Autechre – Draft 7.30 (Warp Records)

Pues ya tenemos aquí uno de las fuertes apuestas de Warp para este comienzo de año (junto con los dobles álbumes de remezclas de Plaid y Aphex Twin y el inminente lanzamiento del nuevo trabajo de Prefuse-73).

Sin comerlo ni beberlo el nuevo trabajo del dúo maravillas mancuniano, una (sino la que más) de las formaciones mas innovadoras, influyentes, creativas y revolucionarias de la música contemporánea y que, sin ningún género de dudas, ha entrado a formar parte de la historia, (lógicamente en la sección de los grupos malditos), se sitúa como otro pico más dentro de su ya dilatada carrera.
A muchos de vosotros os extrañará esta afirmación sobre su malditismo. Pero, si bien Autechre nunca se han visto privados de un (merecido) prestigio por parte de la crítica especializada (o no), siempre han sido considerados la facción autista de un género musical que les pertenece, por derecho propio, tanto como a otros pilares básicos mas fotogénicos como puede ser el caso de un Aphex Twin ( sin restarle ningún valor por supuesto).

El enorme mérito que ostentan reside en el hecho de haber patentado una fórmula perfecta (Incunnabula (93)),o la reinstauración de un lenguaje propio de la tecnología , crear la melodía de la máquinas, música puramente E-L-E-C-T-R-O-N-I-C-A , para, a continuación autoinmolarse y reventar su propuesta mediante exquisitas demostraciones de melodía, turbulencia melódica, turbulencia sin melodía o directamente tormentas sónicas.
Amber (94) no quiso seguir una senda que a buen seguro les hubiese reportado mucha más fortuna y trazó una dirección diferente, aunque sin cerrar la puerta a la dulzura melancólica, y delimitando un campo del que tirarían (y siguen tirando) multitud de grupos.
A partir de ahí, el firmamento , la deconstrucción de su propuesta y el siempre presente romanticismo oculto y esquivo, los sentimientos humanos mas íntimos desgajados y filtrados a través del lenguaje digital mas precioso y asimétrico que uno recuerde.

Tri-repetae (95) inicio el camino que luego continuarían en el tortuoso Chiastic Slide (97), que a la larga jugaría el mismo papel que el reciente Confield (01), y que culminaría su andadura en el redondo LP5 (98), disco que supuso, además, el cierre de una metodología que, de haberse prolongado, habría comenzado a dar síntomas de agotamiento y que marcó un segundo punto de inflexión al que nuevamente se agarraron docenas de grupos que no han sabido evolucionar sus propuestas.
Analizada fríamente, la música de Autechre, como muchas de sus estructuras compositivas, funciona por ciclos, es un modus operandi creativo bastante más cercano al concepto y evolución de otras disciplinas artísticas alejadas de la música popular. Se patenta una formula, se pervierte (deconstruye), se barroquiza y se reinventa.
Sus últimos pasos, los que han alejado rematadamente al dúo del público (ya no del grande, sino del underground) y que les han granjeado las primeras criticas por parte de los ambientes mas puristas han sido su EP7 (99), mucho más abstracto y rítmicamente mudo, y por ello un Ep (en realidad tiene la duración de un álbum normal) mucho más difícil, que se encuentra a medio camino entre lo que fue el final de un ciclo, el de LP5, (el de las melodías ocultas bajo la maraña digital y las construcciones sonoras cíclicas que rotaban sobre si mismas), para dar un paso más y caminar hacia el siguiente estadio, el del puro tratamiento de capas y texturas.

A pesar de que este cambio sonoro, (y en mi opinión conceptual), que se desarrolla en su ultimo largo Confield (01), y que no estuvo demasiado bien visto, una vez escuchado este Draft 7.30, uno se da cuenta de que, lejos del agotamiento de fórmulas o del autoaburrimiento que se les achacaba, los pasos estaban perfectamente calculados.
Posiblemente más seguros que nunca de su posición en la música contemporánea, y sin las servidumbres necesarias de un primer LP (¿acaso alguien se traga que detrás de la luminosidad, concreción y perfección cristalina de Incunnabula no hay toneladas de trabajo previo?), con Confield, sin duda el trabajo más difícil, obtuso, oscuro y antifigurativo del grupo, se estaba buscando el más allá del sonido, y lo que en ese EP7 eran tímidos pasos, se concretaba en allí para ahora aplicarlo con todas sus consecuencias en este Draft 7.30.

