Anni B Sweet + Pájaro Jack – Sala Matisse (Valencia)

Que sí, que Anni B Sweet canta muy bien. Eso ya lo sabemos. Lo bueno es que ahora, además, tiene canciones. Tampoco es que antes no las tuviera, no me malinterpretéis. Pero ahora que empieza a quitarse de encima las etiquetas que con tanta insistencia le habíamos puesto, ahora que parece haber iniciado su propia revolución bolchevique, ésto ya es otra cosa. Y parece que le haya costado, pero en realidad el viernes estaba presentando su segundo disco.
Antes aparecieron Pájaro Jack y desplegaron un set más folk que las montañas de Wyoming; las camisas de cuadros y las barbas fueron tendencia en Valencia durante un rato. Sin bajista ni batería, los granadinos dieron muestras de tener cosas que decir. Con versión de Simon & Garfunkel (“Cecilia”) incluida, el eventual trío andaluz esparció las semillas de un folk-pop diferente, como de Fleet Foxes con sangre en las venas, y el himno scout “Anikuni” se convirtió en una secuoya legendaria, con su pertinente jefe cherokee. Mucho ojito.
Anni B Sweet venía con banda, tal y como lo exige el guión de su último disco, pero abrió y cerró el concierto sola. Primero con “Locked in verses”, eléctrica en mano, y luego con “Shiny days”; ambas, pruebas irrefutables en cualquier juicio sobre el cambio operado en la malagueña en apenas dos años. Un cambio que, tomándome la licencia de emplear algo tan manido como un hit de Julio Iglesias, se asemeja bastante a aquello que cantaba el otrora portero del Real Madrid: de niña a mujer.
Tras la oscura “Locked in verses” apareció el resto de la banda (con Manuel Cabezalí entre ellos), y empezaron a caer las mejores canciones de Oh, Monsters!, su segundo disco. Recreadas con milimétrica precisión por una banda más que solvente, se sucedieron una detrás de otra: “Hole in my room”, “The Closer”, “At home”, “Missing a stranger”, “Ridiculous games 2060” y “Getting older”. Todas fueron vivas pruebas de datación por radiocarbono que evidenciaron la madurez de Anni B Sweet; la más evidente fueron los estertores terminales de “Getting older”, con la cantante gritando “we’re getting older”.
Entre los temas de Oh, Monsters! deslizó alguna concesión como “Motorway”, “Oh I oh oh I” y su excelente aunque trillada versión del pelotazo de a-ha, “Take on me” (a petición del público), para acabar con la citada “Shiny days”.
Plateada, con la guitarra muy arriba, a lo Cash, y con una interpretación llena de muecas, Ana López consiguió lo que pocos consiguen en Valencia: el silencio. La revolución bolchevique es lo que tiene, que da respeto.

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