Lo que pasa con Ozzy Osbourne

La semana pasada Ozzy Osbourne (recuerda sus 10 mejores canciones aquí) sorprendía al mundo con la que era su primera canción nueva en casi diez años, que se dice pronto. Titulada “Under the graveyard”, ha resultado estremecedora. Tiene gancho comercial pero sobre todo suena moderna. Suma que el batería es Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y el bajista Duff McKagan (Guns n’ Roses) y para qué queremos más. “Under the graveyard” venía precedida de la noticia de que Ozzy tenía nuevo álbum en ciernes a editarse a principios del año que viene producido por Andrew Watt, habitual de gente muy poco molona como Post Malone (con el que Ozzy acaba de colaborar), Camila Cabello, 5 Seconds of Summer y… mejor parar ahí. O no. Porque Watt también es un prodigioso guitarrista que formó parte de California Breed junto a una no-leyenda como Jason Bonham y toda-una-leyenda como Glenn Hughes para grabar un discazo que pasó sin pena ni gloria (si podéis, recuperadlo). Así, el nuevo productor de Ozzy ha resultado ser un tipo que sabe de rock y que tiene muy afinado el oído comercial. ¿Un mercenario? ¿Un vendido? ¿Un artista? Por ahora lo que sabemos es que Ozzy Osbourne se ha beneficiado mucho de trabajar con él, por lo que se puede escuchar en “Under the graveyard”. Generalmente, Ozzy no suele engañar con los singles. Siempre que lanza un adelanto indica muy bien por dónde van a ir los tiros, así que hay razones para emocionarse, aunque sea un poquito.

 

Por otro lado, a Ozzy le viene bien un buen disco, como a cualquier músico, pero es que él ha estado dando una cal y otra de arena con sus últimos trabajos. Vamos a retrotraernos hasta principios de los noventa, de hecho. No more tears (1991), un muy buen disco. Ozzmosis (1995) excelente obra de madurez. Down to earth (2001), mediocre, se salvan cuatro temas. Under cover (2005), horrible disco de versiones. Black rain (2007), muy irregular. Scream (2010), muy buen disco pero paradójicamente grabado con una de las peores bandas que ha tenido. Luego está la reunión con Black Sabbath y 13 (2013), potente pero con algún homenaje al pasado (joder, ¿no había otra manera de sacar adelante un temazo como “The loner” que emparentarlo con “NIB”? Rick Rubin, ¡hombre!).

Estaría muy bien que Ozzy Osbourne sacara un disco deslumbrante y de ahí viene la excitación, parece que podría suceder. ¿Pero qué significará esto para él además de ventas y buena prensa? ¿Se reflejará en sus conciertos? Porque Ozzy no siempre ha sido una máquina de hits. En las dos últimas décadas ha alternado giras en las que daba mucha cancha a temas nuevos con otras en las que directamente ignoraba el disco a presentar. Como actual gira de despedida No More Tours 2 ha sido interrumpida por diversos problemas de salud y estaría bien usar eso a su favor y que cuando la reemprenda encontremos en el repertorio unos pocos temas nuevos. ¿Sería mucho pedir tres? Quizá dependa de la acogida que esas canciones tengan, especialmente ahora que hay medidores preciosos como Spotify y Youtube. Es verdad que Ozzy cuenta con un número de clásicos que tiene que hacer sonar pero también es un tipo que disfruta mucho de sus actuaciones en vivo. Es jodidamente auténtico.

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