Día de la Música – Matadero (Madrid)

 
La edición 2012 ha sido una de las más difíciles para de El Día de la Música, ya que Heineken, el patrocinador principal, como ya hizo en el FIB, ha retirado buena parte de su apoyo y en consecuencia, el precio de las entradas ha pasado de 24 a 66 euros. Afortunadamente, el cartel, siempre diferente y arriesgado, ha merecido la pena lo suficiente para que el descenso de público no haya supuesto un problema,  y eso que es un festival que siempre juega en desventaja. Dado a su ubicación urbana, no tiene licencia para programar más allá de la 1, por lo que no hay djs, así que el público viene exclusivamente a ver conciertos, y se pierde el habitual poder de convocatoria y recaudación alcohólica que suele acompañar a la zapatilla nocturna.
Otra desventaja del horario, es que se empieza a primera hora de la tarde, así que los conciertos al are libre más tempranos suelen convertirse en competiciones para encontrar una sombra en la que cobijarse del sahariano sol madrileño. Este año por lo menos las instalaciones del Matadero han mejorado bastante y una de las barras estaba cubierta por una lona y se habían doblado las zonas de sombra y los ventiladores con agua. Otro cambio acertado ha sido pasar la jornada del domingo al viernes, un alivio para quienes aún tienen la suerte de poder madrugar los lunes.
Los conciertos por lo general han cumplido con creces las expectativas, destacando la frescura de Azealia Banks, la solvencia de Mercury Rev o la elegancia de Metronomy. Por las mañanas, la música no ha parado y los más madrugadores han podido disfrutar de la siempre interesante y loable propuesta diurna, conciertos gratuitos de bandas emergentes, Mercado de la Música, Día de la Música para niños el domingo…
Prueba superada con nota para un evento fundamental en un Madrid cada día más huérfano de buenos planes musicales.
Viernes
Pegasvs presentaron su disco en recinto cerrado, un espacio más oportuno para su música que los escenarios al aire libre, y consiguieron que, aun siendo las 6 de la tarde, bastante moderno madrileño de gafa de sol para interiores se atreviera a bailar. Curiosa la distribución de Sergio y Luciana sobre el escenario, a pesar de colocarse uno enfrente del otro, prácticamente ni se miran por no levantar la vista de los Korgs. Como ya dije con motivo del Primavera, sigo interesadísimo en escuchar “El final de la noche” a eso de las 3 AM.

A St. Vicent le tocó el escenario complejo en cuanto a sonorización, pero salió ilesa de la prueba e incluso con nota. Al programador de El Día de la Música hay que reconocerle coherencia y agradecerle alguna debilidad compartida como la de las mujeres con guitarra, carácter y canciones. Si en 2011 ese papel lo asumió Anna Calvi, este año ha sido el turno de Annie Clark y su soberbia mezcla de preciosismo y emotividad desbordante. St. Vicent repasó el aclamado Strange Mercy, jugando siempre con un delicado equilibrio entre el detalle y el clímax.

Mientras, al sol estaba nada más y nada menos que Lee Fields recién llegado del Azkena. Una de esas leyendas del soul desconocidas (al menos para buena parte del público), que ha trabajado con Kool & the Gang o Little Royal. Acompañado por una banda a la altura de su historial, The Expressions, Lee dió una lección de soul y rythm & blues con maravillas con “My World”.

Twin Shadow tenía la complicada tarea de trasladar al directo el detallismo de su discos, pop teñido de new wave de cuidadísima producción. George Lewis Jr. lo consiguió a medias porque no sonó con la brillantez que puede alcanzar su música, pero fue suficiente para reconocer bastante razón a quienes ven a un genio en este portoriqueño afincado en Williamsburg.

Azealia Banks llegaba al Día de la Música con la etiqueta de “the next big thing” de la electrónica mestiza. Comparada con M.I.A., creo que la de Harlem pierde con en el contraste. Mientras la británica destaca por la complejidad y el compromiso, Azealia exhibe únicamente sensualidad y potencia destilada a través de un techno bastante denso y una estructura clásica del hip hop (dj y ella rapeando). Divertida pero vacía. Eso sí, desde la primera canción y eso que eran las 20:00, 15.000 personas bailando sin parar.

Con los pies calientes nos fuimos a Mendetz, y aquello ya fue el acabose. Escenario cerrado, technazo y la gente dándolo todo. Me fui sin haber oído los hits, pero ni falta que hacía, allí se bailaban hasta las baladas. Por cierto, de camino estuvimos un rato en James Blake, del que huimos antes de que quedarnos dormidos.

