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Arlo Parks – Collapsed In Sunbeams (Transgressive Records / [PIAS])

Podemos decir sin temor a equivocarnos que el debut discográfico en formato largo de la británica Arlo Parks es uno de los más anticipados de lo que llevamos de siglo. Esto es así debido al ascenso meteórico, obrado tanto en medios como ante el público, de una mujer que con tan sólo 20 años ha logrado sintonizar a la perfección con los anhelos de gran parte de las personas, tanto de su edad como de otras. Poetisa, compositora e intérprete de voz y estilo personal, con sólo dos EP a sus espaldas y pocas presentaciones en directo que la avalen, el suyo es sin duda uno de los lanzamientos del año que empieza a despertar.

Algo tendrá lo suyo, por tanto, cuando con un recorrido tan corto, que no poco intenso, logra generar unas expectativas tan gigantes. Un caramelo envenenado, por otro lado, que históricamente ha sido moneda de curso legal en el Reino Unido, donde la prensa tiene por costumbre encumbrar desmedidamente artistas noveles a los que anuncia como the next big thing sin tener casi motivos en que basarse, para luego hundirlos en el fango a la primera de cambio, siempre según su conveniencia. Y más ahora, que ante la crisis del país la gente anda necesitada de nuevos héroes pop servidos de manera rápida y fácilmente consumible para olvidar la montaña de problemas que acecha tras la puerta de casa. La presión a que tiene que haberse visto sometida esta joven artista para confeccionar su ópera prima ha tenido que ser igual de gigante que esas expectativas, por tanto.

No obstante, era difícil que errara el tiro, puesto que tras sus dos EP de presentación había ido lanzando durante el pasado año single tras single en redes, con millones de escuchas en streaming, que forman parte de este trabajo aparecido en este especialmente complejo mes de enero de 2021 bajo un título tan esperanzador como Collapsed In Sunbeams (“colapsada en rayos de sol”) y que ya apuntaban claramente hacia una obra a la altura de lo que todo el mundo imaginaba a tenor de su cada vez más creciente atención mediática.

Así pues, el disco, que se perfila según su autora como una especie de obra conceptual con una serie de viñetas que retratan su adolescencia y a la gente que la habitó, no viene completamente de nuevas, de hecho, justo la mitad de su contenido (6 de 12) ya había sido anticipado. Poco riesgo, pues, para un disco que podría conformarse para triunfar por todo lo alto aportando un simple y complaciente relleno a todo lo ya sabido, pero que no, no se queda en absoluto ahí. Para empezar, entre sus novedades está todo un as guardado en la manga, un “Too good” con vocación indudable de ser uno de los singles del año, si alguna vez se lanza como tal, pero es que todo lo demás -”Just go”, “For Violet”, “Portra 400”- funciona con la misma precisión. Es increíble.

Con unos planteamientos musicales encuadrables en lo que se conoce como neo-soul (o, como mucho mejor expresó el compañero José Megía el otro día en redes “soul-pop sedoso, con voz dulce y seductora, y unas bases tenues y bastante sutiles”), lo que verdaderamente llama la atención de esta autora, si uno se para a escucharlas, son sus letras. Arlo Parks es tan poetisa como música y ha sabido convertir eso en toda un arma secreta que usa para conectar, haciendo gala de puntería casi infalible, con su tiempo. Al igual que pasa con Kate Tempest, pero de una forma más afable y cantada, la de Hammersmith conoce la forma de dar cabida en sus canciones, partiendo de sus experiencias, a toda una serie de sentimientos y aspiraciones que necesitan ser compartidos y escuchados, porque son o pueden ser los de todas y todos. Ella los sabe canalizar a través de imágenes potentes y directas ( “Lamería el dolor de tus labios, te pintas los ojos como Robert Smith. A veces parece que no sobrevivirás a esto y, honestamente, es aterrador”, dice en la portentosa “Black dog”), haciendo gala de una imaginería y una manera sencilla y no agresiva de decir las cosas que es realmente apabullante.

Y si hablamos de expectativas, de estar en boca de todos, uno también se siente confuso por dicha causa a la hora de dar una opinión acerca de un disco tan esperado. Es como si hubiera que posicionarse sesuda y agresivamente de una manera u otra, como si de un campo de batalla se tratara. Últimamente pasa con más y más nuevos trabajos de nombres que -legendarios o no- levantan pasiones en redes sociales y demás escaparates sociológicos. Ésta, por supuesto, no es una excepción a dicha regla. Supongo que diga lo que diga, tendrá fuertes detractores a la par que entusiastas aplausos por parte de los que ya sabían que esto les gustaría incluso meses antes de aparecer.

Solución: me importa un pimiento. Voy a lo que siento. Y lo que siento es que tras todo un fin de semana escuchándolo este disco forma ya parte de mi. Dirán que no es manera seria de afrontar una reseña en una web como esta, pero tampoco, en mi opinión, es este un disco que pueda escucharse sin una implicación directa por parte del oyente. En él su autora se nos abre como un libro y nos habla directamente al oído. Todas y cada una de las canciones tienen algo que decirnos, van directas al estómago. Y son magníficas. De manera tanto individual (la mayoría, excepto quizá el spoken word inicial, podría funcionar como sencillo), como colectiva. Es un conjunto tan potente, expresivo, significativo y plenamente disfrutable que sí, podemos decir que en nuestra opinión, esta mujer de tan sólo 20 años ha cosechado su primer triunfo en formato largo. Y por todo lo alto.

Escucha Arlo Parks – Collapsed In Sunbeams

 

 

 

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