Que se puede uno esperar pues de este trabajo.
Pues si no me he explicado demasiado mal la aplicación de los nuevos conceptos y patrones sonoros en los que han estado trabajando Autechre estos últimos dos años a su canon de “canción” de la ultima etapa. Es decir, hay un avance importante y un cambio en los temas que siguen un desarrollo menos cíclico ,las canciones ya no se retuercen sobre si mismas funcionando como gigantescos loops.
Digamos que solidifica la concreción del sonido de Confield aplicada a un esquema que avanza y no se conforma en circulo, lo que hace que la sensación sea más etérea (sí, dicha dicción oscura , romántica y gótica ha sido la única invariable que Autechre han mantenido, y siguen manteniendo a lo largo de los años) , paisajística y abstracta.

El barroquismo y la complicación siguen ahí, pero tras unas cuantas escuchas (que ningún primerizo en el acercamiento a la música del grupo espere facilidades, no las hay) y una vez espantado el miedo escénico se convierte en un álbum “bastante” más accesible de lo que a priori podría parecer, con estructuras rítmicas mucho más reconocibles, melodías mutantes (claro) más definidas y donde ese trabajo sobre las texturas del que hablaba cobra protagonismo cual manto homogeneizante del conjunto.

No debería entenderse el desarrollo de Draft 7.30 como una sucesión de temas inconexos o independientes, (tal y como sucedía en LP5) sino como un continuum, tanto conceptual como auditivo perfectamente llevado a su terreno y soliviantando el principal lastre de su anterior propuesta en la que adolecían de no saber cuando terminar las canciones (lógico por otra parte al trabajar con ambientes y no con estructuras tan claras).

El solo arranque de “Xylin Room”, deberia dejar claro a cualquier desaprensivo al que que Confield le haya apartado del camino de Autechre (no es mi caso) que debería replanteárselo seriamente, nadie, en su sano juicio podrá caracterizar a esto de ruido (que bonita palabra) o de inaccesible .
Un tema duro y sobre todo percusivo que engancha para, a continuación ,desenganchar y recuperar la melodía al final dando la pauta de lo que se cuece aquí.
Temas que concretizan y refuerzan los tiempos entre maquinaria puntiaguda (“IV VV IV VV VVIII”), que transforman y pervierten lo que en un comienzo pudo llegar a ser funk (“6ie.CR”) con asomos de arreglos de cuerdas, un drill que me recuerdan a los primeros experimentos ambientales de Skinny Puppy o los nunca reconocidos (en España, claro, para algo bueno que teníamos) Esplendor Geométrico y que remata con una bonita melodía acolchada sobre una base cuasi analógica.

Con predominio de la artillería industrial y distanciándose varios kilómetros de las perversiones melódicas que de su propuesta han llevado a cabo toda la primera línea de la indietrónica, o los que de la pulsión de Incunnabula han hecho un filón como es el caso del sello Morr (salvo contadísimas excepciones), es evidente que la música de los de Warp no entra fácil, (como imagino, no resulta fácil de parir), que requiere de una cierta comprensión (y predisposición) del oyente y, si me apuráis, hasta de una toma previa de contacto (aunque considero que, entendido en su complejidad, no es, ni mucho menos, el disco más difícil de los de Manchester).

Se guardan en la manga algunos de los momentos más bellos que yo recuerde en la historia reciente de la formación, cortes como “Surripere”, que remiten a los ambientes de una Blade Runner en el año 3000 o sobre todo la INCREÍBLE (pero increíble, ver para creer) “Reniform Puls”, (que tiende puentes con el pasado reciente del grupo), regalan la coartada necesaria (según ellos esto es hacer un tema al uso) para que tan bello ejercicio de estilo no se pierda en el olvido o en el onanismo y además aparecen perfectamente situadas entre el minutaje tras algunos de los momentos mas ariscos.

Una obra que para mi, ya forma parte de la mejor música del año (porque el no acomodarse, hoy por hoy no tiene precio), y supongo que, como siempre me ha pasado con Autechre, lo mejor es escucharlos, olvidarlos y aprender de ellos, porque son de los pocos que se te quedan grabados en el subconsciente para el resto de tu vida.

Confiando en que lo que busques no sea un disco que te ofrezca placer e inmediatez , si eres de los que les das varias oportunidades a los discos menos “bonitos” de tu discografía te alegrará saber que han vuelto y están aquí para quedarse, y además en mejor forma que nunca.

Dueños de un lenguaje propio, el suyo (que ya es bastante). Gigantes de verdad, a años luz.

Congratulémonos

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