manidos y derriba estereotipos con su voz robusta pero llena de sutilezas, riffs rockeros tocados con una Alhambra acústica, o melodías elegantes, que salen de una Stratocaster bien distorsionada. Tiene la virtud y la valentí­a de estar siempre en el lí­mite, pero nunca llega sobrepasarlo: es lo suficientemente incorrecta como para llegar a sorprender y no ser complaciente, pero tiene el suficiente buen gusto como para no resultar soez; habla del amor y emociona, pero se aleja de la idea de amor entendido como posesión y toxicidad; sus letras son rotundas y devastadoras, pero sugerentes a la vez; es vehemente, pero destila paz; abofetea con sus crudas letras, pero estas se sienten como caricias. Y esto no es sencillo.

 

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