Boards of Canada – The Campfire Headphase (Warp)

Sin hacer demasiado ruido –es difícil que el talento destaque en este agobiante y “desinformante” mercado de la música- vuelven “nuestros” Boards of Canada. The Campfire Headphase lo han titulado y los rótulos de las canciones, así como la pictográfica de la portada, sugieren que sí, que son ellos, que son, de nuevo, Eoin y Sandison juntos para “toda la eternidad”.

En la época en la que el techno era magia producida por dos tipos estáticos sobre un escenario, ellos fueron Merlin. Y, ahora, en la época en que la electrónica hay que tirarla a la basura, ellos sigue dando más y más argumentos para mantener la expectativa tan atenta como siempre.

En su, posiblemente, más complejo trabajo, Boards of Canada ponen en su puchero de sustancias más elementos que nunca. Como las guitarras de impresión de“Dayvan Cowboy”. O los largos viajes hacia lugares insospechados. Evitan, eso sí, las voces, que tanto revuelo causaron en Geoggaddi, cuando fueron acusados de rendir homenaje a aquel tarado de una secta religiosa de Waco. En este caso, el acusador le hizo más publicidad al susodicho, que no el propio disco. Más que un homenaje, Boards of Canada hicieron arte de vanguardia (y parodia surrealista) usando elementos inconexos para crear su lenguaje musical.

En fin, si Geoggaddi se regodeaba en el agobio –y por ende se hacía y hace pesado- éste recoge y resitúa los frutos más emotivos del primer disco del dúo. El trabajo melódico es, sin dudas, meritorio, por cuanto consiguen transmitir como nadie la complejidad de la naturaleza (humana o no humana). En Warp siempre han tenido muy desarrollada esta faceta: electrónica artificial que transmite el sabor de la madre Tierra. Y, de esto, hay hasta decir basta en este disco.

La música que hoy haría John Lennon. Un (turbador) placer a cámara lenta. Muy, muy grandes.

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