Booze & Glory + Giuda + Analogs (Sala Malatesta) Santiago 28/11/19

Día lluvioso y frío en Londres, perdón, en Santiago de Compostela, para recibir a Booze & Glory: somos buenos anfitriones y queremos que se sientan como en casa. Sin embargo, precisamente el tiempo, la fecha (un jueves) y quizás el precio de las entradas hicieron que la Malatesta no estuviese ni a la mitad de su aforo. Eso, unido a una puntualidad británica inusitada para esta sala, impide que mucha gente veamos a los Analogs. Los polacos referentes del Oi! en su país abrieron la noche con un bolo de una media hora.

Y a continuación? A continuación vino lo mejor de la velada, para muchos, por mucho. Los italianos Giuda. Una banda de glam rock con una potencia sobre el escenario de las que se echan en falta en multitud de ocasiones. Voces claras, guitarras intensas… Y el baile de Ntendarere ‘Tenda’ Djodji Damas, el líder del quinteto romano, que te atrapa y te invita a moverte irremediablemente. Abrieron, como se esperaba, con el tema “Overdrive”, y no faltaron otros como “Born Under Bad Sign” y “Number 10”. Entonados en ocasiones a modo de himno, las palmas y los teclados le dan el puntito glam que adereza con gusto su rock and roll, a veces escorado al punk, pero siempre muy old school. Sonaron muy bien, dentro de lo que permite esta sala.

Luego subieron al escenario las estrellas del cartel, Booze & Glory, cuyo inmenso autobús llamaba la atención aparcado en las inmediaciones de Malatesta, en pleno campus de la capital gallega. Y lo que ocurrió fue que se cumplió el pronóstico. Lo sabíamos, poco les queda de skinheads, pero un himno es un himno. Así que pompas de jabón y el himno del West Ham sirvieron para espolearlos al arranque del concierto. El setlist, aunque en formato reducido (tocaron en total poco más de una hora), fue el que se están marcando en su frenética gira europea que les lleva a ritmo de ciudad por noche. Después de la apertura prevista, comenzaron a sucederse las canciones de su último álbum, Hurricane. La primera de ellas, de hecho, dedicada a “los hijos de puta de Vox” por su perfil marcadamente antifascista. “Carry On” y “Live It Up” empujaron al público, pero no hubo circle pit ni a pesar de que lo demandó el propio Mark, por momentos descolocado con la escasa afluencia.

“Tocamos esta y después nos vamos al País Vasco”, amenazó. Pero en lugar de jaleos reclamando más, recibió un tímido aplauso ante el que esbozó media sonrisa. Lo que ocurre con grupos como este, en el que solo sobrevive el vocalista, es que pretenden seguir explotando la fórmula más allá de la banda. El sonido se vuelve repetición sin espíritu y sobre las tablas se palpa la soledad de un líder que no parece empatizar prácticamente nada con sus nuevos compañeros. Tras algún acople de las guitarras, se despidieron con el West Ham United Till I Die, como diciendo: “al menos, chavales, siempre nos quedará el fútbol, ¿no?”

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