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Libro: Compopstela. Música moderna en Santiago (1954-1978) – Alfonso Espiño Louro

 

Cada vez que se edita una publicación de esta índole debemos hacer una celebración. No sólo por constatar que la música popular sigue penetrando en el ámbito académico, ya que este volumen es consecuencia de una tesis doctoral defendida por el autor en 2019 –Beat, pop y rock en Santiago de Compostela (1954-1978)-, sino porque también supone un estudio musical, complementado con aspectos culturales y sociológicos de una región, que, por extensión, se convierte en otra pieza que sumar al gran puzle del pop, el rock y otros géneros desarrollados en este país durante la segunda mitad del siglo XX.

Por otra parte, tampoco es novedad que sea un músico el que sienta la curiosidad de investigar y se encargue de narrar la crónica de los nombres y sonidos trascendentales de una época, más o menos extensa, de una ciudad. Alfonso Espiño, doctor en Historia del Arte en la especialidad de Música y colaborador en diferentes espacios periodísticos, se desenvuelve actualmente en solitario, pero ha militado en las bandas Contrastes, Mega Purple Sex Toy Kit y Los Chavales, amén de participar en los últimos años en las reuniones de algunos de esos conjuntos cuya trayectoria detalla en este Compopstela: Música Moderna en Santiago (1954-1978) (Consorcio de Santiago/Universidade de Santiago de Compostela), como son Los Sueños o Linces Pop.

El libro, de grandes dimensiones y profusamente ilustrado, en el fondo es el relato de un cambio de paradigma en la juventud de la urbe, reflejo de la de otras zonas periféricas de nuestro territorio. Una vez pasada la posguerra, con una economía precaria para la mayoría de la población y la mentalidad tradicional de los progenitores pesando como una losa, se consiguen adoptar las tendencias en boga que, con cuentagotas, llegan del exterior para crear unas propuestas con entidad propia a base de mucho ingenio. La villa del apóstol, tan marcada durante siglos por la peregrinación y la universidad, tendrá en este último agente el motor esencial para las noveles agrupaciones de música ligera. Y es que los proyectos en los inicios, ni muy duraderos ni muy estables en cuanto a sus componentes o denominación, tampoco iban sobrados de profesionalización. De hecho, el grueso de la producción se caracterizaba por ser iniciativas estudiantiles o de variedades que concurrían a festivales benéficos, en los que, como en la mayoría de la escena, las mujeres contaban con una presencia testimonial.

Así, aparecen por aquí vecinos significativos como Manolo Varela, batería de Los Diablos Negros y Los Botines de Camilo Blanes, con los que teloneó a The Kinks en Madrid en 1966. Igualmente lo hacen, entre otros, Manolo Mirás, fundador del sello Discos Mirman’s, orientado al folclore vernáculo, o José Antonio Miniño, ideólogo del equivalente a las matinales del Price madrileño trasladadas a un colegio mayor. Aparte de éstos, se desgranan las trayectorias de algunos incipientes combos de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta. Por ejemplo, el conjunto Sky, los primeros picheleiros en actuar en una recién estrenada TVE1, pioneros en el uso de la guitarra eléctrica y de considerable prestigio en su momento, siendo muy solicitados en las localidades costeras en los meses estivales con un repertorio deudor de la música melódica francesa e italiana, los ritmos latinoamericanos y del Quintette du Hot Club de France de Django Reinhardt.

No obstante, si bien tanto la información como los registros sonoros de esos decenios escasean, de los Sky se ha conservado el tema “Fiesta en el cielo”, incluido en un EP compartido de la RCA de alrededor de 1957, mientras que Los Bardos dejaron para la posteridad dos discos de igual formato en 1963 con Polydor. Sin embargo, para oír otras canciones de aquellos grupos en soporte físico ha habido que esperar al lanzamiento de varios CD en el nuevo milenio, como ha ocurrido con Casbah, el trío O’Kay o The Music Stars. Por lo demás, hay que destacar al dúo Ritmen Rock o Teddy Rock como algunos de los abanderados de las revolucionarias corrientes sonoras adoptadas ya en la década por antonomasia de la explosión pop, cuando The Shadows y los Fab Four irrumpían con fuerza en los gustos de los muchachos, asunto que Espiño también abordó en 2014 en un trabajo final de máster, Los Beatles y su influencia en el panorama pop compostelano (1963-1970). No quedaron al margen las metamorfosis en las indumentarias, en las letras y en la actitud sobre los escenarios, bien documentadas en el texto. Rompedores en este sentido serían Los Rebeldes, renombrados posteriormente Vevés y Troyers 68, o Los Buitres –no confundir con un quinteto malagueño de ese mismo periodo que llegaría a aportar miembros a Los Continentales o Los Íberos-.

