The New Basement Tapes – Lost on the River (Capitol Studios)

Para hablar de este disco se hace necesario cierto trabajo de arqueología musical previo. Publicado a finales del pasado año, el proyecto de The New Basement Tapes tiene, sin embargo, una raíz honda en el siglo pasado. Este mal llamado supergrupo reclutado por el prestigioso músico T Bone Burnett se remonta a la segunda mitad de los años 60, cuando Bob Dylan se retiró a una casa en el bosque de Woodstock para grabar con The Band lo que al final sería The Basement Tapes y un largo etcétera de canciones más o menos oficiales.

Lost on the River son 20 composiciones manuscritas por Dylan y orquestadas por T Bone Burnett y un grupo de músicos formado por Elvis Costello, Jim James (My Morning Jacket), Taylor Goldsmith (Dawes), Marcus Mumford (Mumford & Sons) y Rhiannon Giddens (Carolina Chocolate Drops). Descubiertas más de 40 años después de que Dylan las escribiera de su propio puño y letra, la colección de canciones toma cuerpo en este disco con cierto espíritu vintage, pero sin olvidar que, salvo Costello, la mayoría de los músicos explotaron en un siglo diferente. La mano de T Bone Burnett a la hora de producir el disco, pero también en el momento de elegir a los músicos del grupo, se hace evidente en la cara americana y folk del proyecto.

Si bien como disco Lost on the River termina por naufragar por exceso de equipaje, la realidad es que entre las dos decenas de composiciones hay momentos de brillantez innegable. La elección de Burnett, que acompañó a Dylan en la Rolling Thunder Revue de los 70, marca de manera irremediable el éxito de un disco cuyos condicionantes lo dirigen siempre hacia la senda correcta; resultaría complicado que un disco en el que se ven envueltos Burnett, Elvis Costello, Jim James y el mismo Bob Dylan acabara por resultar mediocre.

Concebido como el producto coyuntural de un descubrimiento fantástico, The New Basement Tapes y Lost on the River lo tiene todo para sobrevivir al paso del tiempo más allá de la anécdota, gracias a su condición diferencial. El disco no se consume tanto como tal; se convierte desde el primer momento en un obsequio raro para los seguidores de Dylan y una colección de buenas canciones para los demás. Incluso Marcus Mumford abandona por un momento la matriz Mumford & Sons y confecciona muy buenas canciones, especialmente junto Taylor Goldsmith (“Kansas City”, “When I get my hands on you”); el cantante y guitarrista parece el más inspirado del disco, reverdeciendo aún recientes laureles lamentablemente olvidados en los últimos tiempos de Dawes (“Liberty Street”, “Florida key”, “Card shark”).

Si a esto se le añade el oficio de Elvis Costello (“Golden Tom – Silver Judas”, “Six months in Kansas City (Liberty Street)”, “Married to my hack”) y Jim James, con curriculum en discos Dylanianos (tremendo en la inicial “Down on the bottom” “Nothing to it” o “Quick like a flash”), el balance es inevitablemente positivo; también es muy valiosa la aportación de Rhiannon Giddens, sobre todo en las canciones más old time y americana, como en la tribal “Spanish Mary” o “Duncan and Jimmy”. Al final, las 20 canciones de Lost on the River parten de Dylan pero, gracias en gran medida a T Bone Burnett y la experiencia de los músicos de The New Basement Tapes, acaban por integrarse en un todo completamente independiente y con entidad propia.

 

 

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