Discos

Ana Béjar – Sahara Star (Discos Belamarh)

Ana Béjar no es ninguna recién llegada al mundo de la música, aunque Sahara Star sea solo su tercer disco en solitario. Su autora lleva ya varias décadas componiendo, publicando y formando parte de bandas como Orlando o Usura, además de colaborando con muchos otros artistas. Es sin embargo en sus álbumes a su propio nombre, como The Good Man (Luscinia Discos, 2016) o Everything I Say (Madrugada Records, 2019), pese a ser este último un disco de versiones, donde nos encontramos con el tarro de sus esencias abierto de par en par y esparciendo sus particulares efluvios a los cuatro vientos. Del frasco escapan canciones que, incluso las que no son propias, huyen de modas y no buscan sonar comerciales sino que, al contrario, pugnan por distinguirse entre la uniformidad sonora vigente y oficial.

Ana Béjar es inquieta, investigadora, adicta a la experimentación y refractaria a explotar lugares comunes. En Sahara Star lo vuelve a demostrar, y cada vez lo hace con más solvencia. Si en alguna reseña la comparan con Enya, que ahora parece que vuelve a ponerse de moda, no hagan mucho caso. Si hay toques de New Age en la música de Ana Béjar están muy en el fondo, y no son ni de cerca lo más importante de sus canciones. Lo de Ana va más en la línea de otros francotiradores similares a ella como Nick Cave, PJ Harvey, Vic Chesnutt (a quien vuelve a homenajear con su versión de “Everything I say”, aquí acortada a “Everything”), nuestra Ainara LeGardon o incluso el también patrio Javier Colís, habitual compañero de sello. Si hay alguna concesión a sonidos más amables, busquen sus referencias entre los discos de Cocteau Twins, Mazzy Star, Portishead o Dead Can Dance.

Si Tarantino llegara a echar una ojeada a estas canciones, apuesto a que incluiría alguna de ellas en una de sus películas ambientadas en el Oeste más decadente y extraño, aunque en una hipotética nueva entrega de Twin Peaks tampoco quedarían mal. Canciones como “I first came blind” tienen un pie y medio enfangado en ese country-folk noir que allá practican gente como Jesse Sykes. Combinados de oscuridad y luz que crean ambientes casi fantasmagóricos, sobrecogedores en el buen sentido, donde la voz de Ana ejerce de contadora de historias pero también de creadora de texturas junto a los maravillosos coros y dobles voces que se escuchan de fondo. Los ritmos tampoco son obvios, como se detecta inmediatamente en el tema titular con esa especie de latido irregular de fondo que viene a combinar kraut rock con folk nocturno y hechizante. La repetición, la insistencia en ciertos motivos, es una de las características de este puñado de subyugantes canciones; un recurso que, no obstante, se manifiesta de distintas formas en cada una de ellas. Puede ser una línea de bajo, un coro, un zumbido de cuerdas, una guitarra, un ritmo, o puede ser la forma particular de cantar de Ana, que como hemos comentado gusta de usar su voz también como fuente de creatividad. Eso no quita importancia a las letras: Ana puede hablar de amor, relaciones y sentimientos sin caer en tópicos y de diversas formas, todas ellas sugerentes y originales. Canciones como “Exile” o “And yet it’s not night” destacan en ese sentido. El conjunto de sonidos, letras y voces resulta toda una aventura a ratos hipnótica, desafiante, siempre sugestiva. Es curioso que el único tema en castellano tenga un título en alemán, “Himmel und Erde” (algo así como ‘en el aire’). También es el tema en que se puede apreciar mejor esa llamativa lírica de su autora.

La música de Ana Béjar, de alguna extraña manera, parece ligada a la música norteamericana de raíces. Siempre desde un punto de vista propio, en el que no parecen tener cabida banjos ni armónicas ni violines alegres (alguna mandolina y lap steel sí que parecen sonar, pero no en primer plano). Las raíces pueden estar claras, pero el frondoso bosque que crece de ellas se bifurca en caminos insospechados que pueden incluso cruzar el Atlántico y mimetizarse con las arboledas celtas. Un aparente intento de deconstrucción del folk y el country en unos cantes de ida y vuelta que me hacen pensar que los rituales druidas, si hubiesen surgido en el polvoriento desierto del sur de los Estados Unidos, podrían sonar como Sahara Star.

Puedes escuchar Sahara Star, lo nuevo de Ana Béjar, en su página de Bandcamp o en Spotify.

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