En esa coyuntura, la pequeña pantalla –recordemos: dos únicos canales desde 1966- era el trampolín necesario para aumentar las opciones de notoriedad. Algo que aprovecharon The Blue Sky, buenos amigos del afamado comunicador Pepe Domingo Castaño, que alcanzaban el segundo puesto en el concurso del espacio Primer Aplauso, de 1965, similar a lo que hicieron poco después los ya citados Linces Pop. En 1970, éstos se dejaban ver en Campo Pop, programa presentado por Alfredo Amestoy, interpretando “Muchísimo amor”, versión del “Whole lotta love” de Led Zeppelin con una particular pronunciación del inglés que ellos llamaban cameloff.

Al término de su exhaustiva investigación, basada en la consulta hemerográfica, pero también en los testimonios orales, Espiño muestra otras formaciones que, con la cercanía de la transición democrática, encarnaron otras fórmulas estilísticas. Es el caso del rock progresivo, en el que se alinearon N.H.U., responsables del primer LP de este género en la ciudad, cantado en galego para más señas, o el jazz rock que practicaron Question, en el que el cantautor Emilio Cao tocaba el bajo. Asimismo, hay que resaltar la importancia del Fillo Predilecto de Santiago Bibiano Morón, que después de formar parte del supergrupo Thaker’s Fusión Combo y de apuestas más personales como Noso Tempo, grabó tres álbumes en solitario, adscritos al movimiento reivindicativo Voces Ceibes, entre 1976 y 1979. Luego, marcharía a Vigo para emprender una exitosa carrera de promotor, productor de grandes conciertos o como gerente de la mítica sala Kremlin, además de fundar Trenvigo, en el que militaban Teo Cardalda y Pablo Novoa –antes de Golpes Bajos– y Javier Martínez -más tarde en Aerolíneas Federales-.

Todo ello tras haberse esmerado en contextualizar la génesis de las formaciones y los protagonistas que desfilan por estas más de 400 páginas. De esta manera, realiza un somero repaso al estallido del rock and roll en Estados Unidos y varios países de Europa, incluido España, mientras que recuerda los diversos medios de comunicación que contribuyeron a la difusión del fenómeno -prensa, radio y televisión- en la geografía nacional y, en particular, en la comunidad autónoma. Del mismo modo, recopila los comercios del lugar que vendían aparatos, discos, revistas e instrumentos musicales o los establecimientos de ocio, como bares y cines o locales con programación de conciertos y bailes, que ayudaron a la propagación de esos ritmos que aterrizaban procedentes del extranjero. Subraya, por otro lado, la labor de instituciones como la Sociedad Compostelana de Festejos, el Sindicato Galego da Música o la tan denostada Tuna, si bien ésta resultaría fértil cantera en la que se foguearon algunos antes de pertenecer a las embrionarias bandas. Por último, el bagaje artístico de Alfonso Espiño se manifiesta en los numerosos pormenores sobre las características de guitarras, bajos, baterías o amplificadores utilizados por los músicos, así como el recuerdo de lutieres o de los precursores de la electrificación en los grupos.

Atendiendo al resultado de Compopstela: Música Moderna en Santiago (1954-1978) (Consorcio de Santiago/Universidade de Santiago de Compostela), pondremos al creador de la obra en un compromiso, porque, a este laborioso tratado de arqueología musical no estaría nada mal que le acompañara, en un tiempo prudencial, una incursión en los ochenta, tan poco analizados en Santiago de Compostela, como él mismo afirma.

Para comprar Compopstela: Música Moderna en Santiago (1954-1978), aquí está el enlace de la tienda del Servizo de Publicacións e Intercambio Científico de la USC.

 

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