Qué bien Tindersticks en el escenario “Auditori” (por cierto, también patrocinado por Rockdelux como en el Primavera), que sin embargo fue en mi opinión infrautilizado para el tipo de conciertos que pudimos ver durante este Día de la Música. Fue una pena que el concierto de Stuart A. Staples y los suyos se retrasara de las 19 inicialmente previstas a las 21, en pleno fervor post Azealia, pero la profundidad y el cuidado detalle de las nuevas canciones de The Something Rain, el destacable nuevo trabajo de los de Nottingham, hicieron que el cambio de ritmo mereciera la pena.

Two Door Cinema Club era el gran atractivo del día. Estupendos la verdad, si no fueran capaces de repetir la misma canción veinte veces. Idéntica guitarra, idéntico teclado saltarín, y cambios únicamente en cuanto a la velocidad, allegro, allegrissimo y allegrissimo hooligan. Con esto y poco más, emperadores, (léase Kaiser Chiefs, Maxïmo Park & CO).

De los Raveonettes tengo poco que decir. Aquello no es que sonara a lata, era lo siguiente en cuanto a envases derivados del metal. Y encima a oscuras. Gracias de parte de todos los fotógrafos al que programó las luces.
Para el final La Casa Azul, tan milimetrado como resultón. Guille Milkyway y su poperismo sin complejos con miles de fans bailando sin parar. Quien le critique no tiene argumento alguno.

Sábado
El sábado de El Día de la Música comenzó con más calor aún que el viernes, lo que deslució un poco dos buenos conciertos de Fanfarlo y Spoon. Los londinenes estuvieron muy variados, recurriendo incluso a metales para completar uno de los mejores sets que en clave pop se pudieron escuchar durante el fin de semana. Los de Texas, guitarreros y algo sucios en cuanto al sonido, trataron de animar la tarde recurriendo a sus pasajes más bailables, pero no era la mejor hora para mucho movimiento. En cualquiera de los dos casos, la mayor parte del público optó por escuchar los conciertos a la sombra y desde cierta distancia, lo que hizo que no se creara demasiado ambiente.

Mercury Rev comenzaron declarando que iban a tocar canciones nocturnas a pleno sol. El comentario no implicaba crítica alguna, pero la verdad es que si los hubieran programado más tarde, el concierto hubiera ganado enteros. Y eso que no estuvo nada mal, todo lo contrario. Jonathan Donahue y los suyos salieron enchufadísimos y bordaron el mítico Deserter´s Songs, uno de los mejores discos de finales de los 90, y ocaso de una banda que envejece con dignidad. Por cierto, Donahue salió al escenario armado de un reserva de Viña Albali. Obviando el hecho de que la bebía a morro y con todo el cariño que puede merecer un Valdepeñas, ¿no había ni un riojita en el backstage?

A Breton fuimos a verles porque Other People´s Problems ha sido una de las sorpresas del año. Pop guitarrero con un punto de experimentación electrónica, los londinenses ofrecieron una actuación plena de frescura y actitud.

Love of Lesbian eran quizás el atractivo masivo del fin de semana. Sin embargo, no consiguieron atraer ni a la mitad de la gente que el año pasado Vetusta Morla. Animados por un Santi Balmes cada día más estrella, su directo comenzó animado pero se perdió en los interminables recovecos de su reciente último trabajo. Los barceloneses competían con la selección española de fútbol, que a la misma hora juagaba contra Francia en las pantallas del escenario contiguo (una dudosa decisión de la organización, quien quiera ver el fútbol que se vaya al bar de enfrente del Matadero), y aún sí salieron airosos gracias a la fidelidad de los fans de John Boy que son capaces de perdonarles hasta un álbum doble conceptual que contiene una canción titulada “Si Tú Me Dices Ben, Yo Digo Affleck” (y luego hay quien se metía con Deluxe por aquello de “Tus Discos de Platino, me importan un pepino“). Como siempre, lo más celebrado, “Algunas Plantas”, y esa inexplicable y circense forma de interactuar con el público, ahora os sentáis, ahora os levantáis… No le demos más vueltas, la gente se divierte, se lo pasa bien, y precisamente en los tiempos que corren eso es lo importante. Pan y circo.

Con Maxïmo Park me pasa algo parecido que con Two Door Cinema Club. Me gustan pero me hartan, porque a estas alturas el post punk necesita unos años de barbecho para reinventarse. Por lo menos sirvieron de contrapunto ameno al interminable concierto de Love of Lesbian y fue entretenidísimo ver a Paul Smith saltar, bailar y gesticular. Como pueden prever, diferencias abismales entre los hits y el resto de canciones.

Para terminar unos soberbios y sofisticados Metronomy, a los que aún les faltan varios hits pero les sobra elegancia. Una manera estupenda de empezar una noche que, sin embargo terminó en coitus interruptus, por culpa de los ya suficientemente maldecidos horarios del festival.

El año que viene más, y esperemos que por fin hasta más tarde